El
recurso infiel no tiene garantía de uso ni de éxito. No
viene en un paquete cerrado al vacío y por consecuencia no puede
ser abierto sólo en casos de emergencia. El recurso infiel no
puede devolverse si viene fallado, ni viene acompañado con un
recibo que verifica que es sólo tuyo. El recurso infiel no es
innato a la naturaleza ni femenina ni masculina sino que se trata más
bien de un recurso de especie original, estilo único de cada
uno de los individuos que deseen utilizarlo.
En
el Kama Sutra, Vatsyayana, enumera varias razones aceptables para el
adulterio, habilitado solamente en circunstancias especiales y no justificado
por el mero deseo carnal.
Ej:
“Uniendome a esta mujer mataré a su marido y de esta forma
obtendré sus vastas riquezas, que codicio”.
Sin
embargo admite que un hombre puede recurrir a la mujer de otro “a
fin de salvar su propia vida, cuando percibe que su amor por ella va
aumentando gradualmente de intensidad”. Estos grados de intensidad
son diez y se reconocen por los siguientes síntomas:
1-
Amor de los ojos
2- Afecto espiritual
3- Reflexión constante
4- Falta de sueño
5- Adelgazamiento del cuerpo
6- Hastío de toda clase de diversiones
7- Pérdida de pudor
8- Demencia
9- Desfallecimiento
10- Muerte
Esto
es bastante confuso ya que no especifica en qué “grado”
hay que encontrarse para poder legalmente asaltar el lecho ajeno bajo
la mirada buena de V. Y nos lleva a pensar ridiculeses tales como que
cuando una amiga sufre “adelgazamiento del cuerpo” es síntoma
de que está por meterse en la cama con nuestra pareja o que la
demencia puede ser curada prestandole, al que la padece, a nuestra bella
esposa por un cuarto de hora.
Hoy
en día, lejos de estas afirmaciones ancestrales, el inconciente
colectivo se hace preguntas:
¿Será
el infiel juzgado más duramente si la prenda descubierta en la
guantera de su auto es una bombacha roja cola less y no un culot color
piel de proporciones aceptables?
¿Nos
sentiremos peor si el hombre con quien nos engañó nuestra
novia es entrenador físico, físico molecular, o astronauta
de la NASA, y no Juan, el que arregla el cable?
¿Perdonaremos
más facilmente a nuestra pareja si ésta nos fue infiel
bajo los efecto de estimualntes ingeridos sin su consentimiento? (“Mi
amor te juro que durante la despedida de soltero de Tony un desconocido
volcó una pastilla de extasis muy potente en mi vaso de agua”)
¿Será
más apta para el perdón una mujer que fue infiel por razones
meramente hormonales? (“Luego de ser inyectada varias veces con
hormonas para la fertilidad Lucy sintió un fuego sexual que la
desgarraba, y como su marido estaba lejos, en viaje de negocios, ella
lo hizo con el portero”.)
Fuera
de la idea de “Pacto” que circula entre algunas parejas
jovenes y maduras, y que no se regodea en el “ kiss and tell”
sino en el “Corazón que no ve…” decenas de
lemas cubren de “prototipo“ el tema de la infidelidad, otorgándole
un carácter de saber popular:
-
Sé infiel y no mires con quien.
- Perro que ladra no muerde.
- A caballo regalado no se le miran los dientes.
- Lo que no se dice, mejor se hace.
- Si es a más de mil kilómetros no cuenta.
- Lo que se hizo en la gira, queda en la gira.
- No le hagas al otro lo que no querés que te hagan a vos.
- Si es con más de uno, es como si fuera con ninguno.
- Culo veo culo quiero.
- El que se quema con leche, cuando ve una vaca llora.
- El que se acuesta con niños amanece mojado.
Y el famoso y muy utilizado: Calavera no chilla.
Esta claro que la infidelidad no se detiene en el mero hecho del acto
sexual, sino que no para hasta tratar de llenar de sentido varios sinsentidos,
garantizándonos la supervivencia del entrañable bar porteño,
que seguramente fue construido por un grupo de amigos que no tenía
dónde hablar de este tema.
Tatiana
Goransky