Todo pensar filosófico. . .
es en sí mismo poético.
Martin Heidegger
(Nietzsche I)
Nosotros hacemos una
tentativa con la verdad.
Federico Nietzsche
(Así habló Zaratustra)
Puede que entonces
se hayan unido la risa y la
sabiduría, acaso sólo
entonces haya un ‘gay
saber’.
Federico Nietzsche
(El gay saber)
La
primera vez que leí acerca de la doctrina del eterno retorno
de lo mismo, no pude contener la risa.1 Reí zaratustramente.
Cuando dejé de reír lo pensé seriamente. Lo pensé
histriónicamente y me reí triste, descorazonado. Pero
ha llegado el momento de abordar el conflicto de Así habló
Zaratustra y de que nos preguntemos de una vez si ésta es
una obra poético-filosófica. Cuando nos hagamos esta pregunta,
entenderemos porque Heidegger ha pasado por alto, o ha pensado demasiado
rápido, la inspiración y la intención lírica
de Nietzsche de convertir los conceptos del Zaratustra en poesía
y de ficcionalizar la presencia misma de los límites. Esto inmediatamente,
nos hará pensar en los aforismos de Goethe: “Hay hipótesis
en las que la inteligencia y la imaginación susplantan a la idea”
(Máximas y reflexiones, 174). Esto es el eterno retorno
de lo mismo: la “suposición” (la creencia, la sospecha,
la teoría) de una cosas posible o imposible para sacar de ella
una consecuencia (un destino, una visión--una alucinación
del mundo--) de trabajo. Estamos, pues, ante el imposible de ser los
mismo.
Esa
intención exitosa y problemática del Zaratustra
está muy lejos de los diálogos platónicos. Pero
aun así, Zaratustra es uno de los grandes mito de la
cultura occidental.2 Su plectro es insólito y es lo que desconcierta
a todos sus lectores, incluyendo a los filósofos. Hay en Nietzsche
un intento, que la filosofía ha abandonado, de personificar al
Zaratustra3 (en donde la imaginación está jugando con
la idea) y que lo "descategoriza" por momentos largos y lo
torna expresivo y sensible. Zaratustra se convierte en el personaje
hiperestésico de Nietzsche. Zaratustra es, pese a lo
que piensa Heidegger, una obra de arte y una obra filosófica
simultáneamente: "Todo pensar filosófico. . .es en
sí mismo poético (Nietzsche I, 269). El trabajo
imaginativo es tal, la razón de la imagen es tal (como entendía
Artaud), que ella termina por apropiarse del trabajo de la “razón”:
la imagen-símbolo anula los conceptos. En el Zaratustra
la imagen es una totalidad no sólo de la mirada, sino de la totalidad
de los entes. Este era el anhelo poético de Nietzsche y Heidegger
lo comprendió así al refrasearlo: "Prepárate
antes una nueva lira, una nueva lira" (257). Pero esta afirmación,
como veremos luego, no es suficiente para entender la síntesis
imaginativa de Así habló Zaratustra. El mismo
Heidegger ha traído esa cita, pero no la ha podido armonizar,
o no la ha podido aclarar, en relación a la ambigüedad poético-filosófica
que Nietzsche ha tejido en torno a Zaratustra.
Hay
momentos en esta obra cuando Zaratustra, el ermitaño, habla con
los animales, que recuerdan no sólo a El coloquio de los
perros de Cervantes, sino también a las Fábulas
de Esopo. Pero lo más interesante de este deambular de Zaratustra,
es que lo hará desembocar al umbral del portal de la tercera
parte del Así habló Zaratustra. Lo más
curioso de esta epifanía, “de la visión y del enigma”,
de este caminar, es el sacudimiento religioso del pensamiento del eterno
retorno. El que ve, Zaratustra o Nietzsche, está sacudido por
el fenómeno de la visión o está sacudido por la
visión de lo alucinante-“místico”: “Dado
que la alucinación no es un contenido sensorial, no queda más
remedio que considerarla como un juicio, como una interpretación
o como una creencia” (Fenomenología de la percepción,
348).
Pero
será en este apartado del Zaratustra en donde aparecerá
la figura del enano, de la araña4 y en donde se nos revelará
también la presencia de lo sublime o el “carácter
de una revelación” (Nietzsche y el círculo vicioso,
91). Lo alto y lo bajo, lo que sube y lo que baja, irrumpen simultánemente
ante los ojos oscuros de Zaratustra. Zaratustra sueña, Zaratustra
ve. El enano, superficial o no, frívolo o no, es una figura teatral,
plástica, que Nietzsche utiliza poéticamente para el "diálogo"
sobre el eterno retorno. Este "diálogo", este cuento,
nos hará pensar también en los cuentos medievales de don
Juan Manuel: El conde Lucanor. ¿No se basaban algunos
de aquellos Exemplos de don Juan Manuel en las Fábulas de
Esopo? ¿No es ese enano de la última parte del Así
habló Zaratustra un Patronio negativo que no es consultado
sino interrogado violenta y despectivamente por Zaratustra?
Hay, pues, una actitud creativa diferente entre el planteamiento filosófico
que Nietzsche hace en La gaya ciencia, en Más allá
del bien y del mal, y la postura poética que asume ante
Así habló Zaratustra. En este texto Nietzsche
sueña, piensa y siente la posibilidad poética de su idea
filosófica. No entender ésto es no entender el nudo gordiano
"teórico-poético-imaginativo" que Heidegger
explica astutamente, pero sin resolver lo poético de Así
habló Zaratustra. Zaratustra, en medio de la visión-sueño,
ve al “pastor del ser” que ha sido atacado por una serpiente-negra
que se parece a la serpiente-símbolo del eterno retorno.5 Zaratustra
trata de liberarlo de ella, pero es inútil. Lo revelado no tiene
piedad del que delira. El que delira, en la visión otorgada,
no puede separarse de lo revelado. Entonces Zaratustra le pide al pastor
que muerda a la serpiente. La visión se oscurece y Zaratustra
exclama: “¡Resolvedme, pues, el enigma que yo contemplé
entonces, interpretadme la visión del más solitario!6
. . .¿qué vi yo entonces en símbolo?” (Zaratustra,
228).
He
aquí, pues, la interpretación del Antinihilista sobre
el más solitario de los nihilistas: el “pastor del ser”
es Nietzsche.7 El eterno retorno, como la serpiente oscura del nihilismo,
lo ha mordido en la lengua (del poeta-filósofo). Nietzsche se
desdobla en la visión del sueño y grita contra sí
mismo: “¡Muerde! ¡Muerde!” (225-228). No hay
piedad. El “pastor del ser” ha mordido a la segunda serpiente.8
Para Heidegger esta segunda serpiente es el símbolo del nihilismo:
“La serpiente negra es el sombrío siempre igual del nihilismo.
. .es el nihilismo mismo” (Nietzsche I, 356). Pero anterior,
en medio y posteriormente al sueño, Zaratustra ha escuchado el
ladrido de los perros y su pensamiento ha corrido hacia atrás
(hacia la historia de la filosofía--hacia Platón, hacia
Heráclito,9 hacia Parménides--).10 Zaratustra se convierte
en el niño del recuerdo y contempla a los perros que creen en
“ladrones y en fantasmas”. El sonido de los perros es espantoso.
La infancia se abre al inconsciente11 y éste se abre al origen
de todas las cosas (de todos los entes). El pensamiento de Zaratustra
se acerca, se aleja momentáneamente del vidente a la remota infancia
de las cosas.12
En
Nietzsche los intentos poético-filosófico-imaginativos
de la nueva lyra son inseparables. La explicación de Heidegger,
ante los editores de Nietzsche, no resuelve el conflicto: "Así
habló Zaratustra de Nietzsche es poético en grado sumo,
y sin embargo no es una obra de arte13 sino 'filosófica'.14 Puesto
que toda efectiva filosofía, es decir toda gran filosofía,
es en sí misma pensante-poética" (269). No, Heidegger
no explica el aspecto dramático de Zaratustra (su parecerse
a Siddartha). Hiedegger no explica en qué estriba lo poético
de Zaratustra, sino que pasa a "negar" el proyecto
de Nietzsche (la nueva lyra--la unión de lo filosófico
y lo poético--) lo somete "unilateralmente" a la filosofía:
"no es una obra de arte". Pero este es el equívoco,
porque es una obra de arte y es al mismo tiempo una obra filosófica.
Es una obra de filosofía sostenida artísticamente y es
una obra de arte sostenida por varias ideas filosóficas: la muerte
de Dios, la voluntad de poder y el eterno retorno de lo mismo. Con esta
visión de occidente y con esta visión del ser, Nietzsch
desemboca radicalmente al escándalo de la filosofía. Ante
este escándalo Lefebvre comenta: “El aseino de Dios. .
.no es el ateo. . .El verdadero asesino de Dios ¡es el cristiano!.
. .Los cristianos han matado a Dios sin comprenderle, y viven de esta
muerte y del deseo de aniquilación. En su alma se pudre lentamente
el cadáver de Dios” (Nietzsche, 112-113).15 Esta
imagen del cadáver de Dios es tan plástica como la imagen
de las serpientes misma que Zaratustra contempla.
Heidegger,
en su intento de resolver el conflicto, termina afirmando que la obra
es exclusivamente una obra “filosófica”. Pero Heidegger
ha colocado a la filosofía del Zaratustra entre comillas.
La negación es total: lo que implica (siguiendo el subrayado
señalado arriba) que ni es obra de arte ni es obra filosófica.
Heidegger pretende resolver la situación del conflicto diciendo
que toda gran filosofía es "pensante-poética".
Pero el autor de Ser y tiempo olvida que este juicio puede
ser invertido lógicamente por nosotros. Podríamos añadir
lo siguiente a lo que Heidegger ha dicho: todo gran poema es en sí
mismo poetizante-filosófico. ¿No son estos juicios los
principios de la razón insuficiente de Heidegger? Así
como hay un juego de fuerzas (de acción y reacción) entre
el enano y Zaratustra, entre la serpiente del eterno retorno y la serpiente
del nihilismo, así también existe la misma fuerza entre
lo teórico y lo poético (sin que éste, lo poético,
padezca por analogía la figura del enano).
Sin
embargo, por ningún lado de Nietzsche I aparecerá
la explicación necesaria y urgente en donde se plantee abiertamente
lo poético del Zaratustra. Se pretende explicar lo poético
del Zaratustra con juicios que se apoyan en la filosofía
misma.16 Heidegger olvida (no es que no lo sepa) que Así
habló Zaratustra interrumpió para siempre la filosofía
tradicional. Nietzsche es, como Marx con Hegel, el invertidor de la
filosofía. Interrumpió el discurso trasnochado de las
universidades, de las tesis, de los ensayos filosóficos, de los
profesores y de los salones de clases. Porque sin esa revuelta esquiza
de lo “mismo”, el Zaratustra sería unútil
filosóficamente. Pero sin esa revuelta, sin ese asalto filosófico
contra la metafísica, el Zaratustra seguirá siendo, pese
a todo, el placer del texto que es. Placer de sí mismo, deleite
de su propia escritura. Porque toda obra maestra es el límite
de la razón y es simultáneamente el límite de la
locura. La palabra se hace límite de sí misma y el Zaratustra
busca en ella su propia poetización. El que la locura se haga
escritura la aparta drásticamente de sí misma: “Quien
piensa la alucinación, o al otro, o su propio pasado, nunca coincide
con la alucinación, con el otro, con su pasado . . .puesto que
la palabra es ya una separación. Más, no se da experiencia
sin palabra” (Fenomenología de la percepción,
350). Esto es así porque la palabra se ha hecho puente hacia
el infinito. La palabra intenta rescatar un tiempo que ya no es posible
como realidad; un tiempo sido. Un tiempo que se ha consumido a sí
mismo y que sólo yace como sombra de la eternidad en la memoria.
La palabra intenta rescatar, entonces, el tiempo roto de la nostalgia.
El doblez de ésta es sólo posible porque la palabra se
ha apartado de sí misma. La palabra se ha hecho negación
de lo que fue y afirmación de lo que es. La palabra metaforiza
el tiempo permitido y el tiempo necesario. Ella como escritura es un
asalto de la voz (y un asalto del habla). La ficción es posible
porque la locura se le parece a ella. (La locura es el cuento que un
desesperado--Tasso, Nerval, Van Gogh, Nietzsche,17 Artaud, Arzola, Matos
Paoli, Plath, Panero--se hace a sí mismo en el espejo. El espejo
es el escenario de la metáfora.) La locura es lo otro o la posibilidad
de lo otro en uno mismo. La locura acontece “siempre” como
un sueño que dice la verdad metafóricamente. ¿Hay
entonces verdad en el texto? ¡Claro que sí! Esta es la
verdad de los símbolos. Esta es la verdad del escándalo
filosófico ante la poesía. Existe entonces la verdad que
la escritura como recuerdo (como presente subversivo del pasado, o como
presente subversivo de sí mismo--como mística--), le arrebata
poéticamente a la realidad y a la memoria. No para negar el pasado,
sino para serlo nuevamente. La palabra es poéticamente todo el
ente (de la eternidad posible en el instante). A la escritura le urge
entonces amar el pasado. A la escritura le urge ser el pasado. Porque
el poeta radical no finge, ni miente, como plantea el cliché
de la epistemología y del nihilismo, sino que acecha en las verdades
terroristas del ser. El poeta de la espiral de lo semejante “aterroriza”
al hombre-cosa-de-la-demokracia, porque ha decidido no vengarse del
pasado. Porque si algo es inocente es ese pasado de lo sublime que lo
acecha. En ese intento y en ese asalto de ser verdad la escritura bordea
peligrosamente no sólo la locura (la escritura que bordea el
dolor no resuelto, el rompimiento necesario con el orden y la aparición
de la nueva subversión que el arte permite como retorno), sino
también toda su historia (entre el amor y el espanto). La escritura
no es otra cosa que el encuentro con la tragedia pospuesta, con la verdad
pospuesta que somos. La escritura es lo trágico que retorna:
“El arte trágico como la esencia trágica del mundo”
(La filosofía de Nietzsche, 20). Hay en Nietzsche, pese
a sus contradicciones, un anhelo inmensurable de ser “la”-verdad
filosófica, sino la verdad poética: “Pero mi verdad
es terrible. . .Yo soy el primero que ha descubierto la verdad”
(Ecce homo, 124).18 Pero Nietzsche no dice la verdad de ser
mentira, sino la verdad que se opone radicalmente al nihilismo: al anhelo
de nada. Al movimiento mismo que niega la libertá y que niega
la liberación. No la “verdad” de que “todo
está permitido”,19 no la verdad de fingir, sino la verdad
de enfrentarse a la brutalidad de los hechos (del platonismo, del cristianismo).
Y como dice Mascolo, aquí "lo permitido" podría
traducirse acertadamente como posibilidad.
Heidegger
no ha sido esta tragedia de la verdad de Nietzsche (la locura de Nietzsche--la
muerte de la madre--). Heidegger aunque lo “sepa”,20 no
la sospecha. Porque de haberla sido, de haberla sabido, habría
dicho que Zaratustra es un personaje (de la ficción filosófica--del
sueño filosófico de la verdad y de los símbolos
radicales de la imagen--). El “desprecio” de Nietzsche por
la "verdad-mentira" está relacionado con el desprecio
de Nietzsche por la filosofía misma.21 Ese desprecio también
está relacionado con esos perros que “creen en ladrones
y en fantasmas”, con ese niño, con ese “pastor del
ser”, que se enfrenta a la memoria de sí y a la memoria
de la historia filosófica. Ese pastor que sueña zaratustramente
y ese niño que piensa nietzscheanamente. Zaratustra es un personaje
(otro más, pero otro personaje extraordinario en la inmensidad
de la poesía) que fabuliza el mundo en su delirio poético
y que paradojiza sus propios juicios filosóficos. Anteriormente
Heidegger ha dicho que Zaratustra paraboliza sus enseñanzas,
como pensador del pensamiento más grave, y resuelve los enigmas
de la existencia humana. Pero el Zaratustra no resuelve absolutamente
nada, porque el eterno retorno no deja de ser una utopía de lo
mismo y una utopía de la nueva “religión”
esquiza. El Zaratustra no hace otra cosa que plantear a nivel
poético-filosófico las posibilidades de lo esquizo para
la totalidad del ente.
Zaratustra,
por su parte, posee una atmósfera parecida al "Infierno"
de La divina comedia en donde ambos personajes no hacen otra
cosa que recorrer el mundo: "Cuando Zaratustra tenía treinta
años abandonó su patria" (Zaratustra, 31).
Ambos, Dante y Zaratustra, deambulan.22 Dante-personaje visita el infierno
en busca de Beatriz (la belleza, el amor) y Zaratustra, el anacoreta,
abandona la montaña, recorre el mundo, lo visita (¿Zaratustra
lo está recordando?)23 para redescubrir el pensamiento más
grave. La muerte de Dios (el asesinato colectivo realizado por el hombre)
arrojó a Zaratustra a una de las visiones más poéticas
del mundo: la visión del eterno retorno de lo mismo. Esta doctrina
que Nietzsche "ve", piensa y padece filosóficamente
(que siente y piensa poéticamente) antes de la catástrofe
(1888) y que Zaratustra "epitasia" e imagina, los acerca,
como sospecha Heidegger, a una especie de "pan-teísmo".24
Zaratustra
panteizaba la muerte de Dios hacia la locura de Nietzsche o la locura
de Nietzsche panteizaba la muerte de Dios a través de Zaratustra.
El eterno retorno que Nietzsche padece y que Zaratustra halla es la
“fe” de Nietzsche es la vecindad misma de la locura de éste.
La locura como fe religiosa o la nueva fe “religiosa” como
locura. Heidegger dice: "Nietzsche no se deja encerrar ni en la
forma de una doctrina científica específica, ni en las
consideraciones filosóficas hasta entonces conocidas y usuales,
ni tampoco en la forma de una configuración puramente poética,
de todo ello parece desprenderse: sólo puede ser una 'profesión
de fe personal,' o quizás sólo una 'construcción
de la locura'" (Nietzsche I 265). Pero Klossowski por
su parte comenta: “En Nietzsche el pensamiento lúcido,
el delirio y el complot forman un todo indisoluble. . .No porque este
pensamiento implique delirio este pensamiento es ‘patológico’--sino
que, porque es altamente lúcido, adquiere el aspecto de la interpretación
delirante” (Nietzsche y el círculo vicioso, 12).
Aun así la duda prosigue presente: ¿esquizofrenizó
Nietzsche el eterno retorno de lo mismo o es que lo sagaz de este pensamiento
se ha confundido siempre con la pesadilla posible y de lo esquizo? Nietzsche,
como veremos más adelante, no dejó de dudar de este pensamiento.
El eterno retorno es el amor desesperado a la vida. Es el amor orgiástico
a la propia vida: “esta vida, tal como tú la vives y la
has vivido, tendrás que vivirla todavía otra vez y aun
innumerables veces. . .¿quieres que se repita esto otra vez y
aun innumerables veces?” (El gay saber, 344-345). Sólo
los ateos buenos aspirarían al espanto. Sólo los buenos
ambicionarían al pavor. Sólo los voluptuosos celebrarían
la “muerte de Dios” en el eterno retorno de lo mismo. Sólo
los concupiscentes celebrarían el sinsentido del ser. ¿Es
posible entonces sustituir la locura cristiana con el delirio filosófico?
Zaratustra
no encuentra a Virgilio ni a Cerbero, pero se encuentra con el enano,
con el “pastor del ser”, con los hombres que han asesinado
a Dios y no lo saben todavía. Habla proféticamente delante
de ellos que lo miran atónitos (como si Zaratustra fuera un loco
o un idiota). Pero “Dante”-personaje no apetece ser nadie,
porque ya lo es: es el poeta que anhela la belleza de Beatriz. Lo que
Dante-personaje desea es la belleza misma. Pero Beatriz-símbolo,
Beatriz-personaje, se bifurca, como Dante, entre la realidad y la ficción.
Mientras Zaratustra, por su parte, desea ser el maestro del eterno retorno
(Heidegger), Nietzsche desea ser el poeta que lo angustia en el anhelo,
porque éste lo protege de la tragedia: “¡Y cómo
soportaría yo ser hombre si el hombre no fuera también
poeta y adivinador de enigmas y el redentor del azar!” (Ecce
homo, 105). El anhelo y la contradicción se convierte entonces
en la sombra de los anunciadores del nihilismo. Zaratustra olvida que
su propia crítica ha de desembocar contra su propio “alterego”
(Nietzsche como el alterego de Zaratustra).25 El profeta persa dice:
“¿Qué los poetas mienten demasiado? --Más
también Zaratustra” [Nietzsche] “es un poeta”
(Así habló Zaratustra, 189). ¿Nietzsche
“miente”, delira y acierta en el eterno retorno de lo mismo?
Lo que sucede es que nos hallamos bajo la sombra de la contradicción
y bajo la sombra de la paradoja. Ante esta situación Nietzsche,
lector de Pascal,26 ha dicho: “Yo contradigo como nunca se ha
contradicho y, no obstante, soy lo contrario de un espíritu negante”
(La muerte de Dios, 85).27 No se puede querer ser poeta28 y
cansarse al mismo tiempo de ser poeta.29 De lo que se cansa uno es del
anhelo, de la fatiga del deseo incumplido e incompleto de llegar a ser,
o del nihilismo que irrumpe en la culebra. Pero a diferencia de Kierkegaard,
hay en Nietzsche un deseo inmenso de ser poeta30 que el pájaro
carpintero le confirma: “¿Son los poetas perversos? ‘Sí,
señor, usted es un poeta’, responde el pájaro carpintero”
(Poesía completa, 43).31 Aquí podemos levantar,
entonces, la pregunta fundamental de la poesía e interrogarnos
colectivamente: ¿cuánta poesía (cuánta realidad,
cuánto ser, cuánta nada, cuánta verdad) puede soportar
un poeta antes de cansarse de sí mismo, antes de cansarse de
su anhelo de ser poeta, antes de cansarse de su propia iluminación,
de su propio Buda o de su propia escritura subversiva? ¡Lo lúcido
también posee un fin! El 3 de enero de 1889 Nietzsche se derrumba
definitivamente abrazando el cuello de un caballo. Ese caballo simbolizaba
toda la naturaleza y todo el ser. El poeta es el creador de la vida
no nombrada filosóficamente aún por la palabra y es también
el exterminador de los valores muertos que la masa conserva y arrastra
indignamente para sí.
La
diferencia con el Dante-personaje es que éste va detrás
de la Beatriz que la ensoñación le muestra en lo deslumbrante
de las cosas, mientras Zaratustra va detrás de ese saber que
lo esquizo le muestra en la sospecha (verdacht) de todo devenir del
ser. Uno aspira a lo sensible de la idea y el otro aspira a la abstracción
de lo sensible. (¿No ha traicionado Heidegger aquí el
proyecto estético de Nietzsche?32 ¿Ese proyecto (la unión
de la filosofía y la poesía) que para Pessoa resulta inasumible?)
Dante aspira en el mito cristiano a la carne fresca de la mujer-símbolo,
al orgasmo de la mujer-alma, y el otro (Zaratustra-Nietzsche) aspira
a la contemplación de la idea, al orgasmo mismo de la mente en
la “religión” de los espantos. Pero ambos están
en búsqueda del enigma. He aquí lo que Nietzsche ha tratado
de juntar: lo inherente del ser y el absurdo de ser, lo teórico
y lo poético (la verdad del eterno retorno y la belleza del arte),
la filosofía y la poesía, como esas hermanas de la discordia
de Heidegger. Nietzsche busca el serestar pero no lo nombra. Dante,
alegorizando la idea de “Dios”, inventa la poesía
moderna, y Nietzsche, fabulizando a su personaje, intenta romper radicalmente
con la filosofía tradicional: “Pero, tú, Zaratustra,
aun amas el abismo?. . .¿Quién se arriesgaría a
ser tu huésped aquí?” (Poesía completa,
67).33 Los prolegómenos están en crisis: la prolepsis
filosófica se ha convertido en un conflicto: Platón está
bajo juicio. El que anuncia la nueva filosofía del eterno retorno
se ha transformado en verdugo de sí mismo: “¡conocedor
de ti mismo! ¡Verdugo de ti mismo!” (69).34
Pero
Heidegger está más interesado en lo filosófico
de Así habló Zaratustra que en lo poético
de ese texto inquietante. Pues, ¿no era Nietzsche en el fondo
un filósofo radical? ¿Por qué se habría
de molestar Heidegger con el poeta perturbado, extraordinario y destructor
(Zaratustra el falso, el enfermo,35 el prisionero,36 el cadáver37
--Zaratustra el mito--)38, 39 que recorre de alguna manera amplia el
Zaratustra. ¿O por qué se habría de molestar Heidegger
con lo poético de la perturbación que enturbia filosóficamente
al Nietzsche contradictorio,40 al Nietzsche “poeta” (o al
Nietzsche contaminador de Zaratustra), con lo poético que perturbaba
nietzscheanamente a la filosofía “superada”? 41,
42 Los poemas individuales de Nietzsche se oponen virulentamente al
elogio de Zaratustra que Nietzsche realiza en Ecce homo.
Heidegger,
sin malas intenciones, dejó abierta la grieta para que otros
pudiéramos abordar el Zaratustra poéticamente.
Es ante la visión, ante la epifanía del eterno retorno,
que Zaratustra-Nietzsche se sentirá inocente: "Sería
horrible que todavía creyéramos en el pecado: por el contrario,
cualquier cosa que hagamos, en una innumerable repetición, es
inocente" (Nietzsche I, 271). He aquí en donde
tenemos que detenernos bruscamente. Sospechamos que Nietzsche y Heidegger
no han pensado detenidamente esta afirmación de la inocencia.
Porque, ¿cómo es posible ser inocente ante el parricidio,
ante el incesto, ante la violación, ante la explotación
del hombre por el hombre, ante la muerte de los niños, ante el
hambre y ante la injusticia que recorre y corroe el mundo? ¿Ante
la demokracia y el nacismo, ante el Estado mismo? ¿No es esa
inocencia parte escencial de la ideología? Manfred Kerkhoff dice:
“El eterno retorno no era sólamente una experiencia vivida,
una idea, sino [que] se convirtió en ideología, en programa;
y. . .el fenómeno de ideologización. . .es testimonio
de la pérdida del evento venerado” (La muerte de Dios,
92-93). Pero Hermann Wein irá más lejos todavía
en su ensayo “Nuevo ateísmo” al generalizar el problema
de la ideología: “En vista de las doctrinas contemporáneas
de las ideologías--sea que se funden en Marx o en Heidegger,
o en Sartre, Lefebvre, Kolakowski--hablar de lo ‘espiritual’,
en la mayoría de los casos, se expone a la sospecha de ideología”
(La muerte de Dios, 137).
Como
hemos dicho anteriormente, ¿no es la muerte de Cristo, acaso,
la muerte también del Inocente? ¿No es el Crucificado
una crítica radical al hombre mismo y, finalmente, una crítica
al superhombre? ¿No precede Cristo al superhombre? ¿Cuántas
veces entonces ha de morir Cristo y cuántas veces ha de morir
Dios en la nueva “religión” del eterno retorno de
lo mismo?43 Arriesguémonos, entonces, a ser esa sospecha política,
artística y hablemos radicalmente y seamos lo espiritual contra
toda duda hasta que éste se encargue angustiosamente de dar testimonio
de sí. Wein dice: “El cristianismo es ‘la ideología
del siervo’. . .y en la cual el ‘siervo’ significa
el hombre y el ‘amo’, implícitamente, Dios”
(La muerte de Dios, 137). El cristianismo se ha convertido,
desde el catolicismo hasta el pietismo protestante, no sólo en
la negación misma de Cristo, sino en la entrega del hombre a
la inmoralidad del Estado demokrático. El cristianismo se ha
convertido en el horror contra el ecumenismo y se ha dedicado a celebrar
militarmente la muerte de Dios. La Iglesia se ha tornado anticristiana,
porque la Iglesia se ha divorciado del mundo. Pero decir que Dios es
el ‘amo’ no sólo es despolitizar la dialéctica
de Hegel, sino convertir a ésta en una trascendencia de lo que
ha perdido su conexión política con el mundo. Decir que
Dios es el "amo" es justificar el status quo del
imperialismo y el mercado en la tierra.
Sea
en el círculo del eterno retorno o en la espiral de lo semejante,
el peso de la muerte de Dios no dejará de aplastarnos.44 La relación
de la muerte de Dios con el eterno retorno de lo mismo es obvia. Pero
el escéptico se halla atrapado en esa relación o en esa
dimensión religiosa con Dios. La poesía intenta dar el
salto de la existenz. Zaratustra se arriesga hacia la unión
insoportable (del pensamiento y la poesía). El escéptico,
como el creyente-vacío de la postmodernidad, no es otro hombre
que el burgués que fomenta el cristianismo anti-lírico
y anti-ético como el genocidio del ecumenismo y de la diferencia.
El creyente-ausente y el escéptico-inmóvil son los entes
que fomentan, desde la representación demokrática, la
muerte de Dios. Si es "horrible" pensar el pecado contra el
otro45 (el silencio, el crimen, la censura--el desempleo--), más
espantoso es pensar la muerte de Dios y más terrible es el eterno
retorno de lo mismo como la “locura” general de los hombres
(del ente mismo). Heidegger dice: "Con la muerte del Dios moral
desaparece del ente lo pecaminoso y culpable, y la necesidad del ente,
tal como es, accede a su derecho" (272). Pero, ¿es que verdaderamente
ha desaparecido lo pecaminoso del hombre? ¿Ha desaparecido su
culpabilidad ante el ser y ante el prójimo? El ser huye del hombre,
porque el hombre de la racionalidad ha decidido destruirlo irracionalmente.
Jamás Heidegger, delante de su propia culpa y de su propia ideología
(HEIDEGGER ANTE LOS HORNOS DE HITLER46 y ante el “derecho”
del ente), había sido tan idealista y había sido tan cándido.
El
crimen ideológico (la sospecha, por ejemplo, contra el arte)
nunca había alcanzado esos niveles tan insospechados y tan insoportables
como los que nos rodean en la actualidad en la praxis demokrática
que nos consume. Pero Heidegger no volverá a hablar en todo Nietzsche
I del "acceso del ente a su derecho". ¿A su "derecho"
de qué?--preguntémonos de una vez. ¿A su "derecho"
de estar exento de la muerte del otro, del dolor del otro? ¿A
su "derecho" de estar inmune de su propia complicidad con
el Estado? Por su parte, el "Dios amoral", caduco, desdoblado,
no puede violar ni violentar la “libertad” del hombre por
medio del crimen establecido, ni puede violar a la libertá aunque
ésta se haya convertido en el símbolo del crimen demokrático.
La moral, digámoslo de una vez, sólo sirve a los mercenarios.47
El Estado utiliza la moral como un crimen contra los hombres que han
perido y han entregado la representación demokrática.
Quizás
por eso Nietzsche irrumpa siempre como el inmoralista por excelencia.48
Nietzsche, a pesar de llamarse a sí mismo inmoralista, era un
hombre de una moral radical en una sociedad que se descomponía
en el derrumbe de todos los valores. Nietzsche era un pensador escandalizado
(con lo real y con lo social--con la filosofía misma--). Nietzsche
era una especie de “agnóstico” (creyente del eterno
retorno) ante la inmoralidad de su época. Su “inmoralidad”
fue una reacción zaratustreana ante toda la “moral”
burguesa establecida. Pero su inmoralidad parece estar fundada, de alguna
manera, en el hegelianismo.49
Dios
se haya entonces detenido delante de su propia libertá. Esto
es así, porque Dios no puede violarse o violentarse a sí
mismo.50 Es, precisamente, en la libertá, y no en la “muerte
del Dios”, en donde se realiza violentamente el derecho del ente.51
Parece ser, he aquí la otra sospecha, que Dios se entrega entemente
en el ser. Dios se brinda entemente en la cena de Cristo. Pero, ¿por
qué nos extrañamos? ¿No posee también Zaratustra-Cristo
una “santa” cena religiosa? “El hombre no vive sólo
de pan,52 sino también de la carne de buenos corderos, y yo tengo
dos” (Así habló Zaratustra, 380).53 Nietzsche
pretende invertir los evangelios de la misma manera que ha invertido
a Platón. A diferencia de Jesús, con el que simpatiza,
los invitados de Zaratustra no serán pescadores, sino los hombres
“superiores”. Ante estos hombres superiores del nietzscheanismo,
su enemigo Pablo o Saulo de Tarso54 ha comentado astutamente: “¿Dónde
está el sabio? ¿Dónde está el escriba? ¿Dónde
está el disputador de este siglo? ¿No ha enloquecido Dios
la sabiduría del mundo?” (1era. de Corintios 1:
20).55 La “muerte de Dios” ha enloquecido moral e intelectualmente
al mundo. El ateísmo tropieza, entonces, con las sombras de sus
propios callejones.
Es
precisamente en la libertá del ser en donde se realiza la poesía
de todas las cosas. Esta, y no la muerte de Dios, es el derecho del
hombre. Zaratustra aspira a esta poesía. Porque es en lo poético
mismo en donde irrumpe el derecho de Zaratustra a poseer la visión
lírica-esquiza, lírica-lúcida del eterno retorno
que lo atormenta y lo consume. Sin ese deseo de ser poeta de Nietzsche,
éste jamás hubiera recibido la visión lírica-filosófica
de lo esquizo. Paradojemos entonces: ¡Lo deificado de Dios le
otorgó la visión a Nietzsche! Este se pre-esquiza en el
pensamiento-visión de 1881. Nietzsche apriorisa su locura y se
hace poeta en la objetividad lírica de su propio pensamiento.
Al decirlo se apropia de lo no dicho. La visión esquiza de la
serpiente, como símbolo del eterno retorno, adquiere su definición
en este momento de la confesión y en ese instante de la escritura
del Zaratustra. Pero así como se piensa-visión el eterno
retorno como "mediodía y eternidad" (de lo que no existe
todavía, o de lo que ha acontecido millones de veces), así
también se pensa la espiral como "aurora y como ocaso"
del tiempo consumido que se “repite” en el tiempo que espera
por consumirse. ¡Tragediemos entonces! No hay nueva vida si no
hay nueva tragedia. Porque es la tragedia misma del hombre la que rompe
los esquemas propagandísticos del Estado y los esquemas ideológicos
del “sujeto”-atrapado en la costumbre. Es la tragedia del
hombre la que rompe la escritura para su propia liberación.
El
pecado del hombre (los campos de concentración, los hornos--luego
las corporaciones, el mercado--) no ha respetado capitalistamente la
naturaleza ni ha respetado a la imagen del hombre en el otro. El pecado
del hombre no ha respetado la poesía de la filosofía ni
a la filosofía de la poesía. El otro, en estos paréntesis
del tiempo y la violencia (más cercano a la espiral que al eterno
reotrno) es Cristo.56 Por eso, la serpiente como imagen artística
del mundo (como imagen que se ha tomado prestada del Génesis)
y como imagen-símbolo del eterno retorno de lo mismo, es, como
dice Heidegger, "una imagen grandiosa". Lo es, porque es una
imagen que se hace síntesis de sí misma y mito moderno
que se abre al mito de la antigüedad y del judaismo. Pero, a su
vez, es una imagen plástica y poética. Una serpiente que
“habla” en medio del delirio (un águila que habla
de los hombres) reintroduce la literatura maravillosa, los cuentos folklóricos
y el sentido mismo de la infancia (del origen de las cosas) en el pensamiento
más grave. La serpiente en Nietzsche se purifica del mito heredado
del Pentateuco, pero no se purifica de sí misma. Heidegger dice:
"Una imagen grandiosa, ¡cómo puede decirse que no
es poético! Evidentemente lo es, pero sólo porque está
profundamente pensado" (Nietzsche I, 274). Pero invirtamos a Heidegger
por un momento y digámoslo de otro manera: la serpiente es una
imagen “grandiosa”, porque está profunda e inconscientemente
sentida. Es una imagen “grandiosa”, porque está profundamente
cantada y profundamente soñada. Esto que hemos planteado como
síntesis artística, es parte de la crítica de Nietzsche
a Platón y que Heidegger, aunque lo plantee, no ha hecho otra
cosa que “desaprovecharla”. El eterno retorno es un pensamiento
grandioso, pero sólo porque está inmerso en la imagen
filosófica (sensible y plástica) de lo poético.
La filosofía ha encontrado, ¡por fin!, la poesía
que le es propia nietzscheanamente.
En
toda repetición poética-fiilosófica del eterno
retorno, es toda "instantanea" está Zeus,
está Jahvé, está Alá, está el nirvana
(el zen, el Tao--lo religioso mismo--); está el crucificado y
también están los fantasmas. En la espiral de lo semejante
(de lo análogo, de lo similar, de lo gemelo, de lo homólogo)
esa antirepetición de lo circular, ese no-saturación de
lo "mismo", esa pasión de lo útil, ese antinihilismo
del mundo, serían indetenibles. Pensemos, pues, contra el nihilismo
por la esperanza de lo otro.57 Porque a pesar de ese esfuerzo de pensar
el eterno retorno, caminamos sorpresiva, inquieta y eternamente hacia
el "déjà-vu" de Dios. En la espiral de lo semejante
caminamos hacia el “juicio” del hombre pospuesto por el
hombre mismo y hacia el olvido que arroja la nada sobre sí. El
hombre es lo incompleto del ser y de la nada. El hombre no es todo el
ser ni es toda la nada. Y al no serlo experimenta a éstos como
el ser-nada o la nada-ser de los instantes. El hombre desde la modernidad
se debate entre los límites. Pascal dice ante esta situación:
“¿Creeré yo que no soy nada? ¿Creeré
que soy Dios?” (Pensamientos, 41). Aun así, la
nada no contamina a todo el hombre, ni el ser lo salva totalmente. Porque
de hacerlo, de serlo (el ser como la “nada” del hombre--la
nada como el ser del hombre--) terminaría por arruinarlo. Terminaría
por agotarlo y arrebatarle sus propias posibilidades. La negación
de la nada no es absoluta, es sólo sombra, porque no ha hecho
y no hace otra cosa que estrellarse constantemente contra la libertá
del hombre.
No
hay alternativas. Nietzsche escapa fallidamente al nihilismo por medio
del retorno alucinante de lo mismo que Zaratustra contempla. Pero Nietzsche
ante lo insólito y ante lo sublime termina ideologizando. En
la contemplación, en la nada de todas las cosas, Dios no será
entonces una noticia frustrada de la prensa, ni el escándalo
de la lógica de los salones de clases, sino la posibilidad misma
del retorno. Porque lo "mismo" (lo idéntico, lo igual,
lo exacto) parece ser, ¡es!, un espejismo de las apariencias.
La apariencia se opone sensiblemente a la nada. Este es el escándalo:
¡nada es lo fallido de la nada en el eterno retorno de lo mismo!
¡Nada regresa! (¡El ser no es la nada! ¡El ser no
es no ser!) ¡Lo acabado, lo que se ha consumido a sí mismo,
lo que se ha hecho polvo, no puede retornar! Esta doctrina filosófica
del eterno retorno es la fe esquiza del absurdo que bordeaba desde entonces
(1881) la locura misma de Nietzsche. "Regresar" (el que todas
las cosas regresen como iguales) es tan delirante como la creencia cristiana
en la resurreción de los muertos: polvo que resucita del polvo.
“Dios” es tan delirante como la “nada” o como
el “regreso” mismo. Cuando el hombre muera, cuando el hombre
desaparezca finalmente del ente, el universo continuará siendo
en su propia plenitud. ¿Quién hablará entonces
de él? ¿Quién dirá las últimas palabras?
Si no nos damos prisa la super nova terminará por aplastarnos.
¿Quién
o qué es entonces idéntico a sí mismo? ¡Sólo
Dios! ¡Sólo la fugaz! Porque Dios es lo vertiginoso. Nietzsche
pretende que todas las cosas sean, de retorno en retorno, idénticas
a sí mismas. Que todas las cosas sean absolutas. El ser como
sustituto de Dios, como émulo de Dios o de sí mismo, es
una analogía. Pero, ¿es que el "Bing-bang" ha
sido, acaso, el retorno de nosotros mismos? ¿El huevo dorado
de la energía comprimida fue, acaso, el retorno del ser? Aunque
nada vuelva, el ser alcanza en un sólo instante (la lluvia, el
otoño, el mar, los árboles) todos los momentos de su posibilidad.
El ser, aunque se haga “nada”, "está ahí";
ser que actúa en la plenitud de su apariencia. El ser se aleja
y se acerca a sí mismo para siempre en cada ente y en cada instante.
Lo original está desde el origen cumpliéndose como paralaxi
(posición aparente de los astros en la bóveda celeste
según el observador). El que mira el ser expresa el ser. Porque
si el universo regresara para juntarse consigo mismo, para ser nuevamente
el huevo de oro (de Dios), nos aplastaría. El eterno retorno
es tan absurdo que sólo puede compararse con el "absurdo"
de Dios. ¿Quién yace dentro de quién? ¿El
eterno retorno está dentro de “Dios” o el Dios de
lo vertiginoso está dentro del eterno retorno? ¿Lo real
está en sí mismo (infinitamente)? Dios no es nada, porque
Dios es lo indefinible, Dios es lo precipitado, Dios es lo impensable.58
Pero el eterno retorno es el regreso obsesivo de las cosas. Dios y el
eterno retorno de lo mismo son anti-ideas-fenómenos-de-lo-imposible;
alucinaciones sensibles del anhelo. La angustia, la pre-locura de Nietzsche,
pretende eternizar lo que no puede ser eternizado (en el retorno de
las cosas idas y de las cosas ideales). Aun así, Nietzsche pretende
atraerse sobre sí, sobre el superhombre, el sello luminoso de
la eternidad: "¡Imprimamos en nuestra vida la imagen de la
eternidad!" (Nietzsche I, 374).
En
el principio sólo hubo plenitud de ser, pero al final, si el
retorno nos aplasta (si la espiral nos olvida), sólo habrá
plenitud de nada, saturación de silencio. Por otro lado, el eterno
retorno anula la libertá y la decisión de escoger. Escogimos
una sóla vez para siempre y el que ha escogido eternamente ha
sido cazado en su propia y única decisión repetitiva.
La repetición de escoger es el simulacro de la angustia. Es otro
vértigo y otra náusea de lo mismo. Porque la decisión
se convierte nadaistamente en otro drama (en otro show). La
repetición es también un miedo mayúsculo a la posibilidad
del cambio: el que el ser cambie. ¡El que el ser muera totalmente
en la eternidad! El eterno retortno es una idea contra el movimiento
del deshacerse del ser: rosa que muere rosa que nace. Pero ésto
que irrumpe ni es lo mismo ni es el retorno.
Existir
significa poetizar el mundo, ser el mundo; ¡ser el ser! Existir
es saber también que no somos el retorno de nada. Que nada puede
retornar en la originalidad semejante de los hechos. No podemos perder
el ser, porque los entes (los árboles, las rosas, la lluvia)
deben seguir aconteciendo inocentemente. Mezger tiene razón cuando
dice: “Dios no es, Dios acontece” (La muerte de Dios, 123).59
¡Dios sucede! ¡Dios se manifiesta como la “cosa”-exótica
que es! Ante esta epifanía de Dios, la ironía de Mascolo
nos seduce: “aparte de los sacerdotes, los borrachos son los únicos
que siguen hablando de Dios” (53).60
Pero
a la “muerte de Dios” hay que hacerle la siguiente refutación:
Dios no ha muerto, porque el hombre no puede matarlo ni real ni simbólicamente.
Para lograrlo, para realizar el más horrendo de los crímenes,
tendría que estarsele matando por toda la eternidad, porque Dios
es infinito. Por eso hay que entender que el “nihilismo incompleto”
de la demokracia se agota espiritualmente en el “nihilismo perfecto”
de su imperialismo en el cual Dios es sólo una excusa para la
barbarie. El presente nos resulta insuficiente para la realización
del “evento”, porque éste se halla, a pesar del anhelo,
demasiado lejano. El eterno retorno, a diferencia de la espiral de lo
semejante del tiempo que somos, nos resulta infinito. Ni se alcanza,
ni lo veremos, porque nos estrellaremos contra el olvido de lo que fuimos
o de lo que somos. No basta decir que el eterno retorno es una instantaneidad
(Heidegger) Porque, ¿quién recuerda en este instante el
eterno retorno de lo mismo de las vidas anteriores? ¡Afortunadamente,
nadie! Fuimos y somos el olvido que nos consume ahora. ¿Quién
podrá mirarlo o recordarlo entonces? ¡Afortunadamente,
nadie! Porque no habrá libertá posible para ser o soportar
el espanto.
Ante
ésto, el poeta no es el crítico de sus verdades, porque
ha decidido cantarlas y vivirlas. Si no estuviéramos, entonces,
seducido por la espiral de lo semejante, sucumbiríamos ante la
fascinación del eterno retorno de lo mismo. Pero el poeta no
mata a Dios, porque sabe, en ese juego de las abstracciones, que sería
inútil. El poeta se conforma con ser Dios por instantes y por
sospecharlo momentáneamente en las visiones de la inmanencia.
La verdad es, pues, vivir contra la canalla representativa del poder.
Pero como los nihilistas han destruido la verdad, aun la verdad subjetiva
del hombre-Mundo, del hombre-realidad (del hombre no-ser o del hombre
cosa), tenemos que entender, a menos que no realicemos una nueva revolución
(a menos que no seamos un “nuevo” Cristo) que la destrucción
y el desastre avanzan.
Al
nihilismo le ha sucedido lo mismo que al cristianismo: primero fue una
vivencia radical, luego fue una doctrina y ahora se ha convertido moral
y políticamente en una ideología yanqui de la muerte (en
la hegemonía de la demokracia imperial). El cristianismo, como
la demokracia, se ha nihilizado y el nihilismo se ha cristianizado.
Los ateos se han hecho “cristianos”, y los cristianos viven,
dan testimonio de ello, como si Dios no existiera. Los cristianos, sin
saberlo o en la maldad de su conciencia infeliz, se han dedicado a desmitologizar
a Dios de su propio escándalo: Cristo como el subversivo de la
historia. Cristo no era Dios. Era sólamente una aproximación
insólita y exótica de Dios.
El
nihilismo se ha nihilizado a sí mismo. El nihilismo-cristianizado
y el cristianismo-nihilizado se enfrentan demokrática y burguesamente
a la revolución de los nuevos valores: el hombre se ha convertido
en el Cristo-esquizo de la historia. Cristo se ha vestido de rojo en
el eterno retorno de lo mismo. La historia terminará por arrojar
contra los nadaístas del nihilismo sus nuevos valores y los valores
inéditos de la historia. Este es, pues, el pecado del nihilismo
y del cristianismo: haberse separado políticamente de la historia.
Haber huido del “ser-ahí”. El nihilismo ha pretendido,
en su etapa crítica contra el cristianismo, convertirse en la
verdad verdadera. Su pose de que no hay verdad se ha convertido en el
simulacro de su ideología radical. El nihilismo pretende convertirse,
pese a su negación, en la verdad prestigiosa del saber. Por eso
Nietzsche, presintiendo el movimiento del nihilismo en su propio corazón,
en su propia razón, en su propia pre-locura, decidió asumir
lo poético (la poesía) contra el movimiento siniestro
de la filosofía. Por eso, la muerte de Dios en Zaratustra
no dejará de ser una nostalgia.
La
primera vez que leí acerca del eterno retorno de lo mismo no
pude contener la risa. Creo que en aquel instante reí con la
misma violencia con que había reído Zaratustra. El principio
está por comenzar.
*****
20 de febrero del 2005
Nueva York
©Yván
Silén
NOTAS AL CALCE:
1-El
pensamiento del eterno retorno. . .es de agosto del año 1881.
. . ‘a 6,000 pies más allá del hombre y del tiempo’.
Aquel día caminaba yo junto al lago de Silvaplana a través
de los bosques. . .me detuve. Entonces me vino ese pensamiento”
(Ecce homo, 93).
2-Una
cultura es una forma de ser el otro. Una cultura, como ocurre con el
poeta-filósofo, es lo forma de ser lo exótico. Es una
forma de reinaugurar el héroe. La demokracia es, pues, la vulgarización
de la cultura, porque en ella es la forma de vulgarizar el héroe.
En la demokracia cualquiera, el idiota (el mercenario, el deicida, el
incestuoso, el sofista--el pelotero, el boxeador, el bombero, el policía--)
puede ser un “héroe”. La demokracia ha deformado
el concepto mismo de la heroicidad. Y muchos poetas y artistas se han
convertido en los pregoneros de la mediocridad de la misma.
3-Zaratustra,
ateo o no, al hablar del eterno retorno es la experiencia “mística”
de Nietzsche: “se deja oír algo, algo que le conmueve y
transtorna a uno en lo más hondo, describe sencillamente la realidad
de los hechos. Se oye, no se busca; se toma, no se pregunta quién
es el que da. . .yo no he tenido jamás que elegir. Un éxtasis
cuya enorme tensión se desata a veces en un torrente de lágrimas.
Un éxtasis en el cual una veces el paso se precipita involuntariamente
y otras se torna lento; un completo estar-fuera-de-sí, con la
clarísima consciencia de un sinnúmero de delicados torrentes
y estremecimientos que llegan hasta los dedos de los pies. . .La involuntariedad
de la imagen, del símbolo, es lo más digno de atención;
no se tiene ya concepto alguno; lo que es imagen, lo que es símbolo,
todo se ofrece como la expresión más cercana, más
exacta, más sencilla. Parece en realidad, para recordar una frase
de Zaratustra, como si las cosas mismas se acercasen y se ofreciesen
para símbolo (‘Aquí todas las cosas acudenacariciadoras
a tu discurso y te halagan. . .Sobre todo los símbolos cabalgas
tú aquí hacia todas las verdades...Aquí se me abren
de golpe todas las palabras y los armarios de palabras del ser: todo
ser quiere hacerse aquí palabras’” (Ecce homo,
97-98).
4-¿No
es la araña el símbolo de Dios en la película Como
en un espejo de Ingmar Bergman?
5-Zaratustra
exclamó entonces: “Yo subía, subía, soñaba,
pensaba” (Zaratustra, 225). Pensar se convierte en el
sueño del eterno retorno, o el sueño se transforma en
el pensamiento oscuro, remoto, inconsciente, grave del eterno retorno
de lo mismo.
6-Es
aquí, ante este pedido de Nietzsche, en donde nos asombra la
posición del profesor Enrique López Castellón en
su prólogo “El mensaje de Nietzsche-Zaratustra” y
el comentario de E. Colli incluído por él plantea la imposibilidad
de la interpretación: “Nietzsche no necesita intérpretes”
(Así habló Zaratustra, 6). Sin embargo, Zaratustra-Nietzsche
pide ayuda aquí y los comentaristas y los profesores de filosofía
se resisten a la interpretación (la exégesis, la hermenéutica
y la paráfrasis) solicitada. Esta ayuda es demandada por Zaratustra-Nietzsche,
porque el símbolo, como metáfora del sueño, de
la visión, de la poesía o del inconsciente, es la metáfora
más oscura, más apretada y más sintética.
Nietzsche, desdoblado zaratustramente por el pensamiento más
grave, y Zaratustra, desdoblado nietzscheanamente por la escritura límite
de lo poético, necesita, pues, ser explicado por los otros. Los
exégetas entonces acudimos a la cita señalada: “fue
una visión y una previsión: ---¿qué vi yo
entonces en símbolo? ¿Y quién es el que algún
día tiene que venir aún?” (Zaratustra,
228). ¡Nosotros somos los que teníamos que venir a la cita
con Nietzsche!
7-“
‘¿Quién es el pastor al que la serpiente se le deslizó
en la garganta?’ Ahora podemos responder: es Zaratustra”
(Nietzsche I, 357).
8-
Ya no es posible pensar. El manto de la realidad se ha escindido; ya
sólo queda reír. Zaratustra ríe ante la nada del
nihilismo. Zaratustra se refugia en lo más asombroso de la risa:
“Ya no pastor, ya no hombre--¡un transfigurado, iluminado
que reía! Nunca antes en la tierra había reído
hombre alguno como él rió” (Así habló
Zaratustra, 228). Al Zaratustra “superar” al pastor
y al negar al hombre, apunta poética y filosóficamente
hacia el superhombre. El superhombre es el transfigurado que ríe.
¡Sólo Nietzsche! ¡Sólo Bataille! ¡Sólo
Artaud!
9-
“Es ciertamente indiscutible que Nietzsche se sentía cercano
a la doctrina de Heráclito” (Nietzsche I, 329).
10-“Nietzsche
es un peligro para todo el que se ocupa de él. . .El peligro
de Nietzsche consiste más bien en una mezcla inquietante de filosofía
y sofística, de pensamiento originario y de abismal desconfianza
del pensar frente a sí mismo. Nietzsche es el filósofo
que pone en duda toda la historia de la filosofía occidental,
que ve en la filosofía un ‘movimiento profundamente negativo’
Nietzsche . . .declara la guerra a la metafísica” (La
filosofía de Nietzsche, 15).
11-Esto
tiene que ser así, porque la infancia es el espacio político-metafísico
en donde se forja el inconsciente.
12-
Pero no es la infancia natural, como indica Andrés Sánchez
Pascual, sino la infancia del origen (la infancia de los símbolos).
13-El
subrayado es nuestro.
14-El
subrayado es nuestro.
15-Pero
nosotros íremos más lejos: ¡los verdaderos asesinos
de Dios son los filósofos! La filosofía es el verdadero
mausoleo de Dios.
16-En
Heidegger no hay, no existe, un interés o un deseo expícito
por ser poeta como el que hay en Nietzsche.
17-Ante
la locura de Nietzsche, Henri Lefebvre comenta cruelmente: “Nietzsche
entró en la locura simulando la locura” (Nietzsche,
125). Pero Lefebvre olvida que la locua no es un simulacro. La locura
es una sorpresa, un asalto definitivo y radical del inconsciente sobre
la precariedad de la conciencia. En el caso de Nietzsche y Artaud la
conciencia estaba enferma. La conciencia no soportó políticamente
la lucidez.
18-El
profesor Kerkhoff comenta: “Nietzsche se da cuenta de que la verdad
para revelar consiste en el hecho de que no hay ninguna verdad, que
la voluntad de verdad es una ficción, un truco de la Voluntad
de dominio. . .la verdad es un medio de subsistencia, ‘aquel tipo
de error sin el cual un cierto tipo de seres no podría vivir’.
. .todo lo pensado es una ficción. Y la misma crítica
que desesnmascara el conocimeinto--ella también es una ficción
ya que no existe un criterio de una verdad absluta desde el cual uno
podría críticar. . .el hombre. . .debe ser artista. .
.debe fingir” (La muerte de Dios, 88-89). He aquí
el nihilismo: el silencio, el no pensamiento (la demokracia--el imperialismo--)
la no crítica, el fingimiento, la mentira, la inmovilidad, la
nada misma.
19-Mascolo
intenta aclarar esta expresión de Nietzsche y dice: [El]
“‘todo está permitido’ nunca quiso decir .
. . más que ‘todo es posible’ “ (La muerte
de Dios, 66).
20-"Con
Zaratustra comienza ‘la época trágica’"
(Nietzsche I, 259).
21-Pero
previo a Nietzsche, ya Kierkegaard (1813-1855) había intentado
separarse de la filosofía. Sobre este particular M. J. Altizer,
en “La teología y la muerte de Dios”, dice: “la
elección que hizo Kierkegaard de una dialéctica negativa
se robusteció con su segunda conversión. . .conversión
que produjo su resolución de atacar la Iglesia instituida, y.
. .de abandonar la filosofía” (La muerte de Dios,
99).
22-Para
Nietzsche Dante no alcanza la estatura de Zaratustra: “Dante,
comparado con Zaratustra, es meramente un creyente y no alguien que
crea por primera vez la verdad , un espíritu que gobierna el
mundo, un destino ---decir que los poetas del Veda son sacerdotes y
ni siquiera dignos de desatar las sandalias de un Zaratustra”
(Ecce homo, 101). ¿Zaratustra como Cristo? ¿Lo
ficción como la realidad? “El que viene después
de mí, el que es ante de mí, del cual yo no soy digno
de desatar la correa del calzado” (San Juan 1: 27).
23-Zaratustra
nunca dice que él esté de regreso o que él está
en el regreso. Discute contra el enano la posibilidad del regreso de
las cosas. En El gay saber (#341) Nietzsche comienza el apartado diciendo:
“Supongamos o vamos a suponer (vermuten); o das it vorauszusehen
(es de suponer)--”.
24-Manfred
Kerkhoff comenta contra Nietzsche: “su panteísmo es tan
totalitario y terrorista como aquel monoteísmo que pretendía
abolir” (La muerte de Dios, 91). El deseo de ser “la”-verdad
cruza peligrosamente el Pan-(teísmo) de Nietzsche. La voz de
Pan es todo y se confunde con la naturaleza. Pero ante este Pan intocable
Pascal ha dicho: "El gran Pan ha muerto" (Pensamiento,
146).
25-Espero
que los nietzscheanos hayan podido sonreír.
26-Platón
(Gorgias) y Pascal irrumpen como precursores indirectos de
la voluntad de poder. Pascal dice: “La tiranía consiste
en el deseo de dominar universal y fuera de su orden. Diversas congregaciones
de fuertes, de nobles, de espíritus bondadosos, de piadosos que
reinan en su propia casa, y no en otro lugar. Y algunas veces se encuentran
y el fuerte y el noble se baten tontamente a ver quién resulta
el amo del otro, pues sus dominios son de diversos géneros. Ellos
no se entienden. Y su culpa es querer reinar sobre todos” (Pensamientos,
54).
27-Véase
de Manfred Kerkhoff los “Aspectos terroristas en el panteísmo
de Nietzsche”.
28-“¡Sólo
loco! ¡Sólo poeta!--Nur Narr! Nur Dichter!” (Poesía
completa, 57).
29-Pero
el odio al anhelo prosigue: “y acabé hablando, como un
poeta, conmigo mismo en tictac--Bis ich gar, gleich einem, / Selber
mit im Tiktak sprach-- (Poesía completa, 42).
30-“Pero
nosotros queremos ser los poetas de nuestra vida y primeramente en lo
más pequeño y en lo cotidiano” (El gay saber,
308).
31-Sind
Dichter--schlecht? / --”Ja, mein Herr, Sie sind ein Dichter”
/ Achselzuckt der Vogel Specht” (Poesía completa,
43).
32-“El
arte es la voluntad de apariencia, o sea, de lo sensible. Pero de esa
voluntad dice Nietzsche: ‘La voluntad de apariencia, de ilusión,
de engaño, de devenir y cambio más profunda, más
“metafísica” que la voluntad de verdad, de realidad,
de ser’ (Nietzsche I, 79). El Zaratustra es la praxis
de la “voluntad de apariencia” que Heidegger parece dejar
de lado. ¿Ha tomado Heidegger la parte (el eterno retorno) por
el todo (Así habló Zaratustra)? ¿O es
que Heidegger, como todos nosotros, metonimiza el texto? Pero el arte
no miente. Aceptar que el arte miente es aceptar en el fondo la tesis
platónica o la tesis realista. El arte acierta. El arte es la
voluntad “oscura” del acierto. El arte es lo que descifra
insólitamente los enigmas. El arte establece el desafío
entre la verdad y el engaño, entre el ser y la apariencia, entre
la verdad y la ilusión, entre la metáfora y el concepto,
entre la praxis y la teoría, entre la filosofía y la poesía.
Pero el arte también propone un enigma. Y esto es Zaratustra:
el enigma del eterno retorno como obra de arte. El enigma de la lucidez
como retorno de la muerte de Dios.
33-Aber
du, Zarathustra, / liebst den Abgrund noche, thust der Tanne es gleich?.
. .Einsam! / Wer wagte es auch, / hier Gast zu sein, / dir Gast zu sein?”
(Poesía completa, 67).
34-“Selbskenner!
Selbsthenker! (Poesía completa 69).
35-Ein
Kranker.
36-Ein
Gefangner.
37-Ein
Leichman.
38-“Zaratustra
es un mito--mito de un mito--. . .Zaratustra propone un mito del porvenir:
el ‘superhombre’ “ (Nietzsche, 100).
39-
“Falso de ti mismo entre mil reminiscencias inseguro”--vor
dir selber flasche, / zwinchen hundert / ungewiss, / Erinnerungen”
(Poesía completa, 68). Laureano Pérez Latorre (a quien
debemos todas las traducciones de la poesía de Nietzsche de este
trabajo) ha traducido “Erinnerungen” por “espejo”,
pero si hiciéramos esa traducción perderíamos el
sentido filosófico del eterno retorno de Nietzsche. Porque “reminiscencia”
quiere decir, según el Diccionario de la Real Academia: 1. “Acciónde
representar u ofrecer a la memoria el recuerdo de una cosa que pasó;
2. Recuerdo vago e impreciso”. ¿Qué es lo que ha
pasado? ¿Cuál es el recuerdo vago e impreciso? El eterno
retorno de lo mismo que Zaratustra sigue padeciendo como tumba: “tú
que vas cogiendo la forma de tu tumba” --Du verächst mir
noch mit deinen Grabe” (Poesía completa, 70).
40-“No
quiero ser un santo, prefiero ser un bufón...[un truhán,
un farsante, un albardán). Quizás sea yo un bufón”
(Ecce homo,123).
41-¿No
se ha interesado Heidegger poéticamente por Hölderlin? Cierto,
pero para Heidegger, Hölderlin era fundamentalmente un poeta y
Nietzsche era un filósofo. Heidegger no sintetiza la síntesis
que hay estéticamente en el alma de Nietzsche, sino que la divide
nefastamente. Aunque lo menciona, no ve y no entiende la nueva lyra
y la nueva lyrica de Nietzsche. Heidegger, aunque intenta adelantar
la idea filosófica del eterno retorno de lo mismo que sacude
al Zaratustra-Nietzsche, oculta, atrasa y oscurece al poeta que ha concebido
la idea filosófica que lo obsesiona. Nietzsche está obsesionado
en el Zaratustra con la nueva lírica (la revolución entre
la filosofía y la poesía), pero Heidegger está
obsesionado con el enigma que la síntesis ofrece: el eterno retorno
de lo mismo. Algunos filósofos (Alain Badiou en el Manifiesto
por la filosofía) intentarán escapar a esta revolución,
a esta (l)ira nietzscheana.
42-Pero
Heidegger parece estar más preocupado por la estética
antiplatónica de Nietzsche que con la praxis poética de
ésta. El Zaratustra permanece heideggereanamente oscuro.
43-En
la “muerte de Dios” todos somos iguales: todos somos asesinos.
El deicidio es la igualdad metafísica y demokrática de
los hombres. En el deicidio el crucificado irrumpe como el símbolo
del horror, de lo que los hombres somos capaces de hacer. Y la cruz
aparece como el genocidio contra la eternidad misma. Nietzsche no se
equivocó cuando dijo: “El hombre es, en efecto, el más
cruel de los animales” (Zaratustra, 300). Cristo se sacrificó
por el mal del hombre. Y Dios se hizo “mal” en Cristo para
que el hombre pudiera acercarse. Lenz-Medoc dice: “Kant... proclama
que el hombre tiene una inclinación innata al mal” (La
muerte de Dios, 22). Dios pagó su equivocación adánica,
pero el hombre no ha dejado de arrastrarlo ni de arrastrarse a sí
mismo. Al morir Cristo, Dios se convirtió en la nada de Jesús.
Pero nosotros no sabemos qué es dicha nada. Nadie conoce esa
nada, porque cuando se alcanza no hay tiempo para decirla. ¡El
tiempo ha muerto! Cristo, ante la muerte del hombre, es el deseo mismo
de Dios que corroe a la nada. Porque Cristo sangra constantemente de
la herida de Jesús y Cristo, a su vez, sangra de la herida de
Dios. Su carne mancillada, su carne siempre otra, siempre además,
se le convierte en el “delito” del Dios encarnado: ¿Cristo
retornando eternamente en el mito del eterno retorno? ¡Posiblemente!
Dios violenta el ser. Pero el cadáver de Jesús irrumpe
como la nada de lo “erótico” de Cristo. El amor erótico
y el amor divino se ha suspendido. Quizás por eso no hubo posibilidad
de hastío en Cristo, porque la angustia y la pasión de
Dios desbordaban el ser de Jesús en su ternura de hombre. Anonadado,
como un místico cualquiera, Jesús se convierte en el “mal”
del hombre para que Dios pueda contemplar periscópicamente al
hombre. En Cristo, Dios se mira a sí mismo como hombre y se conmueve.
Dios se mira desde su creación con el erotismo de un Jesús
que no escribe. El verbo (el logos) ha suspendido la palabra, la escritura.
Cristo, en la metamorfosis de Jesús, sufre inocentemente la obscenidad
del hombre como cosa rara. Porque si Jesús amó a alguna
mujer eróticamente, Cristo lo vio y lo sintió y lo padeció
inocentemente como otro. Cristo calló. Cristo lo sintió
como el primer ensayo de la “muerte de Dios”: “este
es mi cuerpo que por vosotros es partido”. Jesús se miró
erótica e inocentemente en Cristo con los ojos turbios de un
Dios agonizante. Debido a esa inocencia de Dios, Jesús moribundo
se hallaba parcialmente solo. Pero Cristo moribundo, consumado, estaba
radicalmente solo, porque Dios se había apartado de él.
Dios había asumido la distancia de la metamorfosis que iba, y
que acontecía, de Jesús a Cristo. Este, como suicida de
Dios, era la distancia de Jahvé. Era la palabra consumida de
Dios.
Nietzsche, ante a distancia de “Yo Soy”, se disgustó.
Le urgió ideologizarse, porque el malestar hacia Dios lo corroía.
Pero Dios no puede ser alcanzado ni con el odio ni con el amor, ni con
la ideología ni con la blasfemia. Si Dios no se acerca, todo
lo demás es inútil. Esto es así, porque Dios se
cuida de los asesinos humanistas. Dios es lo perfecto mismo que huye--y
asume distancia con la nada. Ante ese “escudo” de Dios,
Zaratustra se declara ateo. Porque Zaratustra-Nietzsche también
es un asesino: “ ‘¿Dónde está Dios?
Yo os lo diré’ les gritó. ‘Lo hemos matado,
vosotros y yo! ¡Todos nosotros somos sus asesinos! ¿Pero
cómo pudimos hacerlo?’ ” (El gay saber,
No. 125). El anunciador de la “muerte de Dios” es también
un deicida. Pero en Zaratustra Nietzsche trata de protegerse de la infamia:
“vio. . .un ser que no se puede nombrar. Y. . .Zaratustra fue
invadido por la gran vergüenza de haber visto tal cosa;. . .Dime,
¿quién soy?. . .¡tú eres el asesino de Dios!
Déjame ir.” (Zaratustra, 354). La “muerte
de Dios” no es otra cosa que la culminación o la “conciencia
desgraciada” de Hegel. ¿Cuántas veces, entonces,
anunciará Zaratustra-Nietzsche esta muerte en el eterno retorno
de lo mismo? Nietzsche tiembla. Nietzsche experimenta al temor de Zaratustra.
Zaratustra no sólo tiembla ante el eterno retorno, sino que tiembla
ante lo que él es y ante lo que él significa en el eterno
retorno de lo esquizo. La locura del mundo (kaos, la llamó Nietzsche)
lo escandaliza. La locura del mundo lo enloquece. La inocencia que Zaratustra
reclama para el mundo, la reclama Nietzsche para sí mismo, pero
es imposible. La felicidad, a menos que no sea la felicidad de crear,
no existe. El “Inocente” es el personaje de la fábula
nietzscheana que Zaratustra narra a los incautos. Ante la “muerte
de Dios” el Inocente no existe, el Inocente es falso. Seamos,
entonces, el maestro Eckhart.
44-Si
Dios ha muerto, estamos solos. El nosotros, como el yo, está
aplastantemente solo. Lo otro de mí es un fantasma de esa muerte.
Lo otro de mí es un asesino que se anhela en el deicidio consumado
o pospuesto (Hegel, Heine, Nietzsche, Nerval). Si Dios ha muerto, somos
y estamos en el infierno: “¿No oleis ya la podredumbre
de Dios? --¡Porque los dioses también se pudren! ¡Dios
está muerto!” (El gay saber, 242). Jean-Paul Sartre tenía
razón, el infierno (la mala fe, la envidia, el egoísmo--el
viaje vacío del yo--) somos nosotros. Somos el amigo mito de
nadie. Y como Nietzsche, como Bataille (como Artaud, como Matos Paoli),
buscamos el amigo-Cristo que no existe. Sólo existe cotidianamente
el sabor de la muerte. La palabra, entonces, se ha hecho peligrosa (en
medio de la cárcel, del exilio, del manicomio). El arte se ha
hecho peligroso. Pero el que ha salido del exilio o de la cárcel
ya no recuerda el dolor de estar excluido. Por eso la filosofía,
como la poesía, tiene que ser un peligro, una taza de té.
Bataille dice: “enseñaremos una filosofía que sea
un peligro; ¿de qué otro modo la serviríamos mejor?”
(Sobre Nietzsche, 35). Sólo “odiándola”
se puede amar a la filosofía. Sólo vertiéndola
se puede amar a la patria. Sólo “blasfemando” a Dios;
sólo golpeando a la libertá. Si nadie muere por la filosofía
(por Dios, por la poesía), ésta será inútil.
Si nadie muere por Dios, la muerte de Dios no será cuidada ni
será curada por nadie. Si nadie sufre la muerte o el ostracismo,
entonces todo será inútil. Porque sólo esa muerte
que sufre la vida podrá otorgar el valor. Si nadie muere por
Nietzsche, éste será inútil. Si mi literatura (mi
poesía, mi antifilosofía) no te “corrompe”,
no te sacude, no toca tu instinto (tu imaginación, tu razón
oscura--tu asco--) todo será inútil. La escritura tiene,
pues, que ser un desafío. Nietzsche, por su parte, deseaba el
mal: “A todos los que me interesan les deseo el sufrimiento, el
abandono, la enfermedad. . .el deshonor” (36). Nietzsche no titubeó:
“¡Debemos ser destructores! (La voluntad de poderío,
238).
45-
Dios no lucha por nadie contra el otro. Dios sólo sufre el fraticidio.
El crimen agota a Dios. El incesto y el matricidio anulan a Cristo.
En el mal, el ser tropieza con su propia posibilidad. En su maldad,
en su egoísmo, en su avaricia, el capitalismo conspira contra
la idea de Dios (del otro Dios: de Eón).
46-¿No
es este el nombre del pecado y de la culpa de Heidegger? Ninguna filosofía
podrá ocultar esta complicidad y ninguna filosofía podrá
borrar esta docilidad del hombre que pretendió proteger el lenguaje
de una nueva “mística”.
47-“El
racismo no admite más que los valores soldadescos” (Sobre
Nietzsche, 207).
48-“El
rechazo de la moral clásica es común al marxismo, al nietzscheanismo
y al nacionalsocialismo” (Sobre Nietzsche, 207).
49-El juicio de Henri Lefebvre sobre este particular es apabullante.
“Su pensamsiento retorna al tiempo de Kant y de Fichte. No repara
en adquisiciones fundamentales de hegelianismo. Hace así inconscientemente
obra de vulgarizador, algunas veces demasiado celoso, del inmoralismo
implícito en la dialéctica histórica de Hegel.
A pesar de sus audacias, no está a la cabeza de su época,
sino en regresión” (Nietzsche, 167). Nietzsche,
a veces, hace ideología. Pero aun así, la crítica
de Nietzsche a Kant es devastadora: “el zorro que vuelve a entrar
a su jauladespues de haberla roto” (Nietzsche y el círculo
vicioso, 25).
50-¿Pero
qué es Dios, se preguntará metafísicamente el lector?
“Dios” es lo inimaginable, lo súbito. “Dios”
es lo que no se puede pensar, lo absurdo. “Dios” es el exceso
de sí. Pero esto no quiere decir que no haya una relación
personal con EL.
51-Ese
“derecho” que Heidegger no continuó ni desarrolló
filosóficamente sobre el ente.
52-San
Lucas 4: 4. Deuteronomio 8: 3.
53-Ante
este “pan” y ante estos corderos, Andrés Sánchez
Pascual ha comentado: “Estos dos corderos son los que más
tarde serán sacrificados para que Zaratustra y los ‘hombres
superiores’ que han acudido a su caverna celebren la Cena”
(Así habló Zaratustra, 461).
54-El
cartero.
55-“Lo
necio del mundo escogió Dios, para avergonzar a los sabios; y
lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo
fuerte” (1era. de Corintios 1: 27).
56-Si
el eterno retorno de lo mismo se fatiga eternamente en el vértigo
de lo que retorna idéntico, la espiral de lo semejante se desplaza
esperansadoramente hacia ese “Dios” que escapa a todas las
triquiñuelas de la razón. Dios no puede ser pensado. Dios,
en el discurso de Jesús, sólo puede ser creído
o vivido angustiosamente. Porque Dios, pese a la muerte anunciada, es
el sacudimiento de la fe. Dios es un “proyecto” que no culmina
en la “eternidad”. Dios, como Cristo, es la negación
de la cristiandad. La Iglesia se ha convertido en el proyecto económico
de la “fe” de los sacerdotes pedófilos, porque la
Iglesia se ha despolitizado y se ha descristologizado. La Igesia o es
mariana, o es papista, o es militarista. Su “pacifismo”
es el simulacro de sus intereses económicos y corporacionistas.
Ante esta dscristologización de Dios, o ante esta desdiologización
de Cristo, el ser se encuentra solo y a la deriva. El ser aparece, entonces,
como la belleza de la angustia. Des-enajenado el ser Cristo, irrumpe
como la antife y Dios irrumpe como el antiDei. Dios desea, ante la decadencia
“moral” y política del cristianismo, ser el Eón
(=el otro Dios). Ante esa alienación del ser, Cristo irrumpe
como la revolución del mundo. Cristo revoluciona y saca al hombre
de su inmovilidad burguesa. Pero Cristo, como Ecce Eón, debe
ser una revolución que arrace con la Iglesia y con la demokracia
cínica. Cristo debe ser el Príncipe del Amor que arrastre
por las calles de Roma la cabeza del Papa y arrastre por las calles
de Washington la cabeza de Bush. Cristo es el hombre y el hombre es
el Cristo que ha decidido resolver el mal en la tierra. Ante esta posibilidad
Sczcesny ha dicho: “El hombre ha reunido suficiente experiencia
histórica como para saber que sólamente él mismo
puede disminuir el mal en el mundo” (La muerte de Dios,
125).
57-“El
nihilismo. . .es un acontecimiento o una doctrina en la que se trata
del nihil, de la nada. La nada es. . .la negación de algo, más
precisamente, de todo algo. . .De acuerdo con ello, el nihilismo contiene.
. .la siguiente doctrina fundamental: el ente en su totalidad es nada”
(Nietzsche I, 351).
58-Wein,
citando a Kant, dice: “ ‘Dios’ no es ni probable ni
refutable por la filosofía” (La muerte de Dios,
158).
59-Véase
de Gerhard Sczcesny “La muerte del problema de Dios”.
60-Nietzsche
dice: “el sacerdote vive de los pecados” (El anticristo,
51). A lo que nosotros añadimos: los poetas viven trágicamente
del asombro y los borrachos viven del suicidio.