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Reediciones y rescates

Sobre Playa quemada, de Gustavo Nielsen y Cosa de Negros, de Cucurto

(Interzona Editora)

por Sebastián Hernaiz

 

 

      

 

 

 

 

 

 

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Las reediciones no son lo más común en algunas zonas de la última la literatura argentina.

 

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Acaban de ser reeditados dos excelentes libros de lo que cada tanto es rotulado como “nueva literatura” o “joven literatura”. Literatura cuya principal característica podría ser, más que lo “joven” o lo “nuevo”, que casi nunca es reeditada. Así se rotuló a Nielsen en 1994, cuando se editó por primera vez Playa quemada, su primer libro de cuentos, y así a Cucurto cuando se editó Cosa de negros, en el 2003.

 

Quizá tendría que documentarme mejor para decir -pero no importa, digámoslo igual- que la reedición de Playa quemada es la primera de una serie de reediciones de distinos libros que -haciendo futurología argumentada- durante un tiempo podría darse. Y digo esto de Playa quemada porque esta reedición difiere cualitativamente de la de Cosa de negros. Porque si éste otro libro es, sí, literalmente, una reedición -y seguramente la fajita editorial que señala “la reedición más esperada” sea uno de los argumentos más obvios-, el caso de Playa quemada reconvierte a la republicación del texto no sólo en reedición sino en rescate.

 

Suena ridículo, acaso, el rescate de un libro publicado hace recién 12 años, pero el funcionamiento del campo cultural, atravesado por distintos condicionamientos económicos, está produciendo este fenómeno.

 

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Los que fueron “jóvenes escritores” a principios de la década pasada y publicaron sus primeros libros en las llamadas “grandes editoriales” -digamos: Alfaguara, Sudamericana, Planeta, casi sin alternativas- pasaron, en su gran mayoría, pronto al olvido, teniendo que considerarse afortunados si antes de ser olvidados hicieron algún paso por las mesas de saldos y encontraron en el azar del |3 x $10| algún lector. Los libros que así se publicaron y no vendieron, son hoy en su mayoría un enigma en el que, para bien o para mal, algunos se van intentando adentrar en una necesaria revisión crítica de lo que fue la literatura de los 90. Esta revisión -que en el cine es ya todo un rótulo marketinero, y que en el campo de la poesía contemporánea viene acompañando su misma existencia desde los fundacionales artículos/manifiestos de Freidemberg (1995) y Helder-Prieto (1997)-, esta revisión, decía, se está dando en estos últimos tres o cuatro años también en el campo de la narrativa, que sigue, en varios planos, los pasos de la poesía. Seminarios varios, mesas de escritores, ciclos en el Centro Cultural España y en el Rojas, algunos libros, tesis norteamericanas, grupos de lectura, notas periodísticas y artículos en revistas especializadas se reproducen en estos últimos años. Para bien, y para mal.

 

No es el mismo el caso de las “editoriales independientes” o “pequeñas editoriales” -digamos: Beatriz Viterbo, Adriana Hidalgo, Tantalia, o algunas colecciones de Simurg, entre otras- que, reduciendo la necesidad reprodutiva del capital, armaron, durante los ´90, catálogos que constituyen hoy gran parte del mejor fondo editorial del mercado. Estas pequeñas empresas editoras -con presencia en general de editores con firma y criterios personales como Contreras, Russo o Saítta-, formando cooperativas, en algunos casos, cobrándole a autores, en otros, o cargando con los gastos de edición ellas mismas, publicaron algunos de los primeros libros de muchos de los que se perfilan hoy, ya con varios volúmenes como argumento, como parte establecida del campo literario argentino. A diferencia de las grandes editoriales que antes mencionábamos, éstas otras no tenían la marcada política de abandono del libro que a tantos lectores nos ahorra plata y no iban a saldo al poco tiempo de salidos de la vidriera de novedades de las librerías. Así, entonces, por un precio de tapa fijo, los libros se podían conseguir, si no en las cadenas concentradas de librerías, sí, al menos, contactando a las editoriales o a los propios autores, cosa que con los libros de las grandes editoriales, casi nunca.

 

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La primera vez que leí un texto de Nielsen fue a fines del 2003. El libro fue La flor azteca, de la editorial Planeta, que había aparecido, no en saldo en mesas de varias librerías de Corrientes, sino a $3 o $4 en una mesa de una librería de Corrientes. Una de un local muy grande que en el fondo tenía ofertas del tipo |10 x $7|. Debo haber gastado diez, once pesos esa vez, porque sé que compré la novela de Nielsen y no pude resistirme a ver qué había en la mesa del fondo. Ahí compré -me acuerdo-, también, Memoria falsa, de Ignacio Apolo, que había salido en el ´96, por Atlántida. Había dos ejemplares y fueron parte de la oferta |10 x $7| que llevé.

 

Ya no hay tantas ofertas así. Tan sólo la librería Lucas, de Corrientes tirando para la 9 de julio, sigue teniendo un estante de |10 x $5|. Y ahí tienen poco buen material. Ya casi no pasa. En el enrejado Parque Rivadavia, los domingos, queda apenas algún puesto de libros a $1. En la sucursal de Los Cachorros de Rojas y Yerbal, para el 2003, me acuerdo de haber comprado mucho de la colección Biblioteca del Sur de Planeta y de Narrativas argentinas de Sudamericana en la mesa de |6 x $5|. Después pasó a ser de |5 x $5|, de |4 x $5|, y pronto ya no ponían ahí nada interesante y vendían a $1,50 libros incomprables, sin siquiera oferta tentadora, nada. Hoy ya no es una librería.

 

En aquella mesa del 2003 de |10 x $7| había dos ejemplares de Memoria falsa, venía contando. Uno estaba medio sucio, como con polvo entre las páginas, el otro, aunque no en lo mejor de sí, tenía un estado más que respetable; los dos con ese aire a libro usado, pero no leído. Memoria falsa es una novela que hace ingresar a sus páginas memoria de la dictadura en clave de una lengua joven para la que la épica militante de los 70 es un relato escuchado de bocas ajenas. Una novela sobre la dictadura marcada por la mirada de una nueva generación, fundacional en la línea que luego continúan Terranova y, en cine, Albertina Carri con Los Rubios.

 

Un año después lo conocí a Apolo en un ciclo de charlas. Me dijo que no tenía más ejemplares de Memoria falsa: no podía creer que yo tuviera dos. Igual, no me duró mucho. Al tiempo, para un cumpleaños, le regalé el más presentable a un amigo. Tal vez debería habérselo hecho llegar a Apolo, quién sabe.

 

Del de Nielsen compré sólo un ejemplar. Lo leí y al tiempo se lo presté a una amiga que no lo conseguía en librerías. Claro, era imposible comprarlo ya. Todavía tengo que pedirle que me lo devuelva.

 

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El libro de Cucurto que reedita Interzona, digo, es, literalmente, una reedición. Fue comentario a voces cuando salió, tanto en revistas especializadas como en suplementos de diarios recibió elogiosas críticas. Hasta Diego Cousido, el Macedonio de esta revista, como gusta llamarlo Hernán Sassi, y el propio Sassi, supieron ver, en aquel entonces, uno de los hechos literarios del año en el libro. Con el tiempo, se agotó la edición de 1.500 ejemplares con la que la editorial Interzona se había lanzado al mercado. Y aunque también está publicado en una página en internet, el libro sigue teniendo una demanda activa y la reedición -como, insistimos, explicita la fajita que lo acompaña- se hace por esperada. Es decir: existe aún una demanda para el libro y la editorial reedita para satisfacerla. El de Cucurto es un buen libro de uno de los mejores poetas que esa cosa indefinible que es la poesía de los 90. Y aparte, el libro que marca el despegue final de la figura cucurto (1) que acompaña a sus libros, incluyendo la parodia a sí misma. Cucurto es su propia marca personal y funciona solidariamente con la circulación de sus libros, cargados de una escritura desbocada y feliz. Se entiende, entonces, la reedición.

 

El libro de Nielsen que ahora reedita Interzona, digo, no es, literalmente, una reedición, sino más bien un rescate. Porque si bien puede responder a la demanda de un público seguidor de Nielsen que, por ejemplo, luego de leer el excelente Marvin, quiere y no puede acceder a aquellos primeros cuentos, si bien eso puede existir, el libro de Nielsen aparece más bien como una relectura imprescindible que las editoriales están empezando a hacer de lo producido en la década pasada.

 

Quizá el antecedente directo sea la reedición -adjunta a un nuevo libro- de Zelarrayán, del propio Cucurto, en la misma Interzona. Libro central en alguna posible organización de la poesía de los ´90, el rescate de Zelarrayán venía sostenido por un doblete facilitador: lo que se editaba era un libro nuevo con un bonus track, por un lado, y Zelarrayán, además de inconseguible, ya era un libro mítico en el canon poético como pocos de la narrativa de los ´90 pueden serlo. Tal vez Las islas, de Gamerro, aunque conseguible hasta hace poco, pueda tener ese aura del boca a boca que sostiene la republicación de Zelarrayán. Tal vez El traductor, de Benesdra, si no fuera conseguible todavía por unos largos $30, podría también entrar en esa categoría mítica. Pero El traductor sigue consiguiéndose por Editorial De la Flor y está en las cadenas de librerías. Las islas hasta hace poco se conseguía en alguna librería o contactando a Simurg o al propio autor, y en un futuro cercano, igualmente, Norma, que publicó La aventura de los bustos de Eva y El secreto y las voces -ambas de la serie que inaugura Las islas- va a reeditarla. Habría que pensar si esta reedición del libro de Gamerro no es efectivamente también un rescate.

 

El que seguro es un rescate es el de Nielsen, que por sus historias amorosamente perversas, sus personajes silenciosos frente al mar y sus cosmogonías sin fin, de arquitecturas enigmáticas y abismales que perturban la existencia de mundos donde conseguir algo digno es imposible, merecía ser puesto nuevamente en circulación en estos días en que “los ´90” requieren de una reflexión más sutil que el progre rechazo que liga uno a uno a los 90 con “el innombrable”.

 

 

Sebastián Hernaiz

 

 

Notas

 

(1) Esa figura que se construye desde el premio en Diario de Poesía, la censura en Rosario, la puesta en acción de Eloísa Cartonera y la edición de su último libro sacándole jugo al aparato publicitario de Emecé.

 

 

 

 
el interpretador acerca del autor
 

 

               

Sebastián Hernaiz

Nació en 1981, actualmente vive en Buenos Aires.

sebsaiz@yahoo.com.ar

Publicaciones en el interpretador:

Número 1: abril 2004 - Nenas muertas (poesía)

Número 2: mayo 2004 - La cosa del caso (artículo acerca de La cosa Blumberg)

Número 2: mayo 2004 - Noticias (poesía)

Número 2: mayo 2004 - T.E.G (Tácticas y Estrategias alrededor de Guantánamo (ensayo acerca de El verdadero cuento del Tío Sam de Ezequiel Martínez Estrada y Siné)

Número 3: junio 2004 - Perros (narrativa)

Número 4: julio 2004 - 26 de junio (aguafuertes)

Número 5: agosto 2004 - Noche en la catedral (aguafuertes)

Número 5: agosto 2004 - Bar (narrativa)

Número 6: septiembre 2004 - Sobre el sinsabor de una escena del IV Congreso de teoría y crítica literaria de Rosario (aguafuertes)

Número 6: septiembre 2004 - Diseño exclusivo (narrativa)

Número 7: octubre 2004 - Propiamente, un crimen (Narrativa)

Número 9: diciembre 2004 - 19 de diciembre (narrativa)

Número 10: enero 2005 - Callejeros (artículo)

Número 10: enero 2005 - Arbolitos de Navidad (aguafuertes)

Número 11: febrero 2005 - Didáctica, General (aguafuertes)

Número 11: febrero 2005 - Sexo explícito (poesía)

Número 11: febrero 2005 - Porteros anarquistas (narrativa)

Número 12: marzo - de tan Buenos Aires (poesía)

Número 13: abril 2005 - Manifiesta (poesía)

Número 13: abril 2005 - Proyect (aguafuertes)

Número 14: mayo 2005 - Ad hoc abortare (poesía)

Número 14: mayo 2005 - Lo dado (o de qué mierda se la da Vicente Muleiro) (artículo)

Número 14: mayo 2005 - Vallejo en Puán (aguafuertes)

Número 14: mayo 2005 - De Viñas a Croce (artículo)

Número 15: junio 2005 - Coger o escribir (narrativa)

Número 15: junio 2005 - A partir de la carta de del Barco -política, muerte y carencia (artículo)

Número 16: julio 2005 - Ñ me da por las pelotas (artículo)

Número 17: agosto 2005 - Carlos Battilana, El lado ciego, Editorial Siesta, 2005 (reseña)

Número 17: agosto 2005 - Más gallinas degolladas (narrativa)

Número 18: septiembre 2005 - Acerca de Rabia (Interzona, 2005) de Sergio Bizzio (reseña)

Número 19: octubre 2005 - La casita (narrativa)

Número 21: diciembre 2005 - Hijo de yuta (aguafuertes)

Número 21: diciembre 2005 - Opciones del amor - Sobre "36 movimientos hasta", de Andi Nachón (reseñas)

Número 22: enero 2006 - Sobre Felicidades también (18 poetas) (reseñas)

Número 24: marzo 2006 - Notas sobre Los Rubios - Rupturas, límites y continuidades (ensayos/artículos)

Número 25: abril 2006 - Sobre el 24 (aguafuertes)

Número 25: abril 2006 - Sobre El pornógrafo de Juan Terranova (reseñas)

Número 26: mayo 2006 - La violenta hospitalidad Sobre Los mares de la luna (Editorial Sudamericana, 2006) de Luis Sagasti. (reseñas)

Número 27: junio 2006 - Tres poemas (poesía)

Número 28: septiembre 2006 - Ómnibus: Entre lo micro y lo colectivo - Sobre Ómnibus de Elvio Gandolfo (libros)

Número 29: diciembre 2006 - Sobre lo nuevo: a cinco años del 19 y 20 de diciembre (ensayos/artículos)

Número 29: diciembre 2006 - Entre una chica Para Ti, Majul y Bertolucci - Sobre El cuerpo de las chicas, de María Inés Krimer (libros)

Número 29: diciembre 2006 - Reediciones y rescates - Sobre Playa quemada, de Gustavo Nielsen y Cosa de Negros de Cucurto (libros)

   
   
   
   
   
 
 
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Imágenes de ilustración:

Margen inferior: Joel-Peter Witkin, Poussin-en-el-infierno (detalle).