No
sé por qué Rosario, ciudad cuna (cuna de la bandera,
cuna de artistas, etc.), deshereda a sus hijos, se presenta como madre
cruel, abandónica. Hay que caminarla con cuidado, porque, como
dijo uno de sus hijos exiliados, "tiene todo para ser la ciudad
ideal", pero detrás de esa idílica apariencia, se
esconde un conservador asesino de la magia.
Es
una de mis experiencias preferidas regalarme el futuro recuerdo de vagar
en atención flotante por la ciudad. Me deslizo en una especie
de sueño sobre sus extrañas texturas. Me dejo llevar por
mi corriente; es la combinación ideal para un domingo de soledades
(ni hablar de la excelente excusa que suelen ser los perros para hacerlo
en días de semana, cuando uno "debería" estar
en otro lado, o haciendo otra cosa).
Es
en esos pequeños rincones de verdad que aparecen ellos, los personajes
escondidos, esos que nos conmueven hasta hacernos parir las lágrimas
más memorables. Y por más que Rosario se empecine en domeñarlos,
esconderlos, asesinarlos y los hunde cada vez más en sus profundidades,
siempre ha sabido crear los más originales de estos seres.
Generalmente
solitarios, generalmente humildísimos, generalmente en algún
lugar poco llamativo, allí están y allí dejarán
de estar.
Desde
Cachilo, el linyera poeta y filósofo, hasta una numerable pero
infinita cantidad de sabios (de los de veras!!), artistas en todo lo
que se puede ser artista, filósofos, inventores. Es tan rico
conocerlos, tan vital. Me duele pensar en toda esa gente que pasará
sin compartirse, sin llegar a ser "conocidos", en todos esos
tesoros de riquezas incalculables que se llevarán consigo cuando
partan hacia ese lugar o no lugar tan controvertido.
Pasan
sin ser percibidos; se mezclan entre los escombros de una ciudad que
está "cambiando su cara" para un congreso. Pasan mientras
atendemos nuestros celulares, mientras corremos de aquí para
allá para llegar a algún lado, supongo, si la lógica
no me engaña.
Y
son ellos en realidad quienes dan vida e historia a esta ciudad de aire
caliente y húmedo, de largas siestas y prejuicios; así
como es nuestro propio personaje oculto quien nos da vida, esa vida
que nada tiene que ver con la biología.
©la
rusita