...Es
inevitable aquí no pensar en Los milagros de la
nuestra Señora de Gonzalo de Berceo(1). Pero es también
inevitable no pensar en que el marianismo sea la perversión
católica del cristianismo. El marianismo es, estonces,
esta herejía del cristianismo católico: María
como la oponente de Cristo (la madre como la rival del Hijo; María
como la sustituta mítica de Cristo o María como
la anuladora misma de Dios: el marianismo como la oposición
“teológica” del cristianismo. La idea de que
Dios pueda tener madre es inaceptable, absurda y aberrante y no
hace otra cosa que ampliar la mitología del catolicismo
contra la esencia misma del cristianismo. María como “madre”
de Dios es parte de esa regresión infantil de los creyentes
y de esa literatura fantástica que el catolicismo reaccionario
arrastra y padece contra sí mismo. Esta ala del cristianismo
ha terminado por ser, o por convertirse, en el “feminismo”
de las revelaciones de la Virgen. Las exaltaciones de Matos Paoli
por la Virgen a veces se tornan desagradables debido a la superstición
que parecen arrastrar. Pero digámoslo entonces modernamente:
¡la Virgen como la Miss Universo de la fe!
Matos
Paoli, en carta al sacerdote y poeta Angel Darío Carrero,
comenta: “nuestro Señor, que multiplica esa gracia
en el vientre de María. Bendito es el fruto de tu vientre
Jesús. . .pero también Reina de los Angeles y madre
de Dios” [!!??] “y madre de todos nosotros, los fieles
a ella, los que buscamos expresar la palabra en ella” (Epistolario
376-377). Matos Paoli vive consciente y sistemáticamente
la superstición católica de la Virgen como sublimación
del complejo de Edipo, así como otros viven la superstición
filosófica de la nada (de la demokracia, de la igualdad
y del racismo). Matos Paoli casi arbitrariamente acepta la obsesión
edipal por la Virgen, mientras se va acercando “budistamente”
a la obsesión filosófica por la nada. Ante esta
“obsesión por la nada”, Matos Paoli dice: “Nadie
puede aceptar la nada como justicia” (Diario II 57). [Nadie,
o casi nadie, puede tampoco aceptar, sin desembocar a una profunda
angustia, la nada como “fe” de la razón(2).
Ante este furor que patrocina ideológicamente, Matos Paoli
exclama: “Es tanto el fervor místico a favor de la
Madre de Dios que hoy en día podríamos hablar de
una Santísima Cuaternidad: El Padre, el Hijo, el Espíritu
Santo y la Virgen María” (Diario III 258). Con esta
superstición mariana que lo consume(3), Matos Paoli no
hará otra cosa que retroceder al siglo XIII español,
o a la época misma de El libro del buen amor.
El
profesor Javier Ciordia, en su artículo publicado en la
revista “Ceiba”, comenta: “El ‘creador’
es el poeta quien. . .halla en la Virgen María. . .el arquetipo
de lo humano paradisíaco. . .Matos Paoli se refugia, edípicamente,
en la Virgen María” (Matos Paoli, poeta autónomo
20)(4). La Virgen es, pues, la mitología de la idealidad
católica que Matos Paoli realiza. Esta idealidad se confirma
y se reafirma cuando denomina a María “madre”
de Dios: “eres tú misma, Virgen Madre de Dios, eres
tú / misma / la Stabat Mater que recibe de Cristo el legado:
/ Madre he aquí a tu Hijo, Hijo he aquí a tu Madre”
(Así mi hermano 84)(5). También cuando Matos Paoli
se reconoce como poeta de la Virgen: “el rodeo de luces
fantasmales / se apodera de mí, poeta de la Virgen”
(La locura de la cruz 55)(6). Pero por otra parte será
María la imagen idealizada de su propia madre o de todas
esas madres que se esquizofrenian en la figura de la Virgen: Madre
María, Madre Susana, Madre Isabel Freire, Madre Carmita”
(76). María es, pues, la “feminista”-inmaculada,
la feminista “virgen” del amor y la locura del poeta.
Con
el concepto oximorónico “edipismo espiritual”,
Ciordia pretende borrar la imagen que Freud ha realizado poéticamente
sobre este complejo. Este secreto, esta oscuridad de la “poesía
pura” del poeta místico, será su parte maldita.
Matos Paoli dice: “Me recuerdo, cuando yo estaba loco en
el manicomio de Río Piedras, que el psiquiatra me obligaba
a contarle mis sueños. Y de esta manera propiciaba la psicoterapia.
. .de la exploración significativa de los sueños.
El psiquiatra. . .llegó a la conclusión de que yo
era víctima de un Complejo de Edipo” (Diario III
151): María como sustituta y madre inmaculada de la madre
terrenal (de los “deseos” del hijo).
Ahora
bien, el complejo de Edipo (el complejo católico de María)
no es una enfermedad, sino una condición, una situación,
que, según el freudianismo, todos los niños tienen
que enfrentar normalmente. El complejo de María es una
condición católica que muchos poetas tienen que
asumir. El que Matos Paoli no haya podido superar lo edipal (ni
lo mariano) no lo hace loco, ni esquizofrénico, pues su
locura devendrá de rompimientos más profundos que
un simple complejo o de un simple acto de fe. Sin embargo, no
debemos ignorar que el complejo de Edipo esté desviado
poéticamente hacia la idealidad de las madres: la Virgen
María, la esposa, doña Isabel, la madre real, Santa
Teresa, Lolita Lebrón, etc. Esta desviación alcanzará
su sublimidad absurda precisamente cuando Matos Paoli establezca
la relación de la Virgen con la poesía. El poeta
dice: “Y la poesía, no hay duda de ello, es la Virgen
María (7)(8) en su fundamento dual de ausencia y presencia”
(Diario III 60). Aquí la Virgen desplaza a Dios y a Cristo
del centro del misticismo matospaolista, como posteriormente lo
hará Albizu Campos(9). El cristianismo católico
se convierte entonces en un discurso de la virgenlogía,
o ésta se convierte en el centro de la teología
católica de la reacción. Aunque la metáfora
“funcione” poéticamente, la relación
con la Virgen no dejará de ser ideológica y, por
momentos, propagandística. Matos Paoli, al exaltar a la
Virgen María a la estatura de la poesía, no hará
otra cosa que idealizar secretamente a la madre del complejo de
Edipo. Si recordamos la relación entre la madre y el mar,
entre la madre y el agua, que ha establecido Gaston Bachelard
en El agua y los sueños, podremos entender las palabras
del poeta cuando dice: “Y en su cerrazón el complejo
de Edipo me saturó hasta la saciedad. Confieso que le tengo
miedo al mar, al objeto pleniabierto(10). Soy poeta de la inacción”
(Diario II 230). El “miedo al mar” no es otra cosa
que el miedo a la madre (idealizada), o el miedo al deseo “incestuoso
del inconsciente”(11). Pero también puede ser la
presencia nefasta del “otro” (del prójimo)(12).
Hay que entender que el movimiento inconsciente de lo erótico
metafísico está “borrado” y “tachado”
en Matos Paoli por el dogma de la Virgen “asexuada”
(que desea besar, como veremos más adelante, en la boca).
Es como si José, su marido, no hubiera existido jamás.
Pero si todavía nos quedara un poco de duda sobre esta
relación inconsciente con la-madre-agua-del-deseo, Matos
Paoli nos presentará nuevamente esta relación de
María con el agua en una síntesis sumamente apretada:
“en la Madre Mar de María” (La locura de la
cruz 16)(13). Más adelante Matos Paoli añadirá:
“me refiero a María, / el mar ondulante. . .entre
la sed y ela gua (Así mi hermano Francisco de Asís,
143)(14). Y más adelante, en La locura..., Matos Paoli
convertirá a María en una especie de Venus: “yo
digo, verdaderamente extasiado. . .el Vientre de María,
la Diosa del mar” (La locura de la cruz, 81). ¿María
diosa? Matos Paoli no sólo desciende aquí a la idolatría
de su marianismo esquizo, sino también al sentido erótico
de la Virgen cuando transforma a la Inmaculada en el personaje
erótico de Salomón(15): “Ay, Sulamita, bésame
ya con el beso de tu boca” (81)(16). Esta Sulamita no es
otra que la Virgen subversiva del inconsciente. Matos Paoli sueña
esquizamente convertirse no sólo en el amante de la Virgen,
sino en el “rival” del padre (de Dios). Esta obsesión
secreta, desviada a veces, erótica, nos recordará
la experiencia de Santa Teresa con el ángel:
“En
esta visión quiso el Señor le viese ansí:
no era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro
tan encendido que parecía de los ángeles muy subido
. . .Deben ser los que llaman cherubines. . .Veíale
en las manos un dardo de oro largo, y al fin del
hierro me parecía tener un poco de fuego. Este
me parecía meter por el corazón algunas veces,
y que me llegaba a las entrañas. Al sacarle,
me parecía las llevaba consigo, y me dejaba
toda abrasada en gran amor de Dios. Era grande
el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y
. . .No es dolor corporal sino espiritual, aunque
no dejaba de participar el cuerpo algo, y aun
harto. . .Los días que duraba esto andaba
como embobada”. (Libro de la vida 352-353).(17)(18)
En
Así mi hermano Francisco de Asís, Matos Paoli volverá
a reafirmarse simbólicamente en esta obsesión mística
que lo desborda: “de pie / delante de la cruz me refiero
a María, / al mar ondulante de colinas intermedias / entre
la sed y el agua” (143). Matos Paoli se haya, pues, entre
el deseo (la sed) y la madre (el agua). La sed de la madre es
aquí ambigua, pero posible. Hay que entender que el deseo
de la madre tiene que ser ambiguo, porque el superego (Freud)
vigila dictatorialmente sobre los muros de la “moral”.
Esta sed es también onírica. Y no dejará
de ser sensual(19). En Rumi, como en algunos momentos en Matos
Paoli(20), la sed es terriblemente mística, pero en otros
momentos no lo es. Rumi dice: “Para que puedas oír
estas palabras, ‘El Señor les da de beber’,
/ ¡Sé sediento!” (El masnavi 107). La sed se
bifurca. Es sed de madre y es sed de Dios. Las cumbres de lo sublime
descienden paralelas. Pero Matos Paoli no dejará de utilizar
ese lugar común del “vino”-derramado (o del
agua--de la fuente de la madre--) como la imagen desviada de Cristo:
“la Sed escancia” (PLP 196). ¡La sed que da
de beber! La sed como el deseo cristiano de beber a Dios (que
echa vino, que sirve vino, que bebe vino): “Esta es mi sangre.
. .que por vosotros es vertida” (San Marcos 14: 24)(21)
Matos Paoli irrumpe entonces, permítase la broma intelectual,
como el “vampiro” que desea beber la sangre de Dios
y la sangre de la madre(22) Dios es el agua inmortal de Cristo
y Cristo es el vino mundano de Dios. La sed no será otra
cosa que el intento divino de alcanzar al hombre. En la sed el
hombre y Dios se buscarán desesperadamente. Pero por la
sangre de la madre nacemos y por la sangre de Cristo nos salvamos.
En
ese “desdoblamiento” de la poesía con su propio
discurso, en ese desconocimiento de sí, de lo que la poesía
ha dicho inconscientemente contra el cristianismo y contra el
aëda, Matos Paoli irrumpirá radicalmente como el poeta
moderno que es(23). No porque haya caído de Dios, no porque
sea un “enajenado de Dios”(24), sino porque ha caído
natural y humanamente de sí mismo. El poeta, como un dragón
de lo sublime (entre la sangre y el agua —entre el vino
y el periodo—), ha tropezado con sus propios “arrebatos”.
El horror está delante de nosotros. Pero Matos Paoli no
puede escapar a su propio tiempo, a su propio conflicto y tampoco
puede escapar a su propio inconsciente(25). Matos Paoli no puede
huir de la contradicción que es(26): “Cuando esta
conciencia del ser se eleva a su altura absoluta, entonces el
poeta. . .se golpea contra el suelo del infierno” (La angustia
31). El poeta cae sísifamente de lo sublime a lo abyecto.
Matos Paoli no ve el infierno, pero tarde o temprano tendrá
que descender a él en el desdoblamiento de sí mismo(27),
aunque su fe lo proteja de su propia caída. El “enamoramiento”
trágico con la madre y el enamoramiento real con la esposa
han sido desplazados poéticamente hacia el mito de “la
madre de Dios”, en donde la caída se hará
imposible(28); en donde la caída del mito se hará
y se convertirá en más mito. Matos Paoli no quiere
caer.
El
poeta de Canto de la locura está protegido de esa “caída”
porque se ha convertido en el Inexistente: “Tal vez soy
un inexistente, a honra lo llevo” (La locura de la cruz
38). El intento inconsciente de suplantar al padre, de ser Edipo
místico, esa gran ausencia matospaolista, o ese gran silencio
de nuestro poeta, será desplazado a la figura de Dios (o
de Albizu Campos(29)). Matos Paoli intenta, en el enamoramiento
simbólico de la Virgen, sustituir edipalmente al Cristo
de Nazaret que teologiza de Dios(30). Matos Paoli dice: “La
Virgen nos ayuda a vencer los muros del misterio cósmico.
Nos ayuda a penetrar en Dios. Porque ella es ínsita en
Dios [connatural] (31)... No podemos ser sin la Virgen. Porque
ella funda el puente entre Dios y el hombre” (Diario II
30)(32). En esta afirmación matospaolista, Cristo ha sido
tachado, porque se supone que ésa sea la función
principal de Cristo: ser intercesor. “Y todo lo que pidiereis
al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado
en el Hijo. Si algo pidieres en mi nombre, yo lo haré (san
Juan 14: 13-14). Es tal la oscuridad matospaolista por momentos
(para él mismo —en su propia poesía—),
que el autor del Canto de la locura no ha visto la sustitución
delictiva que ha realizado con la figura de la virgen. La simbología
del poeta, debido al escándalo que arrastra, estará
clausurada no sólo para el poema, sino también para
el poeta mismo. Porque éste, sin darse cuenta, ha dejado
de ser un poeta cristiano para convertirse en un poeta mariano.
El
profesor Ciordia, al estudiar la presencia de María en
la poesía de Matos Paoli(33) no observa (podríamos
decir que censura) el hecho de que Matos Paoli se refugie angustiosamente
en el deseo sexual de la madre muerta(34). Este movimiento psicológico
y poético, que podrá parecerle escandaloso a algunos
lectores católicos, es lo más natural del mundo
en el acontecer mismo de los sueños, de la poesía
y en el deseo político del inconsciente (por subvertir
el orden). Porque el inconsciente busca la subversión en
la apropiación política de la madre, y busca en
la madre, dadora del lenguaje(35), la subversión contra
la moral del status quo. El inconsciente, con su carga poética,
se manifestará obsesivamente hasta convertir el deseo prohibido
hacia la madre en la ausencia de la ternura misma: Yocasta estará
católicamente delante de Edipo.
La
Virgen será entonces la continuación simbólica,
necesaria e inmaculada del deseo edipal en el naufragio mismo
de la madre. La Virgen es el ícono intocable de esa agorafobia
que el fracaso político del nacionalismo ha creado para
la “casa olvidada” del poeta. La Virgen arrastra una
especie de necrofilia inconsciente no confesada por la madre muerta.
Esa agorafobia, esa hidrofobia y esa necrofilia sublimada, que
volveremos a encontrar en Sombra verdadera, no es otra cosa que
la confesión del “yo espúrio” que veremos
más adelante: “El que tiene miedo al espacio abierto”
(Sombra 33). La madre también es el “espacio abierto”
de la casa y la Virgen es el espacio abierto hacia Dios. (¡La
Virgen es la grieta de Dios!) Más adelante, Matos Paoli
concluirá: “No estoy preparado para asir el espacio
y dominarlo” (39) (36). Y nosotros concluimos por él:
no estoy preparado para dominar la madre, la Virgen, o para dominar
a Dios. Sobre esa “cárcel de amor” que administra
la esposa del poeta, reinará la Virgen(37). La Virgen será,
pues, esa sublimación de la esposa-“carcelera”
y de la madre sabia.
Es
a la luz de esta “desviación” hacia la madre
ideal desde donde podremos entender la violencia del poeta contra
sí mismo. Matos Paoli dice: “Francisco Matos Paoli
es un yo espúreo(38) (Diario II, 224) 39, 40 que se ve
envuelto en un sibilino enjambre” [perteneciente a la sibila--perteneciente
a la madre o a la Virgen]. . .”Soy como un río que
nunca llega al mar” (224). E inmediatamente dice, para escándalo
de sus lectores: “Al fin admito que soy histrión”
(102). La presencia de lo “sibilino” (“lo oscuro,
con apariencia de importancia”), de lo misterioso, nos fuerza
a pensar en la presencia de la sibylla. Esta sibila(41) no sólo
es una sacerdotisa, sino que es también una mujer sabia
(la madre sabia; la Virgen “sabia”--la médium
que “trafica” los muertos--) con espíritu profético(42),
que se convertirá, para asombro nuestro, y a pesar de la
resistencia del poeta, en un símbolo de Matos Paoli. ¿A
quién simboliza, pues, la sibylla? A la madre espiritista
que lo ha instruido en los caminos de la “magia” y
en los caminos del catolicismo. ¿Sincretismo? Sin lugar
a duda.
Matos
Paoli dice: “Y es que estoy loco, / que vuelvo a mi madre,
la mística” (Primeros libros poéticos, 324).
En Matos Paoli, la mística, el espiritismo y la poesía,
previo a Yván Silén, andarán de la mano:
“Cuando estoy escribiendo poesía, también
la presencia de los muertos acude a mí” (Diario II,
64)(43). Este símbolo de la madre-sibylla, que ha forzado
a Matos Paoli a recurrir a la mitología, nos obliga a pensar
también en esa constante de la madre médium: Susana
Paoli Gayá. La madre se esquiza en el rostro y en la actitud
de las diferentes mujeres que seducen al poeta. La madre-sibylla
no hace otra cosa que iluminar el “harén” de
las “amantes”. La sibila (esta pequeña licencia
poética que Matos Paoli introduce en su catolicismo) es
una especie de médium, una especie de madre mítica,
de Casandra, que se manifestará oscuramente como la polarización
de la Virgen María. Los mejores versos a la Virgen-madre,
en los libros que hemos leído para este trabajo, los hemos
hallados en Los crueles espejos(44). En el poema “Contraste
entre el cielo y la tierra”, Matos Paoli dice: “La
Virgen María recoge en su delantal la lluvia ciega, la
vuelve palabra, ojos” (Los crueles espejos, 34).
Esa
cita del “yo espúreo” señalada arriba,
que Ciordia también ha utilizado, nos resulta fundamental
para entender el movimiento de su poesía mística.
Nuestro poeta dice: “¿Quién habla por mí?
¿Francisco Matos Paoli? Francisco Matos Paoli es un yo
espúreo”. Este “yo espúreo” (bastardo,
ilegítimo, adulterino, falso, contrahecho, etc.) es esa
confesión delirante y cristiana que acontece delante de
sus lectores, y que el catolicismo de sus críticos y el
triunfalismo del independentismo ha ocultado. Este “yo”
no dejará de resultar turbulento y fundamental para nosotros.
¿Qué significa esta humildad-rebelde de nuestro
poeta? ¿Qué significa este oxímoron o esta
antítesis? Esta humildad se subleva contra Matos Paoli
y se subleva también contra la realidad que lo rodea y
lo subyuga. La humildad-rebelde ha alcanzado la manifestación
misma del delirio y éste se manifiesta como la humildad
extraña que anda en busca de su víctima.
¿Contra
quién comete el poeta la falsedad, el adulterio (lo adulterino)
que se oculta en esa cita? ¿Contra Dios, contra la Virgen,
contra la esposa, contra sí mismo? ¿O es que estamos
ante un simulacro de la poesía hermética? Podríamos
pensar en la esposa, pero no es ella, porque la fidelidad del
poeta hacia ella ha sido manifiesta a través de toda su
poesía(45). Nosotros creemos, a la luz de esa prosa esquiza
de las paradojas de Diario de un poeta I, II, III, que el conflicto
es más profundo que esas “pequeñas paranoias
poéticas” que los poetas-críticos podemos
señalar para iluminar el Diario... o podemos ocultar para
oscurecer más la escritura del poeta. No podemos negar,
para que el escándalo sea una realidad todavía más
poética, que nos estamos moviendo en los planos de lo espiritual
mismo. No podemos ocultar que lo sacro es escandaloso. Así
que el “adulterio” que acontece en la “confesión”
poética del Diario I, pretende ser, a un mismo tiempo,
secreta, espiritual y confesional. (¿Adulterio del poeta
hacia Dios, hacia el Amante sacro?) No podemos negar, aunque lo
deseamos, que la presencia del espíritu sea escandalizante,
pero que amerita ser explicada. Ese “yo espúreo”,
esa hiperhumildad cristiana del poeta rebelde, y que por momentos
parece “budista”, se estrella contra la propia insolencia
de Matos Paoli e irrumpe por momentos para sorpresa de sus lectores.
El poeta antimítico y grosero dice contra la delicadeza
del poeta místico: “como si yo fuera un pendejo a
la vela, / un escarabajo” (La locura de la cruz, 86)(46).
El “yo espúreo” del místico se enfrenta
a la prepotencia del escarabajo del antimístico de Matos
Paoli. El poeta mundano se enfrenta al poeta mariano. Lo vulgar
de sí “también” sorprende al místico:
“Yo mismo me violento con mi poesía. A menudo me
hallo en la misma posición del lector común. Es
decir, no logro entender a cabalidad lo que he escrito”
(Diario II, 225). Lo que no se quiere ser termina por asumir violentamente
el ego. Frente a esta violencia de su propia rudeza, Matos Paoli,
como siempre, pretende ser perdonado: “Ah, perdón
y perdón de esta vanidad que nos salva, cuando estamos
muertos” (89).
Por
otro lado, esta autoacusación de “bastardo”
que yace detrás de la palabra “espúrio”,
nos hace pensar en una caída, en un tropezar humano, en
un apartarse de la pureza primitiva que le pertenecía.
Pero también nos hace pensar en los místicos orientales
que Matos Paoli ha rechazado(47): “El hombre del tao / permanece
en el anonimato. / La virtud perfecta / no produce nada. / ‘No
ser’ / es ‘ser de verdad’, / y el más
grande entre los hombres / es nadie” (El camino de Chuang
Tzu 78). Matos Paoli buscará desesperadamente esa nada(48).
Pero no podemos olvidar que éste se halla delante de la
esposa-madre que no ha hecho otra cosa que otorgale el ser: “Y
tú me das el ser” (Bajo el signo del amor 73). No
es Dios, como hemos dicho ya, ni lo político lo que le
otorga ser, sino la esposa misma. Este poder que el poeta le concede
a la esposa (de otorgarle ser) no dejará de sorprender
cristiana y filosóficamente al lector.
Independientemente
de que la afirmación de Chuang Tzu señalada arriba
choque con la visión de los hombres occidentales, los versos
de Rumi no harán otra cosa que reforzarla. Rumi dice: “Puesto
que el No-ser es el espejo del Ser, / si eres sabio, eliges el
No-ser” (El masnavi 65). Matos Paoli, rechazando el orientalismo,
eligió contradictoriamente el no ser. Las palabras le dieron
la espalda: “yo me soy / en la derrota” (Testigo de
la esperanza 11). Las palabras, sin sospecharlo, lo sorpenden
una vez más al no poder “entender a cabalidad lo
que he escrito”. Pero a pesar de ese “no-ser”
disfrazado, como veremos en Francisco Matos Paoli o la angustia
de Dios, el poeta no puede librarse cristianamente del ansia y
de la mortificación de reconocimiento que padece (el creador)
en una sociedad neocolonial o seudo capitalista. Su “derrota”-de
ser (su no-ser político, “literario” y “espiritual”)
necesitaba ser reconocida. Esa necesidad de la humildad-rebelde
se le convirtió en la presencia misma del infierno (de
Narciso, de Satán).
El
adjetivo “espúreo” acontece como la confesión
de lo que se siente secreta y confesionalmente como perturbación
(ante Dios y los hombres). El hambre de fama, la sed de fama como
la parte inmanente del Seól, no dejará de golpearlo.
Pero ya la sed, desde Luz de los héroes, se le había
apartado de Cristo. La sed era por Betances, por Pachín
Marín, por José de Diego, por Albizu Campos: “¡Aún
el agua no era!. . .me enseñaste la Sed desde pequeño”
(PLP, 195). Matos Paoli, en Luz de los héroes, vivía
perturbado dentro de un misticismo que no acababa por manifestarse
como totalidad de Dios.
Pero
el deseo por la madre real (Susana) y por la madre ideal (la Virgen),
aconteciendo en medio del caos o del flagelo constante de lo político,
se revierte y se sublima en el anhelo de las otras madres. Las
contradicciones y las paradojas poéticas (¿existenciales,
psicológicas--políticas--cristianas?) no se interrumpen,
sino que buscarán nuevos simbolismos, nuevos senderos y
no dejarán de crecer en las “repeticiones”
de esas obsesiones de la espiral inconsciente que retornan en
la búsqueda de lo “nuevo”. Esto es así,
porque el símbolo acontece tan “cerrado”, tan
hermético, como lo onírico de las palabras “inicuas”,
o de aquello que no se puede o no se debe decir públicamente.
El símbolo, como una metáfora pequeña, como
una metáfora estrecha, evita el discurso “didáctico”
de la alegoría (o el movimiento alegórico de lo
didáctico). En algunos momentos cruciales de la poesía
de Matos Paoli, la metáfora se cierra sobre sí misma
para que lo abyecto no se haga manifiesto. El poeta ha tomado
el camino de lo más difícil.
Lo
que se escribe “tarde”, como entendía Heidegger,
no deja de llegar a tiempo. Pero lo que hay que entender aquí
es que lo que acude precipitadamente termina por acudir para que
todo el mundo lo lea, lo vea, y para que todo el mundo lo oiga
poéticamente. El escándalo no se hace esperar: la
poesía permite el “mal”. El mal es la experiencia
paralela de la poesía con lo sacro. Por esta razón
el deseo no dejará de ser el conflicto del “santo”.
El deseo de su-inconsciente-político no dejará de
ser su caída. El poeta ha tropezado delante de su propia
idealidad. Ante este deseo angustioso de “gloria literaria”
que Matos Paoli experimenta, el Bhagavad Gita será aplastante:
“Las tres causas principales de su depravación son
las tres puertas del infierno: el deseo, la codicia y la ira”
(Bhagavad Gita 193). Matos Paoli, por su parte, tratará
de justificar esta pequeña codicia de fama: “Me paso
la vida oscilando entre el mundo y el trasmundo. El mundo me convence
hasta negar el trasmundo. El trasmundo, por venganza, se impone
y entonces rechazo intensamente todo lo que se relaciona con el
mundo.” (Poeta autónomo 21). El poeta como fuerza
espiritual tropieza con el deseo carnal del hombre. El poeta tropieza
con el “ángel”. Aun así, Matos Paoli
no dejará de luchar contra sí mismo en ese deseo
de ser el “otro” (el ideal).
Atrapado
en su locura, el poeta prosigue hacia el encuentro con lo esquizo
manifiesto. Hacia el esquizo que se interroga a sí mismo:
“¿No estaré volviéndome loco recurriendo
al ‘imperativo categórico’ de la soledad imposible?”
(Diario II, 238). Ante esta pregunta la pregunta irónica
es inevitable: ¿No estará el esquizofrénico
(de 1955) volviéndose “loco” (en 1987)? No
quisiéramos terminar este trabajo sobre el incesto psicológico
o espiritual sin esa afirmación artaudsiana(49) que Matos
Paoli, sin conocer al poeta francés, realiza para nosotros:
“la locura es un extraño intento de reforzamiento
de la razón. . .Constaté hasta la saciedad cómo
la locura obedecía a una especie de razón infinita.
Lo mismo sucede con la poesía” (243). Atrapado en
Dios, en el espejo y en la imagen de Dios, Matos Paoli buscará
desesperadamente la madre que ha perdido (ese dolor desgarrante
entre el infierno de la conciencia y el infierno del inconsciente)
y que el mito (la Virgen) le proveerá como refugio. La
Inmaculada se le convierte, entonces, en el imperativo categórico
de su cristianismo anarquizante. La tachadura que Matos Paoli
realiza marianamente sobre Cristo nos permite utilizar este adjetivo
de lo anarquizante para describirlo. Matos Paoli, hasta donde
hemos leído y conocido, no se declara poeta de Cristo,
sino poeta de la Virgen: “Y nosotros, poetas de la Virgen”
(La locura de la cruz 50). Matos Paoli no está “enamorado”
de Cristo, sino enamorado edipalmente de la Virgen-madre(50).
Este enamoramiento, ese lugar común del misticismo cristiano,
le permitirá decir a Matos Paoli lo siguiente: “Yo
soy el pródigo, y al mismo tiempo, el próvido, /
yo soy el enamorado” (102)(51). Entre Dios y María,
Matos Paoli reparte y nos ofrece su propia locura; entre Dios
y la Virgen, Matos Paoli se convierte en una especie de “Cristo”
caído de su propia palabra desgarrante. Desencajado, fragmentado,
roto, Matos Paoli nos otorga el cuerpo iluminado de la poesía(52).
Su poesía lo redime de sí y lo anuncia como uno
de los grandes poetas latinoamericanos.
*****
14
de noviembre del 2004
Nueva York
©Yván
Silén
NOTAS:
1-Siempre que pienso en Los milagros de nuestra Señora,
y aunque parezca broma, pienso en el milagro del pene recobrado
titulado “El romero engañado por el enemigo malo”.
La modernidad de este milagro, como la de algunos exemplos de
don Juan Manuel (“Don Yllán y el deán de Santiago:
el comentario del exemplo XI” de El conde Lucanor), es total.
Es una poética del cuerpo y de la magia, de la ironía
y de la fe que la literatura española, con sus grandes
excepciones, ha abandonado.
2-Véase,
entre otros, El proceso de F. Kafka, La náusea
de Jean-Paul Satre; El extranjero de Albert Camus, Las
criadas de Jean Genet, El túnel de Ernesto
Sábato y Rayuela de Julio Cortázar.
3-Véase
Francisco Matos Paaoli o La angustia de Dios.
4-
Lamentablemente, nunca recibí el excelente ensayo que leyera
el profesor Ciordia en el simposio de Matos Paoli organizado por
mí, en donde éste establece una relación
entre la madre, esa carencia emocional de Matos Paoli, y la Virgen.
5-Nuestro
poeta desvía el sentido bíblico, porque este mandato,
como recordará el lector, ha sido dado a María en
relación a Juan, el discípulo amado, y a éste
en relación a María (San Juan 19: 26). Desde este
pasaje, y otros más (San Marcos 3: 33-35), Jesús
se deshace, o se despide, de la relación de hijo con su
madre. Matos Paoli olvida incluir aquí la relación
conflictiva que Jesús tuvo o tenía que tener con
sus hemanos. Renan comenta: “Durante una época, su
madre y sus hemanos sostienen que [Jesús] ha perdido el
juicio, le tratan como a un soñador exaltado y pretenden
detenerle por la fuerza” (Vida de Jesús
139). Véase también San Marcos 3: 21.
6-
“Y nosotros, poetas de la Virgen” (La locura de
la cruz, 50).
7-La
locura ha alcanzado su propia aberración.
8-El
subrayado es nuestro.
9-Véase
Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios.
10-El
subrayado es nuestro.
11-En
toda la poesía de Matos Paoli la contradicción terminará
por hacerse presente y aquí la veremos en función
una vez más. Esta acontece cuando Matos Paoli dice: “sin
querer escandalizar a nadie, / de la posesión de la ola
putrefacta por los ilusos / que se extravían en un mar
maricón” [el subrayado es nuestro] “que no
es mi mar” (La locura de la cruz, 80). ¿Símbolo
o sentido literal? Si la Virgen en este texto siempre es el mar,
quién es entonces ese otro “mar maricón”:
¿los invasores? ¿las otras “mujeres”
que lo atraen o lo seducen? ¿Las madres de los ateos o
las madres de los que difieren poética y políticamente
de él? Lo que hay que observar aquí es esta posibilidad:
que el símbolo, como sucede a veces con el ser, se ha expandido
tanto que ya no significa “nada”. (Pero, ¿no
entraron--no penetraron--no llegaron los invasores por el mar?)
Las preguntas parecen ser demasiado violentas para venir de la
metafísica de un místico loco, pero hay que planteárselas
no tanto por el misticismo que lo fulmina, sino en relación
a la locura que lo torna ascua. Aun así, el erotismo “incestuoso”
del complejo de Edipo se expande cuando Matos Paoli nos dice:
“extrayendo la raíz cuadrada de la Diosa del Mar,
a la Virgen Madre que me place, / enamorar” (80). El deseo
incestuso de Matos Paoli, como veremos más adelante, termina
por estrellarse contra la idealidad misma. La modernidad de la
poesía de Matos Paoli es, pues, inmensa, pero muy violenta
para los lectores católicos y para los lectores de la “moral”
burguesa. Pero todas las preguntas y todas las posibilidades están
presentes y son posibles. Entendemos nosotros que lo que hay que
hacer es no rechazar moral e hipócritamente estas preguntas,
sino enfrentarlas en su justa posibilidad poética.
12-
Matos Paoli, sospechando, viendo o presintiendo la presencia del
otro, no dejará de sentir menosprecio hacia el poeta que
lo aborda violentamente: “Ah, poeta, tú eres eso,
simplemente eso, un / demonio de la alegoría, un idólatra,
un fiero icono, desprecio de ti mismo, de Dios, del Hijo, del
Espíritu Santo, de la Virgen María” (La
locura de la cruz, 66). ¿Está hablando aquí
Matos Paoli de sí mismo o nos está hablando de poetas
“rivales”? Este poeta, quien quiera que sea (el enemigo
ideal que lo perturba), se rebela y se manifiesta en la locura
de Matos Paoli contra la locura de la cruz y contra la locura
del deseo de Edipo que se interpone nefasta y eróticamente
entre el poeta místico y su Dios. El infierno parece haberse
convertido en el ego mismo o, por otro lado, se ha convertido
en la projimidad del otro poeta. En relación a esto María
Zambrano dice: “locura es enajenarse, hacerse ‘otro’.
. .Hacerse el que no se es sin lograr serlo” (El hombre
y lo divino, 181). Matos Paoli intenta, pues, describir a
su enemigo. ¿Es este enemigo interno, este otro objetivado
o este otro de la proyección el que se desprecia a sí
mismo, o es el enemigo que ha resultado ser el “Francisco”
de Así mi hermano Francisco de Asís? ¿Es
esto el desprecio hacia las “madres ideales” del poeta,
hacia el escándalo, hacia el incesto ideal, hacia el incesto
emocional, o es el desprecio hacia el momento en donde la palabra
se torna inútil, el momento en donde “la palabra
deja de ser palabra” y se hace “disparate” (74)?
¿Acontece el desprecio hacia el interior o hacia el exterior?
¿Acontece hacia la idealidad o acontece hacia el desquiciamiento
de la inmanencia? Matos Paoli no podrá hacer otra cosa
que “confesarse”: “Vuelve a ti, poeta, no te
desprecies tanto” (67). ¿Habla consigo o habla con
el “otro” (con el diablo)? Nuestro poeta, a pesar
de todo, sabe que se halla en medio del escándalo y dice:
“No pretendo escandalizar” (67). La afirmación
es inútil. La humildad como culpa, no ya la humildad-rebelde,
ha llegado tarde. La pregunta no se deja esperar: “¿Quién
sabe, Señor, lo que yo soy?” (54). El poeta no se
detendrá y desembocará directamente al meollo de
su escándalo: “De la abundancia del corazón,
habla la boca. / Y del infatigable saco de la nada, habla Dios”
(23). Ante ese enemigo o ante sí mismo, Matos Paoli se
halla, pese a la esposa, pese a la Virgen misma, en total soledad.
La locura lo ha dividido metafísica y psicológicamente.
Aun así, todo lo que hemos dicho no hace otra cosa que
enriquecer a Matos Paoli como poeta. Matos Paoli, loco o no, místico
o no (esclavo, Esqueleto, inexistente, deseoso, amante, espúreo
o no) es, pese a sus “caídas” y a sus escándalos,
un extraordinario poeta lírico.
13-El
mito medieval de la Virgen se moderniza furiosamente en Matos
Paoli.
14-“María,
/ mi mar verdadero en Cristo Jesús” (Así
mi hermano Francisco de Asís, 82). Y anteriormente
a esta página nuestro poeta ha dicho: “Sí,
el mar verdadero es María” (81).
15-Véase
el Cantar de los cantares y véase también el Cántico
espiritual de San Juan de la Cruz.
16-
No nos extrañaría que los críticos católicos
pretendieran desmentir esta conclusión nuestra, pero la
relación erótico-sensual de la Virgen-Sulamita está
ahí como posibilidad y como sugerencia.
17-No
hay en todo el barroco, ni en todo el misticismo, una imagen o
descripción erótica como ésa, en donde el
dardo del ángel asexual puede ser entendido como símbolo
fálico o como pene y en donde el “abrazo de amor”
puede ser entendido también como una especie de orgasmo.
Habrá que esperar a Georges Bataille y a Vargas Llosa (el
incesto) y también a Yván Silén (el canibalismo)
para encontrar modernamente esta “violencia” amorosa
con y contra la madre.
18-Véase
La madre de Georges Bataille, Elogio de la madrastra
de Vargas Llosa y La muerte de mamá de Yván
Silén.
19-Matos
Paoli, lector apasionado de San Juan de la Cruz, cancelará
la relación erótica sensual de la poesía
y dirá de la poesía puertorriqueña lo siguiente:
“La poesía puertorriqueña ha rehuído
casi siempre una postura trascendental. Es sobreabundante el vitalismo
erótico en ella” (Diario I, 242). Y añade
inmediatamente: “José P. H. Hernández. . .alcanzó
una cima patética en nuestra literatura de primer orden.
El orden religioso lo imantó. Fue nuestro primer trágico
estremecido de numinosidad” (242). Por otra parte, Matos
Paoli, pensando en Palés Matos, olvidará aquella
sensualidad hermosa de Julia de Burgos que está enmarcada
y desgarrada debido a su propia tragedia de amante extraviada.
En ésta la sensualidad no alcanzará dimensión
espiritual por la sensualidad misma, sino por la tragedia espiritual
que la desgarraba. No debemos olvidar que el amor posee dos caras:
uno que da hacia la carne y otro que señala hacia Dios.
20-Matos
Paoli ha dicho: “nuestra Sed en desafío / supo herir
el secreto del rocío” (PLP, 197).
21-“¡Aún
el agua no era! En voz amada, / me enseñaste la Sed”
(PLP, 195).
22-Detrás
de la imagen poética del “vampiro” hay un deseo
insaciado, no confesado, de beber y de “agotar” a
Dios; de serlo.
23-Podríamos
llevar esta relación de la sangre al espanto, pero no lo
haremos por delicadeza y por simpatía.
24-Matos
Paoli dirá inmediatamente: “No me importa que me
llamen anticuado, enajenado de Dios, metafísico”
(Diario II, 81).
25-El
inconsciente de Matos Paoli está ahí para ser leído
por otros poetas. Hasta el momento la mayoría de sus críticos
lo han leído mal. No hay que olvidar que la poesía
está anegada de inconsciente. Cuando el símbolo
intenta devorarse a sí mismo y cuando la oscuridad es “total”
hay que sospechar de que el inconsciente se ha hecho presencia.
En la mayoría de los poetas el inconsciente se hace lenguaje,
porque es lenguaje político censurado. Siendo ostracismo,
siendo lenguaje, el inconsciente buscará el espacio que
le corresponde en lo real y en la escritura. El inconsciente será
siempre el fantasma político de lo permitido.
26-Véase
Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios.
27-
“Hermano Francisco, yo también desciendo a los infiernos”
(Así mi hermano Francisco de Asís, 68).
Este que desciende a los infiernos no será otro que el
precito de Canto de la locura (PLP, 338). ¿A
quién, o a quiénes, se refiere Matos Paoli cuando
dice “yo también desciendo a los infierrnos”?
Se está refiriendo a Cristo, o se está refiriendo
a los poetas de la negación, del anarquismo, del socialismo,
del ateísmo que él ha rechazado católicamente,
pero ante los que también se ha sentido seducido.
28-Esta
caída acontece dentro de la caída bíblica
del Génesis, o dentro de la caída filosófica
de la ontología de Ser y tiempo. Ferry y Renault
comentan: “De ahí la reaparición constante,
en El ser y el tiempo, de la locución “je sebon”
(“siempre-ya”) para indicar que el Dasein está
“siempre -ya-caído”, o de la expresión
“zumeist und zunächst”, el ser-ahí-está-caído”
(Heidegger, 61). Más adelante Ferry y Renaut volverán
a decir: “Aun cuando la angustia parece descrita como una
experiencia excepcional en el seno de la caída, ese “sentimiento
de la situación”, se ve investido de una función
decisiva. . .la de hacer recuperar lo que se perdió en
la caída, es decir, el conocimiento de nuestro ser-propio”
(63). La angustia se convierte, entonces, en conocimiento de ser
(lo que yo soy en el ser del mundo). Este ‘ser’ escindido
de Matos Paoli tendrá dos rostros como en Jano: uno político
y otro mariano. El político intenta despersonalizarlo,
pero él se opone con esa crítica a Palés
Matos que no se suspende: “no quiero ser un culipandeo que
se exhibe en la Vitrina de la Democracia, en la compulsión
del cinismo” (La locura, 38). Y otro rostro que
busca lo mariano y el pueblo como afirmación del ser: “mi
ser es el estar” (Así mi hermano Francisco de
Asís, 192). Y más adelante dice: “de
unos años imposibles, / de unos siglos fraudulentos / que
solamente en la Virgen / Soledad, Francisco-Pueblo / puede existir
y existir” (196).
29-Albizu
Campos será el “padre ideal” de los pequeño
conflictos de la cárcel.
30-Después
de Canto de la locura la figura de Cristo irá
desapareciendo poco a poco de la poesía de Matos Paoli.
31-Propio
de todo ser viviente.
32-Aquí
la sustitución de Cristo no sólo es obvia, sino
que reabre el viejo conflicto entre el catolicismo romano y el
protestantismo de la reforma protestante.
33-La
interpretación del profesor Ciordia es hermosamente “idealista”.
34-El
profesor Ciordia, en el Simposio de Francisco Matos Paoli (San
Juan, 2002) que este servidor dirigiera y organizara, retoma exitosamente
la presencia (la obsesión o conflicto) de María
en la poesía matospaolista, pero todavía en dicha
ponencia el profesor Ciordia evita abordar el problema de la sublimación
erótica de Matos Paoli.
35-Véase
Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios.
36-Esta
incapacidad se hará manifiesta cuando la comparamos con
Las formas del vértigo (2001) del poeta Alberto
Martínez Márquez en donde la mirada y el espacio
adquirirán una significación manifiesta.
37-Véase
mi novella La muerte de mamá para que se tenga
una idea clara de ese movimiento “inaudito” de la
poesía hacia lo sacro.
38-Nótese
que Matos Paoli escribe este adjetivo con “e” (espúreo),
mientras el diccionario de la Real Academia lo expresa con “i”
(espúrio).
39-La
postura de Matos Paoli ante sí mismo es violentísima:
“soy un retardado” (Así mi hermano Francisco
de Asís, 64).
40-Anteriormente
Matos Paoli lo habrá dicho de otra manera: “¿Y
cuándo. . . dejaré de ser la marioneta. . .? (PLP,
318). “¿Para qué soy el patán. . .?”
(317). Y desde su diario Matos Paoli dice: “Casi siempre
he fracasado.” (Diario II, 113). Pero en ese mismo
tomo, como quien busca justificarse, Matos Paoli dará ambiguamente
marcha atrás: “hay fracasos gloriosos y los hay también
miserables” (240). Matos Paoli no dejará de defenderse
astutamente: “Y el enigma se logra por el refrendamiento
continuo de la ambigüedad” (242). Nuestro poeta no
dejará de afirmar la violencia y la lucidez de este Diario
II: “Este Diario mío es un fraude” (249).
41-Cumas
es la más famosa de las sibilas--Apolo se enamoró
de ella y le otorgó una pequeña eternidad.
42-Recordemos
que la madre de Matos Paoli era espiritista.
43-Pero
la gran diferencia entre estos dos poetas, además de su
poesía, de sus cristianismos (Cristo vs. María),
de las madres muertas en la infancia, del sentido filosófico
(“No quiero ser poeta filósofo”--Diario
II, 2--) será la relación o el antagonismo
de la mística y la poesía. Matos Paoli dice: “Yo
sé que la mística y la política no congenian”
(82). Para Yván Silén ambas afirmaciones, la de
la mística y la filosofía, serán insostenibles.
44-En
relación a esta problemática también debería
revisarse el poemario Así mi hermano Francisco de Asís
(1997).
45-Véase
Bajo el signo del amor.
46-El
subrayado es nuestro.
47-“Un
misticismo demasiado abstruso, como el oriental, incapacita para
la acción” (Diario II, 122).
48-Véase
mi libro Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios.
49-Véase
el extraordinario texto de Artaud, Carta a la vidente:
“Aquello que es del dominio de la imagen es irreductible
por la razón. . .Hay, no obstante, una razón en
las imágenes” (Carta a la vidente, 41).
50-Esta
lectura (Francisco Matos Paoli o la angustia de Dios,
Matos Paoli el desempleado de la política, del misticismo
y de la locura, y El marianismo esquizo) que estamos
haciendo y que venimos realizando, demuestra que Francisco Matos
Paoli está por descubrirse. Que Matos Paoli tiene que ser
leído valiente, radical y profundamente, porque su poesía,
su cristianismo y su misticismo son perturbadores. Que Matos Paoli
ha sido y ha estado cautivo por una lectura oficialista, conservadora
y reaccionaria que no ha hecho otra cosa que desvirtuar la tragedia
y el conflicto del verdadero Matos Paoli, con excepción
de la lectura establecida por el profesor Ciordia. Una lectura
que ha dejado fuera a ese Matos Paoli que por momentos atenta
contra la razón y contra la moral de la mayoría
de sus lectores católicos.
51-No
hay que olvidar que Matos Paoli escribe La locura de la cruz
en 1993. Esto nos permitirá hacer un estudio de literarura
comparada con otros poetas que hayan usado el “enamoramiento”,
la parianía, etc.
52-“Porque
yo recibí del Señor lo que también os he
enseñado: Que el Señor Jesús, la noche que
fue entregado, tomó pan: y habiendo dado gracias, lo partió
y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido”
(1era. de Corintios 11: 23-24).
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