Hay un
padre en el Congreso. Las cámaras de televisión
muestran a dos hombres que toman nota, miran bajo sus anteojos en
una colina de carpetas —parece como si tuvieran que hacer investidura
del interior parlamentario. Son padres. El padre de Axel y el padre
de la novia. Como una instancia de control popular. Llegó la
hora. Dicen que ahora los diputados se quedan más tiempo que
en sesiones anteriores. Las cámaras transmiten el debate con
los padres como conditio sine qua non. El padre de Axel figura en
una encuesta sobre “imágenes de dirigentes” publicada
al domingo siguiente. Recibe la imagen más valorada después
del presidente de la nación, unos puntos por delante de la
mujer del presidente.
Llegó la
hora del padre en la Argentina. Llena el vacío en el centro
de la clase política y las demandas de otros. No se puede pensar
el ascenso del padre de Axel sin los medios de comunicación.
Obvio. Y sin las maniobras de círculos que denominan como la
“derecha”. La primera vez que titiló por las pantallas
fue la segunda noticia del día. Fue el 24 de marzo. El día
en el que terminó algo y empezó algo nuevo en el terreno
de la ESMA. El Presidente de la Nación habló de la culpa
del estado y su silencio frente a los crímenes cometidos y
callados durante tantos años. Pidió perdón frente
a Madres, Abuelas e Hijos que en todos estos años no dejaron
de levantar el ánimo y la voz. En este día se abrieron
las puertas del que funciona como símbolo del infierno humano
más siniestro en la Argentina. Un símbolo que representa
como ningún otro la historia nacional abarcando la topografía
del lugar, la semántica del horror, la indiferencia social
y la complicidad oportuna.
El Presidente
de la Nación habló después de dos hijos que nacieron
en cautiverio. El estado dio cita frente a su deuda histórica
y dejó bien claro que hay un compromiso del presente con su
pasado, que nada se puede erigir sin luchar contra la impunidad existente
en el seno de una sociedad democrática. A medida que fue desapareciendo
la noticia sobre la ESMA, a lo largo de la noche los medios levantaban
los sollozos del padre de Axel. Que este dolor sea la actualidad,
lo otro es historia. Corrieron la imagen, el grito desolador hizo
calmar y vibrar los ánimos en esta misma noche en la zona norte.
Los reclamos en
los últimos treinta años no han cambiado. Fueron las
madres en la Argentina que se enfrentaron y siguen enfrentándose
con el aparato, con militares y policías, con jueces y políticos,
con una sociedad que no les hizo caso. Mientras los gritos de las
Madres dejaron muda a la sociedad durante largo tiempo, los sollozos
del padre movilizan ahora —según aclaran— a la
zona norte. La geografía determina. Y con ella, como se aprende
a tiempo, la ropa, el color del cabello y la piel. Ha llegado la hora
de la clase potente para tomar la palabra “Justicia”.
La noticia que
desplazó el acto en la ESMA no llevará consigo consignas
muy nuevas. "Justicia", "lucha contra la impunidad",
"verdad", exigidas con dolor, a grito, con desesperación.
Durante algún tiempo las llamaron “Las Locas”,
hoy se las reconocen, en una gran parte, como las Madres que a lo
largo de tres décadas han luchado por los elementos básicos
del estado constitucional. Los crímenes de hoy se inscriben
en la escritura de ayer. La continuidad de un pasado reprimido.
Pero se impuso
otro orden de las cosas. Aunque fueron noticias muy próximas
(geográficamente, por ejemplo, no son muchas las cuadras que
las separan en la avenida Libertador), parece que es indispensable
entender la segunda sin que haya existido la primera. La voz del padre
de Axel desplazó, en esa misma noche, el evento al que el día
designaba como cambio profundo. Las palabras frente a su casa en zona
norte encuadrarán el discurso que dominará las semanas
siguientes: “Hijo, tenía todo por delante, estudiaba,
todos lo querían.” Acerca del compromiso con las marchas,
dice otra voz, "el que no asiste, está en casa participando
con la vela frente a la tele". Una misa estilo country. Con segregación.
Explican a dónde pertenecen. Ropa, barrio, zona. Con velas,
con coro, orador, parroquia y oración: “Para una Argentina
mejor, para todos los argentinos. Por nuestros hijos.” Todos
somos nosotros.
¿Faltó
algo? El padre de Axel visitó a un ex-futbolista. Las consignas
circulan de manera abrumadora. “Para salir adelante.”
“Por nuestros hijos.” A veces muere “otro”.
Pero este es otro chico, otra cosa, otra historia. Por ahora, todos
somos nosotros.