Martín
Mazora, filósofo y, sobre todo, hereje, si por buen
cristiano tomamos a quien es capaz de arriesgar -sólo- su propia
vida por el prójimo.
La primera
novela de este autor, María Magdalena condenada, editada
por Simurg es a la vez una protesta contra el mundo y un juramento
contra el cielo, “¿cómo entender que una entera
civilización haya aceptado la imagen del hijo crucificado,
resignándose a la idea del abandono paterno y que incluso haya
sublimado semejante desamparo haciendo de la cruz el emblema del amor
divino?”
Filosofía
y Letras
Teniendo
en cuenta que vos venís de la filosofía, ¿cuál
es tu acercamiento a la literatura y cómo surge tu escritura
como práctica literaria?
Mi formación
en filosofía tiene una particularidad y es que yo no me dediqué
a leer literatura hasta hace más o menos ocho años.
Yo creo que debo ser un espécimen raro entre la gente formada
en filosofía, porque casi no hay quien no haya abrevado en
la literatura. Y ahora descubro todo lo que se pierde con esto, al
no tener una base literaria, porque la literatura trabaja con la racionalidad
de la metáfora, de la simulación, trabaja en base a
ambigüedades y a intuiciones, y la filosofía en ese sentido
es mucho más pobre, entonces me doy cuenta de lo mucho que
se pierde no teniendo ese trasfondo u horizonte literario. Pienso
también que a mucha gente formada en filosofía le debe
resultar difícil distinguir cuánto le debe a la filosofía
y cuánto a la literatura.
También está esa provocativa sentencia borgeana
de que la filosofía pertenecería en realidad a un género
de la ficción.
No, sin entrar
en eso. Creo que cada una tiene su identidad, pero la literatura te
da una mayor gama de posibilidades cognitivas, en cambio la filosofía
sólo hace pie en unas pocas aunque más rigurosas.
¿Qué
diferencia en cuanto a dificultad de escritura encontraste con tus
libros anteriores que eran de ensayo filosófico?
Bueno, este es
mi primer libro de literatura, que comencé a escribirlo en
1997… el ensayo, en realidad, no tiene un problema de escritura,
o por lo menos, la escritura no constituye un problema fundamental
como en la literatura. De modo tal que yo no tengo una experiencia
literaria, mi ingreso en la literatura coincidió con la escritura
de esta novela, a partir de esta novela.
O sea
que el tema de María Magdalena te convocó a la escritura
y no al revés, no buscaste un tema para escribir sino que este
tema te encontró…
Exactamente.
La historia de la novela comienza con un ensayo sobre un trabajo de
Hegel que se llama “El espíritu del cristianismo y su
destino”, un trabajo juvenil de 1798, polémico, original
y muy fecundo como todo lo que hizo Hegel. Yo hago una crítica
de ese trabajo desde la teología de la liberación, en
1992. Luego leo el “Evangelio según Jesucristo”
de Saramago y a partir de ahí esa crítica tomó
un nuevo impulso. Ya al promediar la lectura de la novela de Saramago,
sentí la necesidad de escribir mi propio evangelio, paralelo
al de Saramago. Entonces empecé a leer otros evangelios novelados,
como el de Mailer, Kazantzakis, empecé a consultar libros y
enciclopedias sobre la vida y las costumbres de la antigua Palestina,
y en general a leer novelas.
¿Cuál
es tu vínculo personal con la religión, tuviste una
formación religiosa?
Sí, claro
fui a un colegio primario y secundario católico. Siempre fue
problemática mi relación con la religión. Dios
siempre fue un problema para mí. Pero también pienso
que la esencia de un alma religiosa es así, debe ser problemática,
la búsqueda supone no tener claras las cosas. Cuando aparece
la claridad quiere decir que hemos caído en el fundamentalismo
o en el engaño, de modo tal que la novela parte de esa búsqueda,
con la pretensión de introducir la incertidumbre en el alma
religiosa, no se trata de introducir la incertidumbre en el alma,
en el sentido de preguntarse si existe o no Dios, sino de obligar
al alma religiosa, que cree en Dios, a hacerse cargo de la incertidumbre.
Elogio
de la herejía.
Hay una
incitación muy fuerte que recorre tu novela y que al final
se convierte en todo un alegato que sería que todo hombre que
se precie debe escribir su propio evangelio, ¿esta premisa
la tomás como una reescritura de la religión como legado,
o la tomás como una búsqueda personal por encontrar
una figura propia de la divinidad?
Bueno, creo que
son las dos cosas. La idea es que no hay recetas ni caminos trazados
y que los caminos pueden ser de lo más inverosímiles.
Creer que hay leyes, mandamientos y que si son cumplidos, uno obtiene
la salvación o el premio es un tanto ingenuo.
…
y hereje, como alega tu novela…
Sí, sí,
la idea que se acepta en general en la tradición cristiana
de que dar la vida por el prójimo es lo máximo que un
hombre puede dar, bueno, es un tanto pobre… esto puede ser para
un ateo, para quien dar la vida es darlo todo, pero para un alma religiosa,
en cambio, es casi un buen negocio, porque uno a cambio de unos años
obtiene la eternidad. Entonces me parece demasiado sencillo ese planteo,
creo que en realidad es más complejo. La novela, justamente,
quiere indagar en esa complejidad, o mostrar un posible camino, más
arduo. Es un camino esperanzador, pero como está teñido
de incertidumbre, al mismo tiempo es un camino de angustia.
¿No
podría ser considerado herético (al menos desde una
visión ortodoxa) la posibilidad que vos planteás que
Jesús sólo sea un “Alma Bella”?
El concepto de
Alma Bella es muy rico, y es, desde luego herético ya en Hegel.
Es una figura originaria del Romanticismo alemán, en la cual
se sintetiza lo universal y lo particular. El Alma Bella es esa conciencia
singular que sabe que ella es una manifestación de lo absoluto,
que Dios no es un ente trascendente a los hombres y al mundo, sino
que es inmanente a cada conciencia particular y, en ese sentido, esa
Alma Bella ve en el otro no a un otro, sino a una manifestación
de ese absoluto o divinidad, a un posible rostro de Dios, esto vale
incluso cuando el otro es el enemigo. Por eso, en Hegel, el Alma Bella
perdona todo, siempre, porque para ella perdonar es perdonarse. En
la novela, claro, hay una desviación respecto de esta lógica.
Quería
preguntarte sobre lo estilístico: ¿por qué las
dos voces en la novela, una que enuncia como si fuese un evangelio,
narrando siempre en presente y otra que apela a un lector que ya conoce
el o los evangelios y dice “como todos sabemos lo que pasó”,
etc.?
La novela juega
de manera conciente con enunciados de tres tipos, unos más
descriptivos que tienen que ver con los cosas y las costumbre del
momento, como los peligros a los que estaban expuestas las mujeres,
antes y después del matrimonio, el papel de la piedra en la
cultura, las situaciones en que los israelitas bendicen a Dios porque
sus actos cotidianos están atravesados por lo religioso, en
fin, todo lo que hace a describir la antigua Palestina. Después
hay un segundo discurso que tiene que ver con la reflexión
o el ensayo, que son cuestionamientos en los que se suele interpelar
al lector, y finalmente otros pasajes que son abiertamente ficcionales,
aunque siempre con el trasfondo del texto bíblico, a veces
como una manera de darle verosimilitud, y a veces también para
resignificarlo. En este sentido, la novela presupone el conocimiento
de los Evangelios. Si alguien desconoce por completo la Biblia no
podría entender cabalmente el sentido del planteo de la novela.
De la
insatisfacción como génesis.
Estamos
acostumbrados a que la tradición cristiana remarque la violencia
que sufrió Jesús, a ver las marcas de esa violencia
en su cuerpo, pero nunca como en este texto ví la violencia
tan acentuada en otras figuras. María Magdalena, por ejemplo,
abre el texto con una escena de asesinato donde es ella quien ejerce
la violencia sobre un otro…
Bueno, para contestarte
de una manera personal, te diría que yo, en general, no estoy
conforme con esta vida, creo que podría ser mejor de lo que
es, y en ese sentido siento el derecho a protestar. Soy
un hijo de los Balcanes, descendiente de yugoslavos, eslovenos; soy
un hijo de los Balcanes de los de allá y de los de acá,
porque Yugoslavia y Argentina tienen o tenían mucho en común,
se podrían trazar muchos paralelismos y en ese sentido también
tengo sobrados motivos para protestar contra el cielo. Podemos decir
incluso que tiene que ver con la idea del sufrimiento como una característica
inherente a la vida, la vida que para perpetuarse tiene que sacrificar
otras vidas, … a tener que matar para vivir como lógica…
creo, en ese sentido, que la vida podría ser distinta. Esta
insatisfacción bien podría ser la raíz última
del planteo de la novela.
Tu novela
da por sentado el estatuto de María Magdalena como el apóstol
número trece…
Sí, eso
no es ninguna originalidad ni tampoco quiere ser algo polémico.
En realidad, hoy por hoy, los historiadores y los teólogos
están de acuerdo en que María Magdalena no es la prostituta
de la que tenemos noticias vía la tradición, bien se
la puede considerar la apóstol número trece. Y además
privilegiada, ya que fue la que anunció a los hombres el hecho
central para la cristiandad que es la Resurrección.
¿Y
no es un lugar polémico o provocador la elección de
la escena en que María es violada y así engendra a Jesús?
Sí, pero
tampoco es original: hay alguna novela… incluso un teólogo
alemán sostiene esa posición desde la teología.
Bueno,
pero la elección o el subrayado es tuyo.
Sí. Esa
sospecha de la violación es originaria del propio Evangelio.
San Mateo cuando narra el nacimiento de Jesús dice que José
al enterarse de que su mujer está embarazada, siendo un hombre
generoso, no quiso repudiarla públicamente (porque la violación
era motivo de repudio), entonces decidió repudiarla en su fuero
íntimo y abandonarla al día siguiente. De modo tal que
la tesis de la violación es originaria de los Evangelios, y
en la medida que uno no admita la intervención divina, es la
hipótesis posible junto al adulterio. Lo del adulterio es poco
verosímil, es más plausible la idea de la violación
y si la novela elige ese camino no es para generar polémica,
sino porque es el único camino que cabe dentro de la novela.
La trinidad
Contame
del proyecto de hacer una trilogía a partir del personaje de
María Magdalena…
Como te dije,
la novela surge con un primer trabajo que es ese ensayo sobre Hegel,
luego viene la novela y la tercera parte es una obra para coro y solistas
que hicimos con dos amigos. (N.d.E: http://www.maria-magdalena.com.ar).
Tienen en común que María Magdalena aparece en las tres
obras (menos en el ensayo) con un papel preponderante.
Por último,
¿por qué elegís como figura central a María
Magdalena y no a Jesús, si, finalmente, es su Vida y Resurrección
la que se narra?
La novela originariamente
se iba a llamar “Dios mío, Dios mío, ¿por
qué me has abandonado?”, y la idea era hacer un evangelio
de Jesús, pero a mediada que iba avanzando la novela el personaje
de María Magdalena fue tomando cada vez mayor relevancia y
finalmente se convirtió en el personaje más importante.
Esto fue un problema porque el personaje de M. Magdalena aparecía
en la mitad de la novela, y entonces quedaba extraño que esa
figura que después terminaba por acaparar el horizonte de significado
y encarnaba el conflicto más importante del planteo, estuviese
recién allí. De modo tal que tuve que reescribirla con
otra estructura totalmente distinta. Si se termina convirtiendo en
la figura más importante es porque es la que asume de manera
explícita ese compromiso con el prójimo, que en este
caso es Jesús mismo, y decide no perdonar a Dios por haber
permitido la muerte del hijo, aún cuando esto le cueste su
propia salvación. Creo que en este sentido se ganó su
lugar en la novela (risas).