La
novela del señor Best Seller
¿El
libro que busca no figura en la lista de los más vendidos de
las últimas semanas? No es un clásico? Entonces, olvídelo:
ya no pertenece a este mundo.
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Supongamos
que a usted no le interesa comprar los libros que aparecen en la lista
de best-sellers, ni los libros que consagraron los suplementos
culturales durante los últimos meses. Supongamos que usted no
está buscando la novela de alguna celebridad, ni un clásico
como El Quijote, del que podría encontrar fácilmente veinte
ediciones que lo han puesto de moda como si no fuera un libro difícil
de leer hoy, enigmático y extraño a los gustos contemporáneos.
Supongamos que usted no está buscando alguna novela policial
extranjera que vendió poco y fue a parar a las mesas de saldos
junto con novelas argentinas que sufrieron el mismo destino. Supongamos
que el libro que usted busca no terminó, después de vendidos
doscientos ejemplares, en una librería de lance. Supongamos,
por ejemplo, que usted busca una novela de un buen autor argentino,
que jamás fue best-seller ni forma con los consagrados. O un
ensayo periodístico de hace seis años, que tampoco llegó
a las listas de los más vendidos.
Si
usted se encuentra en esa situación, tiene un problema. Lo que
busca podría estar en algunas de las ferias de libros de Buenos
Aires, en Caballito o en Pacífico. Quizá también
en una feria de una ciudad grande del interior. Pero se necesita que
alguien lo haya llevado allí para venderlo o cambiarlo por otro
libro. En pocas palabras: una casualidad. Si usted busca un libro aparecido
hace tres años, está en dificultades porque las librerías
ya no conservan una pared con bibliotecas de libros que cumplieron lo
que los editores llaman su ciclo, que se inicia con el servicio de novedades
y, salvo que el libro tenga éxito, termina muy poco después.
El
libro que usted busca está muerto. Y, a diferencia de muchas
películas, que tienen una segunda vida sistemáticamente
ordenada en los video-clubs, los libros que cumplieron dos, tres o cuatro
años han desaparecido sin que ello signifique que se hayan agotado.
Con paciencia, usted puede esperar que la editorial que lo publicó
lo venda, casi al peso, a las librerías de lance. Pero no todas
las editoriales hacen esa venta póstuma, y puede suceder que
la novela buscada no exista ya para el mundo.
Los
libros aparecen y se suceden a una velocidad que hace sospechar que
llevan, como el yogur o la manteca, fecha de vencimiento en la tapa.
Y esto no pasa sólo en Argentina, sino que la Argentina empezó
a funcionar como funciona el mercado del libro en casi todo el mundo.
Algunas
pequeñas librerías pueden ser una excepción, pero
ellas son lugares de expertos y además, precisamente porque son
pequeñas, no pueden guardar todas las novelas publicadas en la
última década. A veces, cuando recomiendo un libro (digamos
El aire de Sergio Chejfec, uno de los grandes narradores argentinos),
tengo la seguridad de que me va a tocar prestarlo de modo indefectible.
Hace
algunas semanas, un aviso a toda página de un premio literario
subraya lo que cuento. La ilustración muestra a un hombre, presumiblemente
aguardando a un viajero en el hall de un aeropuerto, que sostiene un
cartelito con el nombre de la persona que ha ido a buscar. Allí
se lee: Señor Best Seller. No hay que ser experto en
publicidad para darse cuenta de que el concurso promete a su ganador
un triunfo que lo hará entrar en las listas de los más
vendidos. Parece un chiste pero, como muchos chistes, es más
sincero que gracioso. Para que el concurso tenga éxito su ganador
debe tenerlo; por lo tanto, el cartelito debe prescindir de un nombre
más descriptivo como: "Señor Nuevo Escritor"
o, simple y elegante, "Señor Escritor". Best Seller
es el único nombre que promete a un libro cierta presencia, por
el tiempo de lo que dure en las listas de más vendidos y, a veces,
mucho más (pero eso depende del libro, no de la venta únicamente).
En el peor de los casos, el futuro Señor Best Seller tiene aseguradas
algunas semanas de gloria en las librerías.
Por
lo tanto, si tiene ganas de leer y no quiere volverse loco, vaya a lo
seguro: deje de dar vueltas sin ton ni son, compre la última
novela del Señor Best Seller.
Elsa
Kalish
bsarlo@viva.clarin.com.ar
NOTAS
(*)Las
personas o instituciones citadas en este texto, como lo que se opina
sobre ellas, debe ser entendido en el contexto de una operación
masturbatoria propia de una chica de Letras. Buscar en esta operación
–palabra que, como dice Jorge Panesi, no hay chica de Letras y
aledaños que no le guste hacer proliferar– agravios gratuitos
sería un despropósito, ya que lo único a lo que
se aspira al efectuarla es a encontrar el placer –¿o el
goce?– de hablar mal del prójimo para acabar en
el texto y sus voces.