Por
fin nos mudamos a Buenos Aires. Desde hace una semana vivo
en un barrio que mi mamá dice que se llama Colegiales y mi papá
dice que se llama Chacarita. Estamos muy cerca de un cementerio enorme
que se llama Chacarita así que supongo que mi papá tiene
razón y que el barrio también se llama así. Estamos
cerca de la avenida Corrientes, pero en una parte muy fea, nada que
ver con la que conocí en las vacaciones.
El
domingo mi papá me llevó a un lugar rarísimo (siempre
me lleva a lugares rarísimos, porque con la excusa de sacar fotos
dice que hay que meterse en todos lados, pero todos esos lados no son
todos, son siempre los que a él le gustan). Ese lugar queda cerca
de mi nueva casa, que en verdad no es casa, es departamento y es una
lástima porque las casas son más lindas que los departamentos.
Ese lugar sí es una casa, queda en la calle Giribone y se llama
Giribone (parece que este barrio es así: si el barrio se llama
Chacarita el cementerio se llama Chacarita, si la calle se llama Giribone
el lugar donde fui con mi papá se llama Giribone).
Cuando
llegamos, vi que en el patio había percheros con mucha ropa divetida
para disfrazarse. Adentro había catorce hombres sentados en las
sillas. Todos tenían instrumentos, no sé bien cuáles
porque estaban guardados en las fundas, aunque después los sacaron
y casi todos eran instrumentos dorados de los que se soplan. Había
otros cinco hombres en una especie de escenario muy bajito. Parecía
el comedor de una casa, pero había mesas y sillas como en un
bar. Mi papá me dijo que íbamos a escuchar yas (mi mamá
me deletrea porque dice que no se escribe así, que se escribe
jazz), una música muy especial. El lugar era rarísimo
porque tenía luces de colores y muchos cuadros en las paredes.
Los cuadros no eran como los que se enseñan en la escuela, yo
creo que la de actividades prácticas les pondría un insuficiente,
porque los dibujos no estaban bien hechos.
En
la pared también había carteles y fotos. Cuando le pregunté
a mi papá qué quería decir no al alca él
me dijo que era muy complicado y que me lo iba a explicar otro día.
Odio que mi papá me quiera explicar las cosas otro día
porque eso quiere decir que en verdad no me las quiere explicar. Lo
que sí me contó es que la foto enmarcada del hombre barbudo
era la foto de un escritor muy importante que se llamaba Julio Cortázar,
que en unos años seguro voy a leer cosas de él y que me
va a gustar, porque a mí me gusta mucho jugar y a él también
le gustaba. No entendí bien eso, pero no le pedí que me
lo explique porque ya empezaba la música.
Por
lo que vi el domingo en Giribone, el jazz es una música difícil
de aprender y tararear después porque cambia todo el tiempo.
Lo que me di cuenta es que a esa gente le gustaba mucho. Todos miraban
con atención y cada tanto alguno sacaba de la funda su instrumento
y se ponía a tocar, así nomás, sin importarle estar
abajo del escenario. Eso nunca lo había visto, porque en otros
recitales los músicos estaban en el escenario y el público
miraba desde las butacas, cada uno en lo suyo.
Cuando
empecé a aburrirme (la música también era rara,
aunque en un momento me gustó y mi papá me dijo que era
una parte romántica. Creo que mi papá quiere que sea romántica
pero yo no sé si soy), bueno, cuando empecé a aburrirme
apareció un gatito. Yo lo había visto antes durmiendo
en las piernas de un hombre. Después se fue a los brazos de otro
y cuando me vio vino conmigo y lo alcé. El gato ronrroneaba y
dormía. Mi papá me acarició la cabeza, señaló
el cuadro de Cortázar y dijo que todo eso (la música,
el gato, los cuadros, los carteles y las luces puestas como estaban)
parecía un cuento de Cortázar, que nos miraba desde la
pared. Dijo eso, me abrazó fuerte y volvió a mirar al
escenario. Yo no entendí bien, pero supongo que cuando lea esos
cuentos voy a entender y además mi papá casi siempre tiene
razón.
©Luly