Mi
perfil no daba para cuidar nenes. Cajero. Tenía que
firmar un contrato. Firmé el contrato. Tenía que ir
al médico de la empresa hacer el curso de cajero ningún
problema no daba más quería irme el olor a desesperación
amargura tragedia familiar tanta gente apilada tanta humanidad tanto
nacimiento inútil condenados casi todos a una vida achatada
por puras circunstancias nada del otro mundo vida de pobres, el mundo
siempre trajo pobres y los mató más rápido, naturaleza
de la reproducción, nacen tantos mal alimentados desde el útero
mal alimentados en la infancia muertos de miedo, sin entender nada,
los veía en las colas la mitad o más de la mitad de
ellos, los pobres, al enfrentarse a una ventanilla con su eterna resignación
de esclavo mareados sin llegar a entender “mi patroncito mi
patroncita usted manda” falta de alimentación falta de
cobija tirados en un pozo cualquiera una mierda de vida, vida de colas
en hospitales en bancos en la obra social, y ellos sin entender nada
40 o 50 años haciendo trámites que no entienden mareados
sin saber qué hacer, no hay más que pobres en las colas,
al hospital público al P.A.M.I. a la guerra con los pobres
mareados de acá para allá sin medios para prepararse
para defenderse a tanta humillación a veces quizás mostrar
los dientes y morder a otro pobre pero nada más, solamente
más pobres en las calles, solamente colas más largas
de pobres, solamente filas de condenados apilados apoyados en la pared
esperando al pelotón que los fusile, quizás hoy quizás
mañana, esperando la muerte o el perdón. Al llegar a
la ventanilla les hablan de firmas y formularios y ellos sin entender
solamente quieren el perdón, que no los reten tanto “está
bienbuenobuenobueno” repiten sin parar, quieren irse, yo quiero
irme “está bienbuenobuenobueno” digo sáquenme
de aquí, el médico y me voy. Ya se termina Dieguito.
Calmate.
Pero
no quería terminar. Un grandote en una nueva sala de recepción
te miraba de reojo medio mal medio bien mientras te recibía.
“La cosa es así, soy como tu papá, te puedo abrazar,
o te puedo pegar”. A mí me tocó abrazo. Bastante
largo el abrazo. “Ya está macho de tocar que te puedo
denunciar”. Por una puertita veías salir a los contratados
con una cara de orto terrible. Cada vez que salía uno de esa
puertita Papá dejaba pasar a uno de nosotros. Después
de una hora de espera me tocó cruzar a mí. Al otro lado
de la puerta había otra sala de recepción. Un tipo nos
registraba en su computadora. Era como la quinta vez en el día
que decía mis datos. Empezaba a dudar de mi existencia. Había
algo de irreal en todo esto. “Que no puede ser no paran de venir
yo 7 o’clock me voy”. Decía el recepcionista la
concha de tu madre minga te vas a ir bebé pensaba yo ¿Le
duele algo al nene? ¿Más arriba? ¿A la izquierda
o a la derecha? Cuando llegaba a casa el bebé se ponía
musiquita de Miles Davis mientras miraba por la ventana. Generalmente
en la calle no pasaba nada. Una vez había visto como asaltaban
el kiosco de enfrente. Lo robaban unos nenes. 15, 16 años.
Él a los 16 años iba a los recitales de La Máquina
De Hacer Pájaros, él dos años después
estaba empezando la facultad de medicina, él ahora miraba a
esos chicos como los miraba todos los días, porque los chicos
que robaban a mano armada el kiosco eran los mismos que paraban todos
los días ahí a tomar cervezas. Eran amigos del kiosquero.
Vivían en el mismo edificio. Estaban tan drogados esa noche
que lo único que podían afanar era la puerta de su casa.
Por suerte vino la policía y los cagó a tiros opinaba
el bebé el doctor, que trabajaba de recepcionista, los mató
a todos. A uno lo remataron en la vereda y nadie se quejó.
Ni su amigo el kiosquero. Ni su mamá. Ni su papá. Ni
nadie. Y él no se iba a quejar tampoco. Más tranquilidad
al volver muerto del laburo. Mejor panorama al no ver a los pendejos
por la ventana. La expectativa de quizás salir a caminar con
la calle más segura. La trompeta del negro, Miles Davis, parecía
más alegre incluso. Empezó a tararear una melodía
de trompeta. Mejor que la canción del negro mamón era.
Pero yo ya no podía más. La gente ya no podía
mantener la postura. Camisas salidas del pantalón, gente ya
despeinada, mareada, como borracha. Primero te preguntaban si tenías
6 horas de ayuno. Todos tenían 6 horas o más de ayuno.
Todos habíamos estado esperando horas sin comer ni beber. Empezaba
a entender el manejo del ganado. Era preferible que esperemos más.
Lo tenían calculado. Después de tanta espera estábamos
listos para la extracción el análisis de orina la revisación
sumisos entregados al sistema Clo-clo. Sistema inapelable en su efectividad,
aunque un tanto inhumano. Te quitaban sangre, esperabas un rato y
meabas en un tarro... Después esperabas un poco más
y te revisaban. Yo estaba esperando que me revisaran. El tiempo no
pasaba más. No sabía ni cómo había llegado,
no me acordaba del todo cuándo me habían llamado para
revisación, pero estaba ahí, sentado en la camilla.
Boca arriba boca abajo estetoscopio presión “mire esas
letras las más grandes las más chiquititas” que
qué leo acá y acá también “todo
bien bájese los pantalones los calzoncillos permiso meto la
mano aquí permiso aquí también, ¿duele?,
pero que chiquitito que se puso no sea tímido que ya se va”.
Escupido de la revisación me fui a mi casa. En el piso del
baño había un murciélago muerto. Unas hormigas
le comían la cara. Estaban cubriendo de a poco todo el cuerpo
muerto. Mojé al murciélago. Las hormigas salieron disparadas
mientras yo las pisaba. Me sentía un nene. El contestador me
pedía que fuera a Omnitite para una nueva entrevista. Basta.
No más por hoy. Dejé al murciélago tirado y salí
a caminar. El lago del parque Centenario estaba vacío. Mucha
gente con frío, acurrucada en su banco su rincón al
resguardo del sol. Un viejito trataba de levantarle la pollera a su
mujer. Se asomaban las piernas llenas de manchas negras y várices.
La vieja coqueta se la volvía a bajar y codeaba al viejo. Que
espere a llegar a casa. Pero el viejo no quería esperar. Se
estaba propasando. Una violación “¡Violador!”
Gritaba la vieja llorando. El viejo con la bombacha en sus dientes
y una mano en la boca de su mujer trataba de acomodar el pedazo. Una
erección a su edad. Hay que aprovechar. Ella lo iba entender.
En cuanto consiguiera meterla. Frígida de mierda. Y es que
el tema venía de antes cosas cotidianas, desgaste con los años
todos los días veían a la misma persona con alguien
tenían que descargar angustias culpar a alguien sueños
no realizados que nunca hubieran realizado de puro vagos nada más
que pachorra aburrimiento, y ella no era ninguna santita, me lo estaba
explicando tesito en mano mientras el marido se daba un baño
helado, no me dejaba ir, después de meterme en asuntos de pareja
no me puedo ir así nomás, yo era el héroe de
la tarde para la vieja, tenía que enterarme de todo, me guste
o no, sí o sí viendo la dentadura floja en la boca de
doña Etelvina, señora de Vergara, terrible bruto, y
jugador. Hacía 37 años Etelvina se casaba con el Sr.
Vergara por razones económicas que no me quiso aclarar, hace
33 años que viven en la miseria, desde entonces Etelvina intenta
asesinar a Vergara, que parezca un accidente, jabón en el piso
de la ducha, comida con mucha sal, cosas así. Vergara salió
del baño más relajado. Ya era el segundo pajero que
me encontraba en un día. Gente grande ¿Que le costaría
al Sr. Vergara ir a una tanguería y levantarse a una viejita
y así dejar de importunar a doña Etelvina? Porque ya
me recalenté. “Deje en paz a la señora o voy a
verme obligado a matarlo”.
Después
de dos patadas entendió. Me invitaron a que vaya otra vez a
tomar el té cuando tuviera tiempo.
Todavía era de día cuando salí de la casa de
los Vergara. Las nubes grises dejaban asomar al sol rojo del atardecer.
Caminé por Marechal hasta Ferrari. Por esos días estaba
leyendo Adán Buenosaires. Me daba cuenta que era imposible
describir a Villa Crespo tan bien como lo había hecho Marechal.
Pero no me quedaba otra. Nací en Villa Crespo. Pasé
mi infancia en estas calles y no sería muy triste para mí
morir acá. Donde vivo. La continuación de Ferrari es
Lavalleja. Mi casa queda casi en la esquina de Camargo y Lavalleja.
En este barrio pasan viejos chiflados comerciantes judíos que
se fueron a la “B” linyeras de toda la vida hay gente
buscando basura en las calles y tiroteos en el supermercado que queda
a dos cuadras de mi casa. Quizás mataron al cajero quizás
a un ladrón. Con suerte un policía fue herido. No se
puede decir que la policía de este barrio moleste tanto como
la de Palermo, por ejemplo, pero siempre es molesto verlos pasar,
siempre tiene algo de retrasado de obsceno de brutal un policía
con 15 años o más en servicio cuando está sonriendo.
No hubo policía con el que halla charlado a gusto. Siempre
que me tocó hablar con un cana fue en una comisaría
tratando de hacerme amigo para que me suelten antes, o con un ex policía;
generalmente merquero en rehabilitación. Y todas esas charlas
baratas me dejaban un gusto agrio en la garganta estómago seco
boca dura risa falsa hombros pesados de mierda escupida exudada por
el oficial, el ex oficial que cuando entraba en confianza la charla
el tema giraba alrededor de la culpa, la falta de culpa, la mierda
de mundo que nos toca vivir, ellos no fabrican pobres que después
se hacen chorros violadores putos, ellos no tienen la culpa de que
el sistema legal sea tan lento, por eso tienen que matarlos tirarlos
en una zanja nadie los va a llorar, y yo mientras escucho “sí,
sí por supuesto”, yo mientras escucho miro el reloj en
la pared de la comisaría, ahora estoy en la comisaría
de Paso del Rey es sábado ya me perdí la mitad de la
noche escuchando los consejos de los policías. Están
duros y quieren hablar, también quieren coger. Van a buscar
putas al puente. Van a buscar más merca a la villa. Que lo
hagan rápido que me quiero ir. Insisten en llevarme con ellos,
mi amigo Raúl en cana conmigo quiere ir, tengo el sí
fácil la puta que lo parió a Raúl estoy sentado
atrás en el patrullero. Las putas prometen cogernos a todos
si vamos a lo de Julián a buscar merca. Los canas y Raúl
quieren que les hagan una mamada por lo menos antes de irse. No consiguen
nada. Estamos yendo a lo de Julián cuando un grupo de gente
amontonada grita alrededor de una casa. Antes de poder esquivarlos
ya están rodeando la patrulla. Una mujer llorando tiene sangre
en la cara en la ropa en las manos. Una de las dos chicas muertas
está atada a una silla. La otra repartida en pedazos por toda
la casa. No es reciente. Un tufo terrible. La mujer que lloraba era
la madre de una. A esa yo la conocía. Hacía un montón
que no sabía nada de ella. Nunca supe si agarraron al que lo
hizo. Los canas querían la merca de Julián, pero no
podían ir a buscarla. Raúl quería tomar y se
ofreció a ir conmigo de parte de ellos. No se perdía
nada. Ahí estaba yo, repelotudo yendo con Raúl a la
concha del mundo a buscar una merca que no nos iban a dar. Raúl
estaba contento de que lo acompañe. Nos podían matar
solamente por caminar en esas calles, decía Raúl. Me
quería asustar, me hablaba de uno que se la tenía jurada
por una historia con una mina. Yo me reía y Raúl se
empecinaba en describirme lo grande y jodido que era el tipo en cuestión.
A cagar con Raúl con las putas la cana la merca de Julián
las minas muertas la noche de mierda con toda la mierda de Paso del
Rey todo Gran Buenos Aires que nunca me gustó. Yo me voy. A
Raúl la idea de que lo deje solo no le gustaba. Que me voy
a perder en este barrio que me van a matar que uno ya me tiene visto
me la tiene jurada. No le gustaba andar sin alguien con quien hablar.
Un nene caprichoso. Un cagón que no puede estar solo con su
cabeza. Un buen tipo también. Tierno sentimentalozo fiel a
su manera talentoso para sobrevivir. Si le hubiera tocado ser un chico
de la calle le hubiera ido bastante bien dentro de todo. Le gustaba
la calle. Le gustaba hablar de coger más que coger. Le gustaba
más hablar sobre drogas que drogarse. Se agrandaba al hablar
de él y se tiraba para abajo en la vida diaria, a la hora de
hacer las cosas bien. Nunca iba a salir del barrio. Yo sí.
Y eso nos enemistaba por momentos. Cuando por fin lo dejé esa
noche era uno de esos momentos. Casi nos agarramos a trompadas. Nada
que arreglar. Cuando digo me voy me voy. Llegué a mi casa en
Moreno caminando dos horas después. Hecho mierda y con el sabor
agrio amargo que me deja un cana cuando está cerca. Mierda
caminando con cierta autoridad. Mierda mi casa en esa época
que viví en Moreno. Pero ya está Diego las primeras
estrellas que aparecían sobre Villa Crespo me tranquilizaron
un poco. La gente volvía de su trabajo. En unos pocos días
yo iba a ser uno más amontonado en el colectivo. Tenía
que empezar el curso en dos días. Tenía que volver a
Clo-clo casa central otra vez. Tenía que caminar. Despejarme.
Dormir en la vereda. Como el tipo que estaba acostado en el banco
de la plaza Benito Nazar. 42 años. Dos carreras. Bioquímico
y arquitecto. Los martes se escondía en un rincón del
cementerio de Chacarita. Delante de él estaba la tumba de su
mujer. La charla que tenía con ella era cortada y tonta. Había
unas fórmulas que se le repetían. Pero cómo callarlas.
Cómo parar. Las gritaba y se arrancaba los pelos revolcándose
en las piedritas rojas de la plaza. En un rato se lo iban a llevar
a la comisaría. Pobre Pedrito. El loco Pedrito de Benito Nazar
con 71 años “aguanta no se muere más”. Mientras
lloraba me abrazaba estiraba mi camisa. Era tarde y yo sin volver
a casa. Si pirara como Pedrito. Si me animara a la total alienación.
Un paso más y dejarme ir sin miedo son los golpes en la puerta
son la muerta sin ojos las imágenes confusas y ya está.
Igual a Pedrito él que notaba en mí el parentesco la
hermandad siempre se me pegaron los locos los marginales. Siempre
a un paso y caer. Siempre un paso atrás casi dejándome
convencer por sus desvaríos compartiendo sus juegos suicidas
de eternos adolescentes, para qué tanto dolor para qué
tanto desconsuelo, quizás del otro lado, pero Pedrito no se
ve muy bien pero los locos las chifladas que me sedujeron las chifladas
con las que me encariñé los chiflados mis hermanos de
un tiempo hasta ahora la ruta que recorrimos fue siempre recta. El
camino por confuso que suene, como lo explico es como fue, terminó
recto sin cambio real. El panorama siempre fue el mismo. De una pared
a otra. El sistema de los hombres nos llevó siempre para acá
o para allá. El corral de los marginados es muy chiquito muy
pocos quieren entrar. El corral el zoológico el cerco de contención
no molestar al mundo real hacé lo que quieras hasta acá
hacé lo que quieras hasta allá. Un poco más el
hospicio. Y si querés un poco más todavía te
vamos a matar. Primero te recordamos cual es tu lugar. Después
te quedás solo. Sin ningún tipo de apoyo ¿Estás
llamando a tu mamá? ¿Creés que mamá te
puede sacar de acá? ¿Para qué creés que
mamá te trajo al mundo? ¿Para hacerte el vivo? ¿Querías
hacerte el piola? ¿Sabés lo que hacemos con los nenes
inteligentes? Nosotros hacemos mierda de inteligentes. Caquita de
inteligentes o te gusta lo que tenés o no tenés más.
No hay más allá, y si hay más allá el
camino está cortado. Muerto o loco antes de más allá.
Si te la das de loquito te queda el corral. Caminá para un
lado caminá para el otro pero no pidas más...
La
noche, poco estrellada, limpia, me distrajo un poco más antes
de decidirme a ir a mi casa. De la esquina de mi casa a la plaza Benito
Nazar hay un trecho. Por qué me decidí a no entrar por
qué terminé en la plaza por qué Pedrito don Vergara
por qué Paso del Rey por qué tanto para todos lados
si siempre la misma cosa nada del otro mundo muchas mentiras me aprovecho
de vos un poco menos un poco más “la verdad que se ha
portado muy bien conmigo un auténtico caballero” quién
me dijo eso, quién opinó eso de mí, el mismo
que me trató de borracho de cagón de mierda. De un señor
a un mierda, esto... nada... uno o dos o tres pasos para que diga
la misma persona lo mejor o lo peor de vos. Todo según la conveniencia
el poder nada más que la pirámide humana el de más
abajo huele el culo al de más arriba pero cómo me dejó
Clo-clo del orto tanta humillación se empezaba a sentir recién
empezaba y empezaba mal, no fui a casa porque en casa estaba mi mujer,
no fui a mi casa porque nada como mi vida con mi mujer nada más
hermoso que su sonrisa nada más hermoso que las charlas que
hacer el amor con mi mujer, nada en mi vida estaba tan mal desde que
apareció mi mujer, solamente la mierda que había tragado,
los años que había pasado no se iban así no más
y Clo-clo apareció ese día para recordarlo. La mugre
es tanta. Y me sentía tan solo al recordarla que no pude entrar
a mi casa así nomás. Necesité rodearla. Echarle
una miradita superficial aunque sea a mi pasado. Nací en estas
calles y pasé muchos años por muchos lados antes de
volver. Es justo querer entender algo de lo que pasó. “¿Fue
un sacudón? ¿Fue un viento y qué viento él
de acá para allá y para qué y por qué?
Dieguito ya está pasando cuando ella te abrace apoye su cuerpo
nada más que un cuerpo el que vos conocés el que vas
conociendo cuando estés con ella baño de inmersión
y ya está. No hay por qué ser tan melodramático”.