Ayer
volví de Uruguay. Estuvimos en muchos lugares, como por ejemplo
un pueblito que se llama Valizas y que está cerca de otro pueblito
que se llama Cabo Polonio. Ahí, a Cabo Polonio, fuimos caminando,
una caminata de siete kilómetros, que dicho así no parece
mucho pero es, si son como 70 cuadras. Además no fuimos por una
calle como las de Buenos Aires o Bahía Blanca, fuimos por la
playa y por montañas de arena que se llaman médanos. Encima,
como papá fue con sus dos cámaras, paraba a cada rato
a sacar fotos, primero con una y después con la otra.
El paisaje era lindísimo, Valizas se veía cada vez más
chiquito y el mar se volvía más verde cuando nos alejábamos.
La arena era dorada y muy finita, y como salimos bien temprano a la
mañana podíamos ir descalzos sin quemarnos los pies. Antes
de salir pregunté si era muy lejos y me dijeron que no. Cuando
llegamos yo estaba muy cansada y me felicitaron porque caminé
los siete kilómetros casi sin quejarme. ¡Yo no sabía
que era tanto! Creo que fue la vez que más caminé en mi
vida.
Cuando bajamos de los médanos para ir por la playa empezamos
a ver lobos marinos muertos. Primero eran chiquitos, parecían
bebés, a mí me dio mucha lástima. Después
vimos otros más grandes, llenos de moscas alrededor y con un
olor horrible que mi hermano Agustín dijo que es olor a muerto.
Papá les sacaba fotos, no sé para qué quiere tantas
fotos de lobos marinos muertos. Lo que no me gustó fue que no
vimos ninguno vivo. Le pregunté a papá si los lobos estaban
en extinción y me dijo que no, pero no sé si es verdad,
quizá no me lo quiso decir para que no me ponga triste.
Cuando ya estábamos cerca vimos a algunos famosos. Yo no sé
quiénes eran pero mamá le decía a papá:
“mirá, ese es Germán Palacios” o “ese
es Santamaría con su mujer embarazada”. Ahí pensé
en la tía Ana, porque yo no los conocía (no debían
ser tan tan conocidos) pero seguro que ella sí y que le hubiera
encantado verlos, porque ella es así, le gusta estar cerca de
los famosos, le gusta ser amiga de ellos, y a mí me divierte
porque es tan linda, tan canchera… Ella me los hubiera presentado,
no como mamá que lo único que hacía era codear
a papá para que los mire y después criticar a la mujer
de uno que andaba en tetas por la playa.
¡Qué
cosa eso de andar en tetas por la playa! Yo sabía que en algunos
lugares se usaba pero nunca lo había visto y ahí en Cabo
Polonio había muchas que andaban así. Agustín estaba
como loco, no dejaba de mirarlas y hablaba con papá. No pude
escuchar qué decían pero seguro que hablaban de esas mujeres.
Yo le pregunté a mamá si alguna vez ella había
andado así y me dijo que no, que no le gustaba. Le pregunté
por qué no le gustaba y no supo qué decirme, sólo
dijo “porque no”. Así que no sé qué
tiene de malo andar en tetas por la playa pero mucho no me gusta, no
creo que cuando sea grande me guste ir así por la orilla, o jugar
así con mis hijos, porque encima había muchas que andaban
con chicos, y a mí me parecía un poco incómodo.
En casa mamá no anda en tetas adelante de nosotros.
Llegamos y como estábamos muy acalorados de tanto caminar nos
metimos los cuatro al mar y estuvo buenísimo. Después
caminamos al centro de Cabo Polonio y a la tardecita volvimos a Valizas
en una cuatro por cuatro que fue por los médanos. Yo tenía
un poco de miedo porque Agustín se sentó en un asiento
un poco más arriba que los demás y parecía que
se iba a caer en cualquier momento. Ese día desde Valizas a Cabo
Polonio fue el más cansador pero el más lindo. Estoy ansiosa
por ver a la tía Ana y contarle todo, mostrarle las fotos y hablarle
de los famosos. Además me quedaron algunas dudas sobre eso de
andar en tetas y seguro que ella va a poder explicarme mejor.
©Luly