Al
igual que "Los Titiriteros del Pene" que llevan su
sexo al límite enseñándonos todo lo que se puede
hacer sin una erección, se dice que en la India las jóvenes
son entrenadas en introducir un huevo de jade de 3 centímetros
de diámetro en el canal vaginal para reconocerlo y tonificarlo.
Empujándolo de manera conciente lograrán atravesar el
punto G (¡ya obsoleto ante los ojos del Tantra!) y llegarán,
en el mejor de los casos, a Valhalla, a la tierra prometida, al increíble
y alfabéticamente anterior punto D. El punto que todo lo puede,
el arbitro futbolero del enlace físico y espiritual de los amantes.
Este punto, que goza de tan poca publicidad, es ni más ni menos
que el gatillo del famoso "Orgasmo Cósmico", aquél
al que solo se puede arribar si seguimos rigurosamente una lista de
preceptos que no intentaré anotar aquí ya que solo conseguiría
hacerme llamar mística a mis espaldas. De cualquier manera este
tema de los puntos trae consigo recuerdos ineludibles: Desde la mas
tierna infancia fuimos habituados en el colegio a frases tales como
"Lea y analice el punto A", "Desarrolle el punto B",
"Preste especial atención al punto C", etc, etc. Parece
inevitable entonces que a esto le siga un eventual "El punto G
te quedó desprolijo" o "Tenés incompleto el
punto D". Y me pregunto que pasaría si en efecto esto fuese
verdad, ¿Y si uno tiene incompleto el punto D? ¿Y si no
es posible corregirlo y queda así toda la vida? ¿Se podrá
alcanzar el orgasmo cósmico con un punto D que no está
bien organizado?
Cuestiones
de éste calibre son las que pueden mantener a cualquiera despierto
toda la noche, ya que nadie, absolutamente nadie podrá vivir
tranquilo teniendo la certeza de que se está salteando un punto.
Entonces, para evitar este mal trago, téngase en cuenta lo siguiente:
El punto D (de delta) está situado en la entrada del cuello uterino,
luce radiante en traje de noche y gusta de practicar equitación
y darse largos baños de bidet. A diferencia del punto G (aquel
tejido rugoso demodé) que solo produce placer genital, a Delta
se le puede sacar a cenar bajo la luz de la luna y hablarle al oído
sin temor. Ya que en lugar de codiciarlo solo por su potencial sexual,
Delta le mirará con cariño y se concentrará en
arribar junto con usted a un: latido expansivo suave, que producirá
un estado extático de pérdida de limites por medio de
una frecuencia ondulatoria prolongada, que le llevará a comprender
las leyes del movimiento universal de la vida... Este tipo de "resultado"
vendrá acompañado por larga sonrisa y gula indiscriminada
y le valdrá el reconocimiento audible de toda la comunidad y
la palmadita en la espalda de varios compañeros de trabajo. Eso
sí, una vez experimentado el O.C será difícil volver
a conformarse con un simple intercambio de fluidos, aunque también
habrá descubierto que se necesita gran dedicación para
alcanzar tan magnífica proeza...
Pero
vístase de traje con moñito y no tema. Ya que a diferencia
de las mujeres de la India y sus preciosos huevos de jade, las jóvenes
de occidente son entrenadas para introducir un pequeño apósito
con tirita azul que tiende a desflorarse en media arena haciéndose
visible ante los ojos poco entrenados de púberes en trajes de
baño. Este pequeño elemento "contenedor" roba
a la hembra de sus fluidos mientras el macho corretea alegremente (en
danza alocada) formando círculos consecutivos alrededor de la
"señorita" sin reparar en el papel que él mismo
está jugando en el ritual de futuro apareamiento. Está
claro entonces que en Occidente la cita con D puede posponerse sin castigo,
aunque se recomienda intensamente que le peguen una buena visita de
vez en cuando; para no perder su simpatía y tenerla cautivada
al sentirse listos para intentar el Orgasmo Cósmico.
Volvamos
entonces a "Los Titiriteros del Pene" que noche tras noche
se presentan en un territorio diferente del mundo. Desnudos y bajo luces
completamente blancas los muchachos amplificarán sus genitales
en una pantalla, ya que todo es filmado para que el espectador se sienta
lo más cercano posible al protagonista de la noche. En esas condiciones
y luego de un mini precalentamiento del prepucio y los testículos
(para evitar malos movimientos) estos dos profesionales enseñarán
didácticamente como convertir un simple pene en:
A)
Un reloj de pulsera
B)
Una hamburguesa
C)
Un caracol,
D)
Un windsurfer
o
en E) El mismísimo monstruo del lago Ness (¡Nessy para
los amigos!).
Concluyendo
que mediante instrucciones poco complicadas cualquiera en su casa puede
ser un buen titiritero.
Parece
evidente entonces que a diferencia del genital femenino que solo puede
pensarse en puntos abstractos tales como el G y el D, el miembro masculino
goza de un mejor marketing, ya que se presenta con la potencialidad
de convertirse en todos los muñequitos de la "Cajita felíz"...
O al menos esta será nuestra conclusión hasta que aparezcan
"Las Titiriteras..." convenciéndonos de lo contrario.
©
Tatiana
Goransky