III
Estoy
en el barrio antiguo. Paso a buscar a mi hermano menor y a su novia.
Caminamos unas cuadras y le tocamos el timbre a mi hermana. Cuando baja,
abraza a mi hermano menor y le da muchos besos. Tomamos un colectivo
y llegamos a lo de mi madre. Somos puntuales. Mi madre preparó
una comida para festejar el cumpleaños de mi hermano menor. Nuestro
otro hermano, el que se va a casar, todavía no llegó.
En la cocina mi madre me dice, Martín, hoy no quiero peleas,
por favor, quiero que festejemos el cumpleaños y el casamiento…Tu
hermano (se refiere al que todavía no llegó y se va a
casar) sigue ofendido porque aún no lo felicitaste, El que está
ofendido soy yo, no lo felicité porque aún no llamó
para avisarme que se casa (segundos de silencio) Ay, Martín,
estos malos entendidos lo único que generan son distancias en
la familia, Bueno Madre, está bien, ¿dónde hay
un vino?
Para
mi madre el tema culinario es importante. Recordar que para mi suegra
también lo era. No puedo parar de comer los fiambres y quesos
que hay. Tomo bastante vino. Cuando llega mi mujer estoy un poco picado.
Ella me estudia con la mirada. Cuando llega mi hermano (el que todavía
no había llegado y se va a casar) y su novia, estoy más
picado aún. Nos saludamos de pie, con un apretón de manos.
Nos sentamos y sigo con los fiambres.
La
carne a la cacerola está muy rica y el vino también. Cuando
hablo se me traba un poco la lengua, pero nada grave. Comentamos algunas
películas y unos libros. Al rato, levanto la copa, todos me miran
y se callan. Mi madre pone cara de preocupación. Quería
proponer un brindis por el casamiento de los chicos. Estamos todos muy
contentos…Seguro que la fiesta va a ser divertida y, a pesar
de algún malentendido por el aviso indirecto que hicieron,
la vamos a pasar muy bien. A mi hermano y a su novia la cara se les
pone como un tomate. Ahhhh, y también brindemos por el cumpleaños
del chiquilín. A mi hermano menor tampoco le gustan los festejos.
Mi madre respira hondo y sonríe.
Terminamos
de comer, mi mujer y yo nos despedimos y tomamos un colectivo. Durante
el viaje miro por la ventana. Hay cartoneros empujando carros con ruedas
de bicicleta y una familia durmiendo en el estacionamiento de un banco
extranjero. También veo a un pelado que llamó a una grúa
para que le cambie la rueda pinchada de su auto. Me imagino que ese
pelado debe encerrarse en el baño con las revistas que lee su
mujer, las que traen fotos de la modelo-rubia de sonrisa vacía
y falsa. No alcanzo a deprimirme.
En casa, mi mujer prepara un té. Nos gusta tomar de la misma
taza. El vino me puso un poco querendón. Antes de ir a la cama,
mi mujer me dice, Estuviste bien en la comida, Gracias, ya sé,
y empezamos a darnos un beso.
3/8/04
El
otro día pasó mi madre por casa. Preparé café.
Me gustaría tener una mini-máquina de café express.
Mirá, es la cadena y la cruz de tu bautismo, la encontré
en un cajón de casa, ¿Para qué la quiero? (Cara
de desconcierto) Bueno, está bien, me la quedo, muchas gracias.
Cuando
trabajaba en la corporación tomaba el subte todos los días.
Ahora prefiero la bici. De todos modos hoy no es hora pico y voy en
subte parado al lado de la puerta. La mayoría de los pasajeros
va en los asientos acolchados. Son dos filas largas y enfrentadas. Pienso
que si se apretaran un poco, cabrían más personas sentadas.
Una vieja gorda debió pensar algo parecido, porque se para enfrente
de un flaquito y le dice, Permisoooo, Permisoooooo. Antes de que el
flaquito se pueda correr, la vieja descarga su humanidad y quedan apretujados.
Es cómico ver la cara del flaquito. Al rato aparece una chica
con una lata en la mano, la va moviendo y suenan monedas. Tiene las
cejas un poco arqueadas, con forma de techo a dos aguas. Usa zapatillas
último modelo. Un metro atrás, viene otro ser. El ser
tiene la cabeza y la cara quemadas. La gente lo mira y después
cambia la expresión. El ser no tiene pelo, supongo que no le
crece. Cuando pasa, veo que en realidad tiene una trenza larga tipo
samurai. Me alegra que no se le haya quemado ese pedazo ínfimo
de cabeza de donde le cuelga la trenza tipo samurai. El ser es una chica.
Me
bajo en la estación que queda cerca de los tribunales. Camino
una cuadra y me topo con una caravana de manifestantes. Son miles y
van agitando palos de madera. Algunos tienen las caras tapadas con pañuelos.
Por un segundo me acuerdo del Llanero Solitario. Después de dudar
un poco, cruzo la calle que están bloqueando, tratando de no
mirar a ninguno a los ojos. Llego a donde están los negocios
de compra-venta de oro. Hay un par de cuadras repletas de locales. También
dan un poco de miedo. Durante el viaje había decidido que mi
precio mínimo de venta sería de treinta pesos. Me meto
en el primer local. Buen día, vengo a tasar una cadena. El tipo
la agarra, la mira con esa lupa de joyero que aparece en las películas,
la pesa con un aparto del tamaño de una calculadora y me pregunta,
¿Ya fuiste a algún otro local?, No, respondo, Bueno, entonces
me tengo que batir a mi mismo JAJAJÁ (se autofesteja), vale doscientos
sesenta pesos, pero si alguien te ofrece más, yo te lo mejoro,
Gracias, voy a dar una vuelta. En el segundo local, se repite algo parecido,
$250. En el tercero, IDEM, $290. En el cuarto, me atiende una señora.
Hay dos empleados vestidos de traje. La señora los maltrata.
Mira mi cadena con la lupa, la pesa, etc., Vale doscientos cincuenta
y siete con cincuenta, Gracias pero tengo ofertas mejores, ¿De
cuánto?, De dos noventa, Eso no puede ser, es un trucho, te va
a decir que tiene que probar si es oro, le va a tirar ácido,
y todo para bajarte el precio, yo acá te pago lo que te dije
sin pruebas, Bueno, muchas gracias, hasta luego. Vuelvo al tercer local
y el tipo intenta hacer las pruebitas. Le pido que me devuelva la cadena.
Ahora estoy con la señora que maltrata a los empleados, uno me
mira con cara pícara, es gay, y cerramos la transacción.
A
la noche como con mi mujer. Vendí la cadena de mi bautismo, tomá
esta plata, compráte ropa o lo que quieras, ¿Qué?,
me voy hacer un vestido bla bla bla bla bla bla
Reflexiones
del día:
A veces, el sistema capitalista funciona.
A veces, muy pocas, Dios es útil.
5/8/04
Como
ya les comenté, mi mujer realiza múltiples actividades.
Mi mujer es psicoanalista y va a unas reuniones llamadas grupos
de estudio donde tardan un año en leer un libro de Lacan.
Atiende en dos consultorios diferentes, uno queda en la provincia y
el otro es el living de nuestra casa. Además es bailarina de
danza contemporánea. Toma clases con tres maestras diferentes.
Hace poco bailó. Cuando baila la veo más linda. También
es profesora de yoga. Tiene algunos alumnos pero ella prefiere el psicoanálisis
y la danza.
Mi
mujer es increíble. A ella no le interesan las noticias de actualidad.
Hace poco descubrí que no sabía el nombre del ministro
de economía. Le gustan los regalos-sorpresa, en especial los
relacionados con la industria textil. No maneja, a pesar de haber hecho
un curso con esos autos doble-comando. Es muy responsable y le gusta
tener todo programado y organizado. Insistió para que compráramos
una computadora y nunca la usa. Dice que su problema es que no domina
el mousy. Mi mujer fue la única que entendió
que abandonara la corporación para tomarme un año y medio
sabático. Come poca carne. Creo que durante su vida debe haber
ingerido cerca de una ton. (tonelada) de milanesas de soja. Dice que
es fanática de las películas de terror, le pido que nombre
las dos que más le gustaron, y nunca responde. En general consigue
todo lo que se propone. Cuando nos reímos, es divertido. A ella
también le da por llorar. No le gusta que llegue tarde a casa
y últimamente habla de casamientos.
Mi
mujer es increíble. Hace poco me dijo entre risas que le gustaría
tener un poco más de protagonismo en mis escritos. Para ella
son estas líneas.
6/8/04
©Martín
Llambí