¿Qué
pasaría en nuestra cultura occidental si en lugar de la imagen
clásica de la mujer en posición fetal, con bolsa de agua
caliente entre sus piernas y murmurando palabras de dolor e insultos
al universo, estuviéramos acostumbrados a ver a las mujeres agasajadas
hasta el exceso durante los días que dura su menstruación?
Grandes fiestas y millones de “qué linda que estás”
rodearían a las hembras del mundo mientras éstas salen
de compras justo en “esos alegres días”,
recibiendo comentarios del estilo de “qué bonitos y cálidamente
hinchados que están tus pechos hoy” o “me encantaría
acariciar tu cara que se puso más redonda y roja y está
francamente preciosa”. Cientos de “noto que estás
un poco más hambrienta de lo normal y me encantaría poder
prepararte otra porción de esto que tanto te gustó, querida”
recorrerían las calles de nuestra ciudad y cada tanto tendríamos,
tal vez, el honor de escuchar dulces serenatas interpretadas bajo las
ventanas de las protagonistas....
“Dulce mujer marina
Tu es rouge et je suis perdu”
Según la película argentina “Je suis rouge”
que documenta y ficcionaliza la relación entre las mujeres y
su menstruación, al mayor porcentaje de las entrevistadas, todas
entre los 18 y 30 años, nunca le han practicado sexo oral durante
su período. Y aunque en un principio la mayoría de ellas
acusa a los hombres de negarse a hacerlo, finalmente se comprueba que
casi ninguna de ellas se lo permitiría; ya sea por vergüenza,
por el asco que les provocaría ver a su compañero con
la boca manchada (“boca de payasito”), por el olor submarino
que a ellas mismas les disgusta, o simplemente porque ellas jamás
lo harían de estar en esa misma posición.
Resultados
como estos nos obligan a preguntarnos ¿cuán rojas están
las mujeres cuando están rojas y cuán rojos están
los hombres cuando las mujeres están rojas?
Es
incuestionable que numerosos miembros del género masculino se
niegan a sumergirse en el sexo de sus compañeras cuando éstas
están “indispuestas”. Sin embargo, existe también
un porcentaje que lo hace sin titubear, convencido de que el proceso
natural en cuestión no tiene por qué despertarles sensaciones
extravagantes. Pero eso sí, no hay nada como un poco de duda
para alejar el deseo de la habitación. Para ser un auténtico
profesional en el arte del sexo oral hay que regirse por una premisa
esencial e inquebrantable:
“Después
de que hayas empezado, no importa si estás aburrido, agotado,
mareado, nauseabundo, acalambrado, dolorido por tu reciente extracción
molar, resacoso, preocupado porque tu familia está por llegar
para el asado de los domingos o simplemente arrepentido, nunca, bajo
ninguna circunstancia... lo demuestres”. Y aquí, en
esta ilustre frase, radica todo el secreto: llevar el emprendimiento
hasta sus últimas consecuencias, cueste lo que cueste, sin que
se note el esfuerzo, por nulo, pequeño o gigantesco que éste
sea. Esta regla no varía dependiendo de los ciclos femeninos
y se aplica a hombres y mujeres por igual, lo que la convierte en una
regla reguladora, tiránica, básica e inapelable.
Pero
retomando la pregunta inicial, ¿qué pasaría si
la mujer menstruante fuera venerada? ¿Se la desearía más?
¿Sería, tal vez, en ese caso, un honor practicarle a la
visitada un cunnilingus? Imaginemos que sí. Que la mujer
sangrante es un ser cotizado. Que todos la llaman para salir justo en
ese momento del mes, que los hombres (transportando diminutos calendarios
marcados con crucecitas rojas en los bolsillos de sus pantalones) preguntan
obsesivamente a sus novias y amigas sus fechas para no perderse de llevarlas
a la cama los días 28. Que hay peleas entre amigos para ver quién
usa el único cuarto del departamento cuando sus dos mujeres están
en “esos maravillosos días”, que en lugar
de las flores es común llevar a las citas un paquete de toallitas
perfumadas o una cajita de tampones (previa consulta a la mujer por
su tamaño preferido), que el mayor de los honores es llamarse
Andrés... ¿Sería justo, entonces, decir que su
sangre sabe y huele diferente? ¿Que ni a hombres ni a mujeres
les preocupa verdaderamente el “payasito”? ¿Que,
por festejada, la sangriza se convierte en el mayor condimento sexual
para la pareja del siglo XXI?
Tal
vez lo ideal sería ponerlo a prueba: este mes, el día
25, espero tarjetas de felicitación...
©Tatiana
Goransky
2005