Me despierto tarde como casi siempre y chequeo mails. Internet es como el supermercado: entrás para comprar algo básico y terminás consumiendo una cantidad de cosas que ni siquiera sabías que existían.
A la tarde hago encuestas de Coca-cola: la gente vendería el alma por un par de esas botellitas alienantes, hasta me firman un documento de confidencialidad. Cargo un bolso con treinta botellitas, me pagan unos pesos de plus por “acarreo” (¿y la hernia de disco quién me la paga? ¿Santa Claus o Baltazar?). Le dejo cinco botellitas a cada encuestado y paso a buscarlas a la semana. Tengo un estímulo extra para hacer las encuestas rápido porque cada primera parte realizada (la entrega de botellitas y preguntas de nivel socio-económico) implica cargar varios kilos menos sobre mis hombros. Una señora me dice: mirá, no tome las botellitas porque no dice Coca en ningún lado. Señora, ¿cree que voy a darle botellitas y mentirle? ¿Cree que lo hago por diversión? Para eso estaría en mi casa viendo porno o alguna serie idiota, que también dejan una sensación de vacío pero al menos no tengo que cargar estas botellitas de mierda y tengo el baño más cerca. Le digo algo así pero en versión soft. Ah, bueno, si es así. ¿Nos vemos el sábado entonces? Sí, sí. Por unas monedas uno se convierte en un agente del mal navideño -dicen que los colores de la navidad, rojo y blanco, los inventó Coca. Y en un experto cocacolero. Sí, ¿vio? Tiene un gusto similar a la light. Ah, sí, a mí también me gusta más la común. Ay, pobrecito, ¿tenés que cargar todas esas botellas vos solo? No, tengo un duende invisible que me lleva un par, ahí está, ¿no lo ve? Bueno, unas preguntas más y terminamos. ¿La coca sería tu amiga, tu amiga íntima o tu amiga inseparable? Sí, ya sé, es una pregunta absurda. No, me dice una señora de cuarenta años que vive con su madre y su hermana: para un vecino del edificio era su amiga íntima, una vez hubo una amenaza de incendio, todos salieron a la calle y mi vecino salió con la coca.
Vuelvo a casa. Entro a internet. Maldita adicción de mierda. Los gentiles muchachos de hotmail me avisan de un nuevo mensaje. Entro desesperado: Computrabajo, 4807 nuevos empleos y, sorpresa, son todos una mierda. Repositor de supermercado; bachero; volantero; cadete; vendedor de cosas imposibles por sueldos irrisorios. Requisitos: saber alemán; tener experiencia comprobable; amplia disponibilidad horaria; tener menos de veinte años; residir en zona oeste; enviar sueldo pretendido. Las encuestas son bastante black-explotation pero pagan el doble que estos empleos. Ahora entiendo por qué mis amigos de la facultad votan todos al justicialismo: no son peronistas de derecha como pensaba, son maoístas, aguante el trabajo esclavista para todos. Tanto Althusser, Lacan y Foucault mezclado con mucho calor y Coca puede tener efectos nocivos en algunos jóvenes porteños.
Me despierto al mediodía y voy a la provincia, nada más fácil que hacer encuestas de opinión pública en el lejano oeste. Hace unos días vi una comedia romántica francesa. La única buena línea es cuando un personaje femenino le dice a su pareja desempleada: tenés que trabajar; trabajar es el camino para estar dentro del mundo. ¿Cuántas chicas me dejaron, no se enamoraron o se desenamoraron por que yo no trabajaba, por vivir con mi madre y no tener planes de irme de ahí, por ser demasiado frío, inexpresivo, por no jugarme? Nunca lo sabré pero supongo que muchas. La gente es muy amable en las zonas bajas y hago las encuestas rápido. ¿A quién piensa votar? No sé. Si las elecciones fuesen hoy, ¿se decidiría por algún candidato? No sé, ¿quiénes me dijiste que se presentan? ¿Concurrió a un hospital público en los últimos seis meses? Sí. ¿Qué opinión tiene de la atención recibida en el hospital? (Excelente/muy buena/buena/regular/mala). Mala, fui con mi novia embarazada de ocho meses que estaba con pérdidas y tardaron cuatro horas en atenderla... perdió el bebé (pienso suele pasar pero mejor no digo nada). Al final anoto los datos del encuestado. No hay cartel de la dirección. Disculpe, ¿cómo es su dirección? Calle cinco, manzana cuatro, la casa no tiene número. Bueno, gracias. Camino tres cuadras y tomo el quince que en una hora me deja otra vez en la zona norte de la ciudad (siento que vuelvo a casa con los ojos algo cambiados pero se me pasa rápido).
Nubes avecinan tormenta. Le rezo a San Mora y Araujo y salgo para San Fernando. Bajo del tren de la línea Mitre, camino diez cuadras y llego a mi punto muestra (siempre chequear en la guía que tu zona asignada esté cerca del tren o de algún colectivo que pase cerca de tu casa). Me gusta el conurbano, respirar tierra, salir de la matrix, ensuciarte con barro, encuestar en barrios como el de ayer que no tienen nombres de calles sino sólo manzana uno, manzana veintidós, lugares donde el colectivero y el sodero en alguna época no se animaban a entrar. Encuentro a un viejo en la puerta de su casa y empiezo a entrevistarlo. Pasa una chica y me pide fuego. La veo caminar hasta la esquina. Lindo andar tienen las chicas de provincia. El viejo estornunda y le digo salud. Vuelvo a mi puesto móvil de encuestador. ¿Cuáles son para usted los principales problemas que tiene el país? Desempleo; inflación. ¿Y en la provincia? Hambre. ¿Y en su barrio? Inseguridad. El top of mind de los problemas es la inseguridad. Supongo que por eso siempre gana la derecha: decir que sos peronista no implica que no trabajes para la élite. ¿Su situación económica actual es mejor, igual o peor que hace un año? Peor. ¿Y cómo cree que será en un año? Peor. A veces puede ser duro mantener el optimismo y las premisas new age de la tele. Termino la encuesta, agradezco y el viejo me dice que él en mi lugar se iría de este barrio porque esa chica que me pidió fuego en realidad me miró el bolso y la ropa. Trabaja con el novio y sus amigos: ella marca los objetivos y los pibes roban. Dice que todo el distrito es zona liberada, que los policías no hacen nada, sólo cobran su comisión. Gracias por la advertencia, digo. Tomo conciencia de que hay algo raro en el ambiente: todo demasiado tranquilo, como el cielo que se cubre de nubes pesadas de modo casi imperceptible antes del duelo en una película de cowboys. Decido hacer el resto de las encuestas sobre la avenida, cerca de la estación. Virtudes del marketing: no sé si funcionan con los encuestados, pero con los encuestadores sí, o al menos conmigo (tengo unas ganas de tomar Coca y de votar a ciertos candidatos de derecha que nunca me gustaron). Antes de que se haga de noche voy a la boletería. Compro una Coca zero en el andén. Minutos después tomo el tren y por un rato, en mi querido vagón bonaerense, comparto cansancio con gente trabajadora. Llego a casa, chequeo mails, completo algunas encuestas, leo dos páginas de un texto para la facultad del monotemático Bauman y me voy a dormir temprano. Me masturbo pensando en algunas ex y en la chica que me pidió fuego.
Joaquín Linne