VODKA
Fue una mañana de grandes masturbaciones.
Desperté sin haber visto el fósforo del mar
elevado por las olas
Sobre el sillón confortable,
muchachas de boca temblorina
recitaban poemas de Jalil Gibran.
Cerca de las ventanas
los jóvenes en erección partieron a otras galaxias.
Demasiadas curvas habían en sus ojos.
Mi sexo: una libélula pegada a la roca.
Buenas noches–
Les ofrecí el mineral de mis uñas blandas.
Buenas noches–
Y se fueron a toda velocidad en sus camionetas.
Para A. Candela
Muchacho,
El mundo dejó de ser una mitocondria.
Más allá de sillas y mesas,
con fiebre de insecto le silbo a las flores ciegas.
Paso corriendo por los brazos de Ray Charles, alucinada,
como flagelado en las amplias muelas del planeta.
Juro también estirarme el alma
y andar presumiendo tu genial pluma zoológica.
Albertísimo,
me atrevo a amarte,
mi verso ya tiene un ojo,
me levanto a cultivar madrugadas
y las masas me resucitan.
Un ejército de nubes ha tomado mis órganos.
Desde tus piernas ácidas contemplo nuestros alaridos
que prometen poesía
y una ojera de vía láctea.
Hagámonos gas para fertilizar la noche.
He visto a la primavera
entrar a mis pechos y erizarlos como limas de árbol
en noches de redonda luna
y he visto el motivo de la poesía
rolar entre los estambres de las flores.
He visto al fresno agitar el centro de mi vida
y llevarse el miedo.
He oído a las azucenas entonar al poeta.
La golondrina ha hilvanado su grito en las
catedrales de mi mente
y he derribado a machetazos las venas de la tierra.
Mi corazón gotea nísperos
Y ya lejos de las modernidades
el golpe del manantial
ahoga el recuerdo de aquellos malhechores
amoratándome
un día
de polvo soleado.
Textos publicados en:
Una bengala en la sangre, Vera Larrosa.
UNAM, 1994