el interpretador

 

El río en el Folk

por Valeria Meiller y Mauro Libertella

 
audio: Johnny Cash, Big River.
 

 

 

Así como cada músico diseña una arquitectura personal a lo largo de su obra, todo género se inventa una geografía propia, un mapa hecho de retazos que arman el todo. Allá por los años cincuenta, el blues y el jazz fundaban el suyo, abriendo camino a través de dos rutas hoy míticas: Highway 61 y Highway 66. Como sucede con todo recorrido imaginario, establecer los límites de aquella cartografía resulta virtualmente imposible: ambos caminos trascendieron el surco real propiamente abierto para pasar a formar parte de toda la producción jazzera y blusera del mundo. Así fue que la Ruta 66, que originalmente comenzaba en la costa del Lago Michigan, en Chicago, y atravesaba todos los pequeños pueblos de los Estados Unidos hasta llegar a la costa Este, arribó hasta nuestro propio imaginario con una canción de Chuck Berry interpretada por Pappo que llevó el mismo nombre. Con el tiempo las súper autopistas y las rutas interestatales empezaron a reemplazar a la vieja 66, pero la ruta madre se resistió a la desaparición y amplió su recorrido.

            Del mismo modo, el folk hizo lo suyo con el río. Más acorde a cierta nostalgia propia de su naturaleza, el flujo permanente de los ríos ha dado, y posiblemente seguirá dando, mucho para decir a los cantautores folk que se arriman a sus orillas. De Bob Dylan en Minnesota, pasando por Johnny Cash en Arkansas y Tom Waits en California, hasta llegar a Nick Cave en la lejana Australia, por momentos, parecería haber una sola corriente. Y si quisiéramos profesar alguna fe al respecto, podríamos del mismo modo decir que todos fueron, a su modo, mojados por las aguas de un sutil genio.

            Porque sería ingenuo pensar que todos cruzaron el río de la misma manera, sobre todo a la luz de aquel apotegma que reza que ni siquiera una misma persona puede bañarse dos veces en el mismo río. En ese eterno fluir -donde todo cambia para poder continuar siendo lo mismo- cada uno de estos artistas se ha sumergido a partir de su propio sustrato experiencial, haciendo de cada tramo del río una canción con una impronta diferente. El río final es la suma de muchos ríos personales: el río que dejó lejos la ciudad y los seres queridos del viejo Bob, y donde se preferiría no estar. El río del condenado a muerte de Guthrie. El río donde Jesús mismo decide bañarse de Leonard Cohen y donde Suzanne, mitad fuera de sí, decide amar con la mente el cuerpo perfecto del amado en una suerte de experiencia mística. El río de Smog, que si bien ain´t much too love, da más que un puñado de buenas canciones.

            Hay un río para cada uno -Waits, Cave, Cash, Anthony and the Johnsons...- pero, al mismo tiempo, hay un Río último común a todos, que por momentos parece destinado a ser un río de agua negra y pura tristeza (River of Sorrow) y en cuyas intermediaciones, se traman  todos estos relatos, acompañados por el sonido del agua que fluye. Todos reman ahí, para descubrir el fondo y construir un imaginario común.

            Si el blues encontró en la carretera y en los bares que nunca cierran su más literal metáfora de vida, y el folk prefirió al río como canal simbólico para su música, es difícil pero tentador imaginar de qué ruta de comunicación se van a apropiar las músicas futuras. Sería muy obvio arriesgar la idea de que las rutas futuras van a ser, si no son ya, totalmente virtuales. Digamos: lo que alguna vez fue el río ahora va a ser la web. No lo sabemos. Por lo pronto, si hay una respuesta soplando en el viento, como decía Dylan, también hay una poética todavía flotando en el río.

            En la selección azarosa y caprichosa de músicos que sigue a continuación nos hemos propuesto la demencial empresa de condensar una obra y una vida en un gesto único que la cifre, como si esa radical condensación pudiera ser posible. Del repertorio de cada banda, asimismo, hemos escogido y traducido según criterios misteriosos una letra que produzca un destello al menos de la relación del músico con el río. Quizás en la doble lectura de la semblanza y la letra, queremos creer, se esconda el nudo más fuerte en esa cuerda cuyas puntas son la música y el río.

 

 

  • Bob Dylan (Minnesota, 1941)

 

      Es difícil escribir sobre alguien de quien se ha escrito virtualmente todo. Escribir sobre Dylan es como tratar de pensar algo nuevo acerca de Borges o sobre Picasso: la crítica ya ha superado numéricamente el tamaño de la obra original, y a veces da la estremecedora sensación de que nunca se va a detener, como si el fin último fuera hacer desaparecer a la obra, olvidarla tras una montaña de implacables lecturas críticas. Y sin embargo ahí va el viejo Dylan, con 45 álbumes de estudio a cuestas, discos imposibles de esquivar, tocando en estos días por tercera vez en Buenos Aires. Sería bueno hacer una historia de las frases cortas que se dijeron sobre Dylan, que son una especie de epitafio infinito y universal, como si a Dylan se lo pudiera pensar bajo la lógica compacta del aforismo. Por ejemplo, Lennon dijo: “He showed the way”. El mostró el camino. Un camino de tierra, desde luego, un camino ríspido que Dylan se encargó prolijamente de minar, de modo que ya es imposible mirar atrás y recorrer sus mismos pasos. A cada feroz cambio de personalidad devenía en Dylan un cambio musical, y un día los fanáticos entendieron que es imposible pedirle al ídolo folk que interprete, aunque sea como en un sueño, como un talismán recatado de un naufragio, al viejo Dylan. El mismo lo dijo: “Don´t look back”. Quizás la enseñanza mayor de Dylan al arte contemporáneo haya sido esa idea de luchar con uñas y con dientes contra el fantasma voraz del estancamiento, que se podría resumir en una apostilla imposible: “allí donde has tocado la fama, allí debes pegar un volantazo”. De ese modo, como si fuera una estatuilla con miles de santos religiosos, cada uno elige a su Dylan personal. Algunos se aferran al jovencísimo Zimmerman que salió de Minessota con una guitarra y una mochila para cantar en los bares del Greenwich Village de Nueva York, cuando los comediantes y las bailarinas ya habían hecho el número fuerte de la noche. Otros prefieren al Dylan de The times they are changing, que se puede pensar como un Rimbaud de los años sesentas: un chico de menos de 20 años que le estaba diciendo al mundo: “Ustedes, escritores y críticos, que profetizan con sus plumas / mantengan los ojos abiertos, que la chance no llegará de nuevo / porque los tiempos están cambiando”. En ese momento, sí, Dylan marcó el camino. Abrió literalmente los ojos de una generación. Están también los que se inclinan por el irresistible Dylan que subió a un escenario con una guitarra eléctrica, al que le gritaron Judas desde el publico, se dio vuelta, le dijo a sus músicos “play fucking loud”, e interpretó una de las versiones más incendiarias de “Like a Rolling Stone”, en todas las encuestas la mejor canción de la historia, haciendo lo que muy pocos hicieron: crear un género. Así nació el folk rock, o el folk eléctrico, cuando Dylan se cansó de ser Dylan y se colgó la guitarra eléctrica. Por la misma época, dos años después, los Beatles se iban a cansar de ser los Beatles y se iban a transformar en la banda de corazones solitarios del sargento Pepper. Evidentemente, estar en el risco más alto de la montaña cansa.

      Las metamorfosis siguieron, hasta el día de hoy. Hay quienes llegan a afirmar incluso que lo que hace Dylan hoy es free jazz. Da la impresión, por lo pronto, de que en lo albores de los años sesentas el discurso de Dylan, su música, estuvo tan cargado de contenido, un contenido que sirvió para tantos fines específicos y concretos, que hoy se volvió todo forma. Una forma que muta, imposible de apresar, que muchas veces no satisface pero que siempre parece mostrarnos que en realidad, lo que está tocando hoy, lo vamos a metabolizar recién mañana.

 

Una letra de Bob Dylan

“Watching the river flow”, Greatest Hits Vol 2.

 

What's the matter with me,
I don't have much to say,
Daylight sneakin' through the window
And I'm still in this all-night cafe.
Walkin' to and fro beneath the moon
Out to where the trucks are rollin' slow,
To sit down on this bank of sand
And watch the river flow.

Wish I was back in the city
Instead of this old bank of sand,
With the sun beating down over the chimney tops
And the one I love so close at hand.
If I had wings and I could fly,
I know where I would go.
But right now I'll just sit here so contentedly
And watch the river flow.

People disagreeing on all just about everything, yeah,
Makes you stop and all wonder why.
Why only yesterday I saw somebody on the street
Who just couldn't help but cry.
Oh, this ol' river keeps on rollin', though,
No matter what gets in the way and which way the wind does blow,
And as long as it does I'll just sit here
And watch the river flow.

People disagreeing everywhere you look,
Makes you wanna stop and read a book.
Why only yesterday I saw somebody on the street
That was really shook.
But this ol' river keeps on rollin', though,
No matter what gets in the way and which way the wind does blow,
And as long as it does I'll just sit here
And watch the river flow.

Watch the river flow,
Watchin' the river flow,
Watchin' the river flow,
But I'll sit down on this bank of sand

And watch the river flow.

Cuál es el problema conmigo,

No tengo mucho para decir,

Escurriéndome de la luz del día por la ventana

Y todavía estoy en este café de toda la noche.

Caminando de un lado a otro debajo de la luna

Hacia donde los camiones ruedan lento,

Para sentarse en esta orilla arenosa

Y mirar el río correr.

 

Desearía estar de vuelta en la ciudad

En vez de en esta vieja orilla arenosa,

Con el sol derrotado sobre las chimeneas

Y la gente que quiero cerca.

Si tuviera alas y pudiera volar,

Sé a dónde iría.

Pero por ahora solo voy a contentarme

Con sentarme a mirar el río correr.

 

La gente en desacuerdo con todo,

yeah,

te hace detenerte y preguntarte por qué.

Porque ayer nomás vi a alguien en la calle

 

Que no podía evitar estar llorando

Oh, este viejo río sigue corriendo, sin embargo,

Sin importar que aparezca en el camino y en qué dirección sopla el viento,

Mientras eso sea así me voy a quedar sentado

y mirar el río correr.

 

La gente en desacuerdo donde mires,

Te hace querer parar y leer un libro.

Porque ayer nomás vi a alguien en la calle

 

Realmente convulsionado.

Pero este viejo río sigue corriendo, sin embargo,

Sin importar que aparezca en el camino y en qué dirección sopla el viento,

Mientras eso sea así me voy a quedar sentado

y mirar el río correr.

 

Mira el río correr,

Mirando el río correr,

Mirando el río correr,

Pero voy a sentarme en esta orilla arenosa

Y mirar el río correr.

 

 

   

 

  • Johnny Cash (Arkansas, 1932- 2003)

 

            Cuando era chico, Johnny Cash vivía en una granja en el medio de los grandes campos de Arkansas. Tenía un amigo, que vivía en la casa de al lado. Al lado era, en ese entonces, un distancia de dos o tres kilómetros. El joven Cash iba a visitarlo a su amigo, y volvía todas las noches caminando a su casa, sólo, por el medio del campo. Como la inmensidad de Arkansas lo asustaba, Johnny concibió un juego conjurador que consistía simplemente en cantar las viejas canciones folklóricas americanas lo más fuerte que le diera la voz. Así fue transformando su voz y consolidando el tono que hoy conocemos por sus discos, que se parece a un ataúd que se abre, a un roble que cruje.

            La vida de Cash fue, desde la adolescencia hasta su muerte, un tour de force de lógica perturbadora. Las drogas, las cárceles, la fama inesperada, la reclusión, la iconización que lo convirtió en el “hombre de negro” de la música americana. Conoció a todos los presidentes de los Estados Unidos de las últimas cuatro décadas, que lo invitaban como en un ritual a conocer la Casa Blanca. En su maravillosa autobiografía, Johnny Cash by Johnny Cash, cuenta esa y otras anécdotas, mechando siempre su discurso con alusiones a la religión, que marcó su vida y su obra, y a su familia, su otra gran obsesión. Hacia mediados de los años noventa, cuando el folk se había secularizado y la música norteamericana había estallado con bandas como Nirvana, Johnny Cash era una especie de abuelo que nadie sabía si estaba vivo o si había muerto hacía décadas. Sus discos no se vendían, pero el hombre de negro era indeclinable en su empresa de tocar en vivo siempre, en todos lados, en una suerte de never ending tour. En una parada de su gira, se le acercó un productor joven, que ya había producido buenos discos de rock como Blood Sugar Sex Magic de los Red Hot Chili Peppers. El productor, conocido por algunos como “el mago de las bandejas”, se llama Rick Rubin. La propuesta fue concreta: grabar una serie de discos en los que Cash interpretara, solo con la guitarra y acompañado con algún instrumento de modesta participación, sus temas preferidos, y algunas versiones de rock contemporáneo. Al principio Cash vaciló, porque sentía que era demasiado patético tratar de volver a las bateas cantando canciones comerciales de rock. Sin embargo, Rubin le explicó con paciencia que no se trataba de eso, sino más bien de un antojo personal de Cash, de un disco en donde él pudiera tocar, de un modo sencillo y conmovedor, los temas que le gustaran, fueran de quien fueran. Finalmente, Cash aceptó, y el disco se convirtió en la insuperable pentalogía de los American recordings, cuyo punto más alto es sin dudas la cuarta entrega, The man comes around. Cash, al borde de la muerte, olvidado, puesto a morir en el altar de las viejas glorias, tuvo la fuerza de voluntad para mutar de piel y dejar un insuperable testamento. Con una pequeña ayudita de sus amigos, y con un espíritu a prueba de tormentas.   

 

Un letra de Johnny Cash

“Big River”, The man in black

 

Now I taught the weeping willow how to cry,
And I showed the clouds how to cover up a clear blue sky.
And the tears that I cried for that woman are gonna flood you Big River .
Then I'm gonna sit right here until I die.

I met her accidentally in St. Paul ( Minnesota ).
And it tore me up every time I heard her drawl, Southern drawl.
Then I heard my dream was back Downstream cavortin' in Davenport ,
And I followed you, Big River , when you called.

Then you took me to St. Louis later on (down the river).
A freighter said she's been here
But she's gone, boy, she's gone.
I found her trail in Memphis ,
But she just walked up the block.
She raised a few eyebrows and then she went on down alone.

Now, won't you batter down by Baton Rouge ,
River Queen, roll it on.
Take that woman on down to New Orleans , New Orleans .
Go on, I've had enough;
Dump my blues down in the gulf.
She loves you, Big River , more than me.

Now I taught the weeping willow how to cry,
And I showed the clouds how to cover up a clear blue sky.
And the tears that I cried for that woman are gonna flood you Big River .
Then I'm gonna sit right here until I die

Ahora le enseño al sauce llorón cómo llorar,

Y enseño a las nubes cómo tapar un cielo claro.

Y las lágrimas que derramé por esa mujer van a inundar tu Gran Río.

Después voy a sentarme acá hasta morir.

 

La conocí por casualidad en St. Paul

(Minnesota).

Y me destrozaba escuchar su acento, su acento sureño.

Después escuché que mi sueño había vuelto/ Río abajo saltando en Davenport

Y te seguí, Gran Río, cuando llamaste.

 

 

Después me llevaste a St. Louis, más tarde (río abajo).

Un extraño dijo que ella había estado acá

Pero se había ido, se había ido.

Le encontré la huella en Memphis,

Pero ella subió andando por la calle.

Levantó un poco la ceja y después siguió andando sola.

 

Ahora, no golpearás por Baton

Rouge,

Río Reina, hacelo correr.

Llevá a esa mujer abajo a New

Orleans, New Orleans.

Dale, ya tuve suficiente;

Tirá mi tristeza abajo en el golfo.

Ella te ama, Gran Río, más que a mí.

 

Ahora le enseño al sauce llorón cómo llorar,

Y enseño a las nubes cómo tapar un cielo claro.

Y las lágrimas que derramé por esa mujer van a inundar tu Gran Río.

Después voy a sentarme acá hasta morir.

 

 

 

  • Tom Waits ( California , 1949)

 

            Quizás habría que prescindir ahora de la búsqueda del exacto punto que describa a Tom Waits y abocarse a intentar aunque sea entender qué es lo que hace de Tom Waits un cantautor tan singular. Alguna vez Rodrigo Fresán escribió que Waits, de la palabra compuesta cantautor, tiene más de autor que de canta: es de esos tipos que cuentan una historia. Como Lou Reed, como Ray Davis de los Kinks, como Belle and Sebastian, como Leonard Cohen. La historia que canta Tom Waits, con múltiples variaciones que sin embargo son siempre aliteraciones de sí mismas, es la historia del chico que se va de su casa en pleno desierto norteamericano y recorre a dedo las carreteras hasta llegar a la gran ciudad. Es la historia del borracho de un bar perdido de un pueblo perdido que en la barra se pega un tiro en el medio de la sien. Es la historia de un hombre desesperado llamando a Martha, su novia de la adolescencia, para decirle que partir del día en que se separaron, 30 años atrás, su vida ha sido un implacable derrumbe.

            La voz carrasposa y arenosa de Waits ha servido de soundtrack para muchas películas, sobre todo de Jim Jarmusch, con quien ha establecido un vínculo artístico de alta proyección en el séptimo arte. También ha oficiado de actor en algunas cintas. Mencionamos esto porque la imagen que se ha forjado Waits de sí mismo es ambivalente: por un lado es un muchacho reacio a las primeras planas, que prefiere la reunión de alcohólicos anónimos al salón de la fama. Por otro lado, es ese músico carismático y jocoso que deslumbró con su humor punzante y rápido cuando lo entrevistaron públicamente en nuestro país. Sin dudas, Tom Waits es esos y muchos más. Su discografía mutante así lo atestigua. Desde los primeros discos bajo el sello Asylum, de canciones tristes rasgadas en las curdas oxidadas de un piano, pasando por su periodo más funky, incursionando también en sonidos de complejísima catalogación, que parecen por momentos un buen salvaje, con garrote en mano, haciendo un uso libre y perverso de los sonidos más exquisitos de la música clásica. 

            Por lo pronto, el viejo lobo, el gruñón de Tom Waits, que dejó el alcohol y viaja acompañado de su mujer, una profesora de literatura que no lo deja aferrarse a ninguna botella, seguirá cantando esas canciones de y para borrachos, pero ahora narrando todo desde el lugar de quien ya la vivió, y quizás animándose a dar algún que otro consejo, desparramando aquí y allá algún guiño.   

 

Una letra de Tom Waits

“Misery is the River of the World”, Blood Money

 

 

Misery's the River of the World
Misery's the River of the World

The higher that the monkey can climb
The more he shows his tail
Call no man happy 'til he dies
There's no milk at the bottom of the pail
God builds a church
The devil builds a chapel
Like the thistles that are growing
'round the thrunk of a tree
All the good in the world
You can put inside a thimble
And still have room for you and me

 

If there's one thing you can say
About Mankind
There's nothing kind about man
You can drive out nature with a pitch fork

But it always comes roaring back again

 

For want of a bird
The sky was last
For want of a nail
A shoe was last
For want of a life
The knife was last
For want of a toy
A child was last

Misery's the River of the World
Misery's the River of the World
Everybody Row! Everybody Row!
Misery's the River of the World
Misery's the River of the World
Everybody Row!
Everybody Row!

 

La Miseria es el Río del Mundo

La Miseria es el Río del Mundo

 

Cuanto más alto trepa el mono

Más muestra la cola

No digas que un hombre fue feliz hasta que muera

No hay leche en el fondo del balde

Dios construye una iglesia

El diablo construye una capilla

Como los cardos que están creciendo

Alrededor del tronco de un árbol

Todo lo bueno que hay en el mundo

Entra en un dedal 

Y todavía queda lugar para nosotros

 

Si hay algo que podés decir

Sobre el Género Humano

Es que no hay nada bueno en el hombre

Podés intentar correr su naturaleza con un tenedor levantado

Pero siempre vuelve rugiendo de vuelta

 

A pedido de un pájaro

El cielo es último

A pedido de una uña

El zapato es último

A pedido de una vida

El cuchillo es último

A pedido de un juguete

Un niño es último.

 

La Miseria es el Río del Mundo

La Miseria es el Río del Mundo

¡Todo el mundo remar! Todo el mundo a remar!

La Miseria es el Río del Mundo

La Miseria es el Río del Mundo

¡Todo el mundo remar! ¡Todo el mundo a remar!

 

 

 

  • Nick Cave (Warracknabeal, Australia, 1957)

 

      Nick Cave es un hombre obsesionado. Su ultimo disco, Dig Lazarus Dig!, lo vuelve a demostrar. Se trata de un disco conceptual, una reescritura en rock crudo del mito de Lázaro. La literatura, las formas más oscuras de la religión, la filosofía alemana y ciertas expresiones primales del rock y el punk son algunas de las obsesiones de uno de los artistas más complejos que ha dado la música del siglo XX. Y quien escuche los últimos discos de Nick Cave (el intimista The boatman´s call, esa joya que es No more shall we part, el algo fallido Nocturama, su álbum blanco The Lyar of Orpheus/Abbatoir Blues y el reciente Dig Lazaurs Dig!) tiene que tener en cuenta que la música de Cave no fue siempre así.

      Al principio de los días, cuando Nicholas Edward Cave era un joven australiano que vivía en el asfixiante pueblo de Warracknabeal, formó una banda, The Birthday Party, que se propuso la tarea de sintonizar con el movimiento punk pero agregándole a esa música directa una furia y un lirismo que ni el mejor punk jamás imaginó. El resultado es un puñado de discos de difícil escucha, y algunos videos que se pueden rastrear en you tube y que muestran a Cave con el pelo largo, la ropa desgarrada, una remera manchada de sangre, arrastrándose por el piso de un escenario y dando auténticos alaridos al micrófono. Sería desacertado decir que luego Cave se domesticó. De ningún modo. Vinieron una serie de discos con su banda los Bad seeds (un crisol de músicos de diversa especie que parecen entender los golpes oraculares de Cave como nadie, con nombres como Mick Harvey, Blixa Bargel y otros), con una poética más refinada y en donde empezaban a despuntar las obsesiones conceptuales y humanas más claras de Cave. De esa cosecha están, por ejemplo, el gran Let love in o The good son, grabado en Brasil, en donde nació el hijo de Cave.

      En esos días de los Bad Seeds, la relación de Nick Cave con las drogas era cercana. Tras una larga estadía en el infierno de la heroína, llegó el día en que una sobredosis lo dejó en la cornisa desde donde se ve la muerte. La parca golpeó a su puerta, pero Cave despertó. Por milagro, por accidente, por diseño, pero despertó. Y a partir de aquella experiencia, Cave se volvió un músico infinitamente más complejo pero al mismo tiempo más directo, disparando esquirlas que se clavan justo en el medio del inconsciente. Y curiosamente, como si hubiera perpetrado un pacto fáustico con el diablo, Cave parece no envejecer. Sus discos son refinados pero cada vez más arriesgados, como si recién estuviera en una primera estación y le faltara penetrar lo bosques más espesos de la creación musical.

 

Una letra de Nick Cave

“Saint Huck”, From her to eternity

 

Born of the river,
Born of its never-changing, never-changing murky water
Huck standing like a Saint, upon its deck
If ya wanna catch a Saint,
then bait ja hook, let's take a walk...
'O come to me!, O come to me!' is what the dirt-irty
say to Huck... HUCK
woah-woah, woah woah!
Saint Huck! Huck!
Straight in the arms of the city goes Huck,
down the heckoning streets of op-po-tunity
whistling his favorite river-song...
And a bad-bline-nigger at the piano
Buts a sinister-bloo-lilt to that sing-a-long

 

Huck senses somthing's wrong!
Sirens wail in the city,
and lil-Ulysses turn to putty
Old man River's got a bone to pick!
Our boys hardly got a bone to suck!
He go, woah-woah, woah woah!
Saint Huck! Huck!
The mo-o-o-on, its huge cycloptic eye
watches the city streets contract
twist and cripple and crack.
Saint Huck goes on a dog's-leg now
Saint Huck goes on a dog's-leg now
Why, you know the story!
Ya wake up one morning and ya find your a thug
blowing smoke fings in some dive
Ya fingers hot and itchin, cracking ya knuckles
Ya bull neck briseting...
Still Huck he ventures on whistling,
and Death reckons Huckleberry's time is up,
O woah woah woah!
Saint Huck! Huck!
Yonder go Huck, minus pocket-watch an' wallet gone
Skin shrinks wraps his skeleton
No wonder he got thinner, not, with his cold'n'skinny dinners!
Saint Huck-a-Saint Elvis, Saint Huck-a-Saint Elvis
O you recall the song ya used to sing-a-long
Shifting the river-trade on that ol' steamer
Life is only a dream!
But ya trade in the Mighty ol' man River
for the Dirty ol' Man Latrine!
The brothel shift
The hustle'n'the bustle and the green-backs rustle
And all the sexy-cash
And the randy-cars
And the two dollar fucks
O o o ya onto luck, onto luck
Woah-woah-woah-woah
Saint Huck!
Huck!

 

Nacido del río

Nacido de su nunca cambiante, nunca cambiante / Agua turbia

Huck parado como un Santo, sobre su cubierta

Si querés atrapar a un Santo,

Poné la carnada en el anzuelo, vamos a dar una vuelta

¡Vení a mí! ¡Vení a mí! Es lo que el sucio le dijo a Huck…HUCK

¡woah-woah, woah woah!
¡Santo Huck! ¡
Huck!
derecho a los brazos de la ciudad va Huck,

calles de la op-por-tunidad

silbando su canción preferida sobre el río

y un negro en el piano

toca un siniestro bloo-lilt para un sing-a-long

 

¡Huck siente que algo está mal!

Las sirenas sollozan en la ciudad,

Y lil-Ulises se vuelve arcilla

¡El viejo del Río tien un hueso para juntar!

¡Nuestros chicos apenas tienen un hueso para chupar! / Él va, ¡woah-woah!

¡Santo Huck! ¡Huck!

La lu-u-u-una, su enorme ojo de cíclope

Ve las calles de la ciudad contraerse

Torcerse, deshacerse y quebrar.

El Santo Huck va en la pata de un perro ahora

El Santo Huck va en la pata de un perro ahora

Porque, ¡sabés la historia!

Te despertás una mañana y te das cuenta de que sos un asesino

Haciendo aros de humo en algún antro

Los dedos calientes te duelen, sonándote los nudillos/ tu cuello de toro

Sin embargo Huck se aventura a seguir silbando

Y la Muerte estima que el tiempo de Huckleberry terminó! / O woah

¡Santo Huck! ¡Huck!

Miralo irse a Huck, sin reloj de bolsillo ni billetera

La piel ajustada envolviéndole esqueleto

Sin dudas está más flaco, no, con sus cenas frías y esqueléticas!

Santo Huck-un-Santo Elvis, Santo Huck-un-Santo Elvis, / O te acordás de esa canción que solía cantar / Cambiando la dirección del río en aquel viejo impulso/ La vida es solo un sueño!

Pero negociás con la Piedad del viejo del Río

Por la Sucia Letrina del viejo

El burdel cambia

La prisa y el ruido y las espaldas-verdes

Susurran

Y todo el efectivo-sexy

Y los autos tumultuosos

Y las cogidas de dos dólares

O o o estás de suerte, estás de suerte

Woah-woah-woah-woah
Santo Huck! Huck!

 

 

 

 

 

 

 

  • Woody y Arlo Guthrie

 

La música folk es, en primera instancia, música popular, cuya incidencia en el nervio social luego le fue relegada a lo que conocemos como, justamente, música pop. Es la música de una comunidad y a veces es el himno de un territorio. Por eso, el hecho de que un tema de Woody Guthrie se haya consagrado como escucha obligatoria en muchas escuelas primarias de los Estados Unidos es, por lo menos, una gloria, algo así como una cima. Guthrie es… ¿cómo definirlo? Es un prócer perdido en el desierto, un mito esquivo y silencioso, la figurita imposible en el álbum de los años cincuenta. Muchas de sus canciones están archivadas en la Librería del Congreso, lo que en el país del norte es una forma extraña pero implacable de la consagración, tanto en música como en literatura. Que te archiven es similar a que te consagren. 

      Woody Guthrie es un precursor en la canción folk de protesta. No es casual que cuando un muy joven músico de Minessota, hoy conocido alrededor del globo como Bob Dylan, empezó a dar sus primeros pasos en la selva oscura de la interpretación acústica de una tradición, haya hecho una especie de viaje iniciático, hoy mitificado hasta la luna y más allá, para conocer a su ídolo, el fantasmático Woody Guthrie. Sería lindo decir que Dylan viajó por mar y por tierra para encontrar a su ídolo, pero lo cierto es que viajó únicamente por tierra, por tierras ásperas y resecas, eso sí, hasta el Brooklyn State Hospital en donde Guthrie estaba postrado. Ese viaje fundacional en el mayor artista folk de la historia del género fue un disparador para que sobre Guthrie se operara ese mecanismo de la industria cultural que llamamos rescate.

      Como la vida de Johnny Cash, la de Guthrie fue profusa en desgracias. Es como si el género mismo estampara una marca a sus músicos, y los intérpretes folk fueran algo así como rapsodas que vienen a cantar las desgracias modernas de las tierras encontradas del otro lado de Europa. Quizás a raíz de esa vida atorbellinada en la que de milagro no se ahogó, Guthrie fue uno de los precursores en esa expresión fractal que ya ha trazado una bellísima tradición y que es la autobiografía oral del músico folk. El libro se llama Bound for Glory, y se editó en 1943. Un crítico literario escribió: “Algún día la gente se va a dar cuenta de que Bound for glory, así como las diez mejores canciones de Guthrie, son un indiscutible patrimonio nacional”. 

 

 

 

Una letra de Woody Guthrie

“Worried man blues”, Worried man blues

 

I went across the river
I lay down to sleep
I went across the river
I lay down to sleep
When I woke up
Had shackles on my feet

It takes a worried man
To sing a worried song
It takes a worried man
To sing a worried song
I'm worried now
But I won't be worried long

Twenty-one links
Of chain around my leg
Twenty-one links
Of chain around my leg
And on each link
'S an initial of my name

I asked that judge
What's gonna be my fine
I asked that judge
What's gonna be my fine
Twenty-one years
On the Rocky Mountain line

That train pulled out
Twenty-one coaches long
That train pulled out
Twenty-one coaches long
And the woman I love
Is on that train and gone

Twenty-one years
Pay my awful crime
Twenty-one years
Pay my awful crime
Tweny-one years
And I still got ninety-nine

Crucé el río

Me acosté a dormir

Crucé el río

Me acosté a dormir

Cuando me desperté

Tenía grilletes en los pies

 

Lleva a un hombre preocupado

A cantar una canción preocupada

Lleva a un hombre preocupado

A cantar una canción preocupada

Estoy preocupado ahora

Pero no por mucho tiempo

 

Veintiún eslabones

De cadena alrededor de la pierna

Veintiún eslabones

De cadena alrededor de la pierna

Y en cada eslabón

Hay una inicial de mi nombre

 

Le pregunté al juez

Cuál iba a ser mi multa

Le pregunté al juez

Cuál iba a ser mi multa

Veintiún años

En la vía de Rocky Mountain

 

Ese tren descarriló

Veintiún vagones de largo

Ese tren descarriló

Veintiún vagones de largo

Y la mujer que amo

Está en ese tren y se ha ido

 

Veintiún años

Pagar mi crimen horrible

Veintiún años

Pagar mi crimen horrible

Veintiún años

Y todavía tengo noventa y nueve

 

 

 

 

 

  • Smog

 

      La casa familiar de Bill Callahan, lider de Smog y compañero de Joanna Newsom, está en Sylver Spring, una ciudad en la cual, según la Oficina de Relevamiento Geográfico de los Estados Unidos, no hay una sola gota de agua.  Entonces, uno piensa, puede que de allí provenga ese desinterés por el río que da título a este álbum  lanzado en el 2005: Un río no es mucho para querer.

      Pero basta con escuchar algunas canciones nada más (como Rock Bottom Riser, Valley Maker o Running The Loping) para darse cuenta de que en realidad el río fluye subterráneo en la música como una presencia continua. Ese desprecio, percibido como primera impresión, se revela como el comentario resentido de quien en realidad intenta ocultar una añoranza desgarrada tras el velo fingido del descrédito.

      Toda la inteligencia y la sensibilidad que Smog imprime en este trabajo, hacen que el resultado final sea un álbum que, como bien señala en una reseña Andrew Brown,  tiene más en común con los grandes libros que con los grandes álbumes de rock”. Y hay letras, en las que como en esta, es imposible no darle la razón.

 

Una letra de Smog

“Valley Maker”, A river ain´t too much to love

 

 


With the grace of a corpse
In a riptide
I let go
And I slide slide slide
Downriver
With an empty case by my side
An empty case
That’s my crime

And I sing (Say Valley Maker)
To keep from cursing
Yes I sing (Say Valley Maker)
To keep from cursing

River Oh
River End
River Oh
River End
River Go
River Bend

Take me through the sweet valley
Where your heart blooms
Take me through the sweet valley
Where your heart is covered in dew

And when the river dries
Will you bury me in wood
Where the river dries
Will you bury me in stone

Oh I never really realized
Death is what it meant
To make it on my own

Because there is no love
Where there is no obstacle
And there is no love
Where there is no bramble
There is no love
On the hacked away plateau
And there is no love
In the unerring
And there is no love
On the one true path

Oh I cantered out here
Now I’m galloping back

So bury me in wood
And I will splinter
Bury me in stone
And I will quake
Bury me in water
And I will geyser
Bury me in fire
And I’m gonna phoenix

 

Con la gracia de un cadáver

En aguas revueltas

Me dejo ir

Y me deslizo, deslizo, deslizo

Río abajo

Con una valija vacía a mi lado

Una valija vacía

Eso es un crimen

 

Y canto (Di Hacedor de Valles)

Para evitar maldecir

Sí, canto (Di Hacedor de Valles)

Para evitar maldecir

 

Río Oh

Río Fin

Río Oh

Río Fin

Río Ve

Río Curva

 

Llévame a través del dulce valle

Donde tu corazón florece

Llévame a través del dulce valle

Donde tu corazón se cubre de rocío

 

Y donde el río se seca

Me enterrarías en el bosque?

Y donde el río se seca

Me enterrarías en el bosque?

 

Oh nunca me di cuenta

Lo que significaba la muerte

Hacerla por mí mismo

 

Porque no hay amor

Donde no hay obstáculo

Y no hay amor

Donde no hay zarzales

No hay amor

En la meseta arrancada

Y no hay amor

En el

Y no hay amor

En el camino correcto

 

Oh voy trotando aquí afuera

Ahora estoy galopando de vuelta

 

Por eso entiérrame en el bosque

Y voy a astillarme

Entiérrame en la piedra

Y voy a temblar

Entiérrame en el agua

Y voy a ser

Entiérrame en el fuego

Y voy a ser phoenix

 

 

 

 

 

  • BillyprinceBonnie

 

Will Oldham, conocido a voces como BillyprinceBonnie, es un tipo raro. Nadie sabe cómo catalogarlo. Algunos dicen que hace folk, otros country puro, otros punk, indie o americana. Su productor, Steve Albini, dice que Oldham nunca hace ensayar a sus bandas. Simplemente elige a los músicos que más le gustan, los mete en el estudio de grabación, les espeta uno o dos comentarios vitales, y eso es todo. “Así llega a lograr momentos de absoluta grandeza que no se pueden ensayar jamás”, dice Albini. Pero lo camaleónico en Oldham no es solamente el estilo musical en el que se abisma, sino también el nombre de su banda, el número y el nombre de los músicos a los que convoca y demás. Es el concepto de una música en perpetuo cambio, que jamás mira hacia atrás, y que desconoce entonces de estancamientos y nunca se volverá una caricatura de sí misma. Sin embargo, desde 1998 la mayoría de las producciones de Oldham vienen con la marca implacable de BillyprinceBonnie. Parece que Oldham se cansó de desaparecer, de escapar, y ahora quiere erigir algo así como un imaginario propio, que se va armando con un puñado de discos que guardan cierta filiación estética. Algunos dicen de él que es el Johnny Cash del siglo XXI. Quizás sea una sentencia demasiado imprudente, pero es cierto que con Johnny Cash grabó uno de los momentos más sublimes de la música autoral americana, cuando Cash ya era un hombre viejo y su voz se parecía al trepidar de la madera cuando se cierra un ataúd. El tema es de Oldham y se llama “I see a darkness”. Veo una oscuridad. En un rapto de lirismo enceguecedor, un periodista español escribió de él: “Un folk oscuro, literario, interpretado con voz cascada y que con frecuencia suena como si fuera una bolsa repleta de huesos de viejos poetas chocando ruidosamente entre sí durante una tormenta de polvo”. Al día de hoy, es muy probable que, alucinando en la web, nos choquemos con algún alter ego de Oldham sin nunca saberlo. También es probable que, de suceder, esa voz áspera y conmovedora, que parece susurrarnos las peores pesadillas al oído, con dulzura y con odio, no nos deje indiferentes.  

 

Una letra de BillyPrinceBonnie

“The Way”, Master and Everyone

 

Winter comes and snow
I can't marry you, you know
Without children to grow
I can't marry you, you know

Love me the way i love you
Love me the way i love you

Take a year in your hands
You can find another man
Let your unloved parts get loved
I will be your man

Love me the way i love you
Love me the way i love you

Places you should be afraid
Into the river we will wade

Love me the way i love you
Love me the way i love you

 

 

El invierno llega y la nieve

No puedo casarme con vos sabes

Sin hijos para criar

No puedo casarme con vos sabes

 

Quereme como yo te quiero

Quereme como yo te quiero

 

Toma un año entre tus manos

Podés encontrar otro hombre

Deja que tus partes abandonadas reciban amor

 

 

Quereme como yo te quiero

Quereme como yo te quiero

 

Lugares de los que deberías tener miedo

En el río vamos a meternos

 

Quereme como yo te quiero

Quereme como yo te quiero

 

 

  • Leonard Cohen (Montreal, Canadá, 1943)

 

      Si bien el folk es receloso a la hora de la delimitación territorial, no sería improcedente acercar a este canon en miniatura a algunos cantautores que cantan desde afuera del territorio norteamericano estricto. Uno de ellos es, desde luego, Leonard Cohen, cuya lírica demoledora y sutilísima no se puede obviar a la hora de armar un compendio que pretenda incluir a algunos de los más estimulantes creadores de canciones, así, a secas.

      Las referencias a Leonard Cohen dentro del microcosmos de la música contemporánea son quizás infinitas, porque con sólo 65 años Cohen ha sido ya declarado –a veces en voz baja, a veces con alaridos– como el maestro de todo el mundo. Una crítica en Página/12 sobre un libro de Don de Lillo empezó una vez así: “Don DeLillo es a Thomas Pynchon lo que Nick Cave es a Leonard Cohen: un brillantísimo alumno.” A esta altura de las cosas, la influencia de Cohen ha atravesado a más de una generación. Es cierto que abrió un tajo en la poética de tipos como Nick Cave e incluso Bob Dylan, pero esa suerte de profundísimo legado poético se metabolizó de un modo astillado pero ineludible en los cantautores de la generación siguiente. Y eso queda claramente evidenciado cuando el productor y la discográfica de turno deciden armar un álbum de homenaje a Cohen y los grupos se desviven por rendirle pleitesías al maestro supremo. El último de estos discos fue Leonard Cohen, I´m your man, y la nómina de artistas que dejaron su estampa en esa suerte de lista sábana que es la escritura musical de Cohen dice mucho sobre el legado de Cohen: de Nick Cave a Rufus Wainright, pasando por Jarvis Cocker, u2 o Anthony.

      Una de las lecciones mayores de Cohen seguramente tenga que ver con las letras, al punto de que se lo suele pensar más como un escritor que como un músico. Digamos: Leonard Cohen se las ingenió para romper en mil pedazos la falsa dicotomía entre letra y música (que tanto evoca a la relación tramposa entre forma y contenido en la literatura) y hacer de la canción un poema que se canta a sí mismo, bajo la maravillosa ilusión de lo natural, de lo fatal. Como si esa fuera la única manera de cantar esas palabras. En una nota en el diario La nación, una vez escribieron: “Leonard Cohen es poeta. También hace canciones y publicó algunas novelas, pero su oficio es el de poeta”. Este frenesí por asegurar a ciencia cierta qué es Leonard Cohen, no hace más que evidenciar su política caleidoscópica de la creación artística. ¿Por qué diferenciar al poeta del músico? Parece querer decirnos en cada uno de sus discos Leonard Cohen, el cantante, el poeta, el narrador, el disparador de esquirlas líricas que ya están clavadas en el inconsciente de más de una generación.  

 

Una letra de Leonard Cohen

Suzanne”, Songs of Leonard Cohen

 

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by
You can spend the night beside her
And you know that she's half crazy
But that's why you want to be there
And she feeds you tea and oranges
That come all the way from China
And just when you mean to tell her
That you have no love to give her
Then she gets you on her wavelength
And she lets the river answer
That you've always been her lover
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that she will trust you
For you've touched her perfect body with your mind.
And Jesus was a sailor
When he walked upon the water
And he spent a long time watching
From his lonely wooden tower
And when he knew for certain
Only drowning men could see him
He said "All men will be sailors then
Until the sea shall free them"
But he himself was broken
Long before the sky would open
Forsaken, almost human
He sank beneath your wisdom like a stone
And you want to travel with him
And you want to travel blind
And you think maybe you'll trust him
For he's touched your perfect body with his mind.

Now Suzanne takes your hand
And she leads you to the river
She is wearing rags and feathers
From Salvation Army counters
And the sun pours down like honey
On our lady of the harbour
And she shows you where to look
Among the garbage and the flowers
There are heroes in the seaweed
There are children in the morning
They are leaning out for love
And they will lean that way forever
While Suzanne holds the mirror
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that you can trust her
For she's touched your perfect body with her mind.

 

Suzanne te lleva a su casa

Cerca del Río

Podés escuchar los botes que pasan

Podés pasar la noche con ella

Y sabés que está un poco loca

Pero esa es la razón por la que querés quedarte

Y te da té y naranjas

Traídos de China

Y justo cuando estás por decirle

Que no tenés nada de amor para darle

Entonces te lleva por el ancho de su ola

Y deja que el río conteste

Que siempre has sido su amante

Y querés viajar con ella

Y querés viajar a ciegas

Y sabés que va a confiar en vos

Porque tocaste su cuerpo perfecto con tu mente.

Y Jesús era un navegante

Cuando se levantó sobre las aguas

Y pasó largo rato mirando

Desde su solitaria torre de madera

Y cuando estuvo seguro

De que solo los que se ahogaban podían verlo

Dijo “Todos los hombres serán marineros

Hasta que el mar vuelva a liberarlos!

Pero él mismo estaba quebrado

Mucho antes de que el cielo se abriera

Perdonado, casi humano

Se hundió en tu sabiduría como una piedra

Y vos querés viajar con él

 Y vos querés viajar ciego

Y pensás que tal vez vas a confiar en él

Porque tocó tu cuerpo perfecto con su mente.

 

Ahora Suzanne te agarra de la mano

Y te lleva al río

Lleva puestos andrajos y plumas

Del Ejercito de Salvación

Y el sol cae como miel

En tu Dama del puerto

Y ella te muestra dónde mirar

Por encima de la basura y las flores

Hay héroes entre las plantas marinas

Y los niños a la mañana

Aprenden del amor

Y van a aprender el camino para siempre

Mientras Suzanne sostiene el espejo

 

Y vos querés viajar con ella

Y vos querés viajar ciego

Y sabés que podés contar con ella

Porque tocó tu cuerpo perfecto con su mente.

 

 

  • Sufjan Stevens

 

      La empresa que Sufjan Stevens se propuso concretar es, por lo menos, ambiciosa: grabar un disco por cada estado de Norteamérica. Un proyecto cuyo horizonte se cierra en 50 discos. Algo así como un De Ushuaia a la Quiaca interestatal, pero dedicándole a cada estado no un puñado de canciones sino un disco, la ejecución de un concepto. Un modo curioso de marcar territorio, de dibujar márgenes, como si su objetivo fuera, en última instancia, una totalidad. Ya salieron los magistrales Illinois y Michigan (the great lake states), que tal vez sea el más personal, pues marca el punto en el que el arte de Stevens explora el misterio de su niñez. Sin embargo, los discos de Sufjan Stevens saben mezclar, con curiosa maestría, lo personal con la historia de los Estados Unidos todo. De ese modo, los discos sobre los estados son a un mismo tiempo piezas temáticas y saltos al vacío de la forma. En un impulso casi académico, Stevens investiga en profundidad la historia de cada estado así como su música, de modo que las letras se plagan de referencias a poetas, políticos, arquitecturas y personajes del lugar, haciendo contrapunto con las formas que ha encontrado el folk de aquella región para cantar lo que tenía que cantar. De hecho, las cosas se han vuelto un poco lunáticas: los periodistas entrevistan a veces a Stevens no para hablar de música sino para hablar de historia y de las costumbres de los estados a los que les dedica sus discos. Como si fuera una especie de especialista total de la vida americana, lo cierto es que los discos de Sufjan Stevens son, desde el ángulo por el que se los mire, grabaciones increíbles.    

      El patriotismo de Stevens es, sin embargo, ambiguo. Por un lado coquetea con la idea de que la tierra americana debe ser narrada. Una suerte de épica moderna, como si la tierra implorara a un juglar que la inmortalice. Por otro lado, tanta proliferación de clichés norteamericanos se pueden leer como una forma de cruzar la línea en la que todo se vuelve aunque sea un poco irónico.

      Más allá de las disquisiciones infinitas que la obra topográfica de Stevens pueda suscitar, su disco más personal es Michigan, the great lakes state. Es que Michigan es la ciudad en la que Sufjan creció. Y es, casualmente, el estado de los grandes lagos.  

(Sufjan Stevens tiene dos canciones en donde trabaja el tema del río: Kaskaskia River y Alanson, Crooked River. Por alguna razón, ha preferido que sean piezas instrumentales. Su relación con el río, tal vez, sea puramente melódica, como si las palabras sobraran o no bastaran)

 

 

  • Neil Young (Toronto, 1945)

 

Se dice de Neil Young que es un viejo lobo, un agrio artista rocker cuyo fuerte es el riffeo de una guitarra incendiaria. Sin embargo, bajo aquel torrente eléctrico en el que incurrió en muchos de sus discos se esconde una pulsión frágil, de una sutil sensibilidad, que parece resquebrajarse en cada una de sus canciones. Algunos biógrafos han querido ver en una escena infantil algo así como el nacimiento de esa sensibilidad. Cuando tenía seis años, una epidemia de polio arrasó con Canadá y Young estuvo al borde de la muerte. Caminó por esa cornisa, literalmente. Neil volvió a su casa tras la agónica hospitalización y preguntó: “No me morí, ¿no?”. No, no se murió, pero algo en él se modificó, como si le hubieran hecho un tajo en mitad del pecho y ahora los estímulos entraran más puros y más directos. De ese costado emocional de Neil Young, quizás su punto más alto esté grabado en el inmejorable disco Live at Massley Hall, en donde interpreta unas veinte canciones sólo con la guitarra o el piano.

      Después llegarían los años ochenta y, como a tantos otros, las cosas se le tornarían un poco confusas. Además de ciertos vaivenes musicales, la experiencia vital seguía atestándole golpes profundos, como el nacimiento de su segundo hijo con parálisis cerebral. Esas circunstancias o, mejor, esas fatalidades, hicieron de Neil Young un lobo huidizo, el tipo huraño que a un primer golpe de vista puede llegar a irritar. Sin embargo, como en los buenos ríos, lo mejor está bien al fondo. O lo mejor está, para muchos, cuando la pared de sonido de su banda languidece y él se queda solo, como desnudo en el escenario, con la guitarra que no llega a taparlo del todo, como su timidez quisiera, cantando canciones frágiles con esa voz inenarrable que lo hizo grande.   

 

Una letra de Neil Young

Down by the River, Live at Massley Hall 1971

 

Be on my side, I'll be on your side, baby

There is no reason for you to hide,

It's so hard for me staying here all alone

When you could be taking me for a ride.

 

Yeah, she could drag me over the rainbow,

Send me away

Down by the river I shot my baby

Down by the river,

Dead, oh, shot her dead.

 

You take my hand, I'll take your hand

Together we may get away

This much madness is too much sorrow

It's impossible to make it today.

 

Yeah, she could drag me over the rainbow,

Send me away

Down by the river I shot my baby

Down by the river,

Dead, oh, shot her dead.

 

Be on my side, I'll be on your side, baby

There is no reason for you to hide

It's so hard for me staying here all alone

When you could be taking me for a ride.

 

Yeah, she could drag me over the rainbow,

Send me away

Down by the river I shot my baby

Down by the river,

Dead, oh, shot her dead.

 

 

Quédate a mi lado, yo estaré a tu lado, nena

No hay ninguna razón para que te escondas,

Es tan difícil para mí estar aquí solo

Cuando podrías llevarme a dar una vuelta.

 

¡Sí!, ella podría arrastrarme por encima del arco iris

Mandarme fuera

Río abajo le disparé a mi chica,

Río abajo

Muerta, oh!, le disparé, muerta

 

Toma mi mano, yo tomaré la tuya

Juntos quizás escapemos

Esta locura lleva demasiado dolor

Es imposible hacerlo hoy.

 

¡Sí!, ella podría arrastrarme por encima del arco iris

Mandarme fuera

Río abajo le disparé a mi chica,

Río abajo

Muerta, oh!, le disparé, muerta.

 

Quédate a mi lado, yo estaré a tu lado, nena

No hay ninguna razón para que te escondas,

Es tan difícil para mí estar aquí solo

Cuándo podrías llevarme a dar una vuelta.

 

¡Sí!, ella podría arrastrarme por encima del arco iris

Mandarme fuera

Río abajo le disparé a mi chica,

Río abajo 

Muerta, oh!, le disparé, muerta.

 

 

  • Anthony and the Johnsons

 

 

      La historia, según dicen, es la siguiente. Lou Reed caminaba por las calles de Nueva York, y pasó junto a un borracho que estaba tirado en el piso cantando una vieja canción americana. Reed siguió de largo pero el sonido quedó haciendo eco en su cabeza, y decidió volver. El borracho todavía estaba ahí, cantando bajito. Lou Reed le preguntó cómo se llamaba. Anthony, fue la respuesta. Entonces Reed tomó una decisión que cambió para siempre la vida de Anthony: le dijo que quería grabar su voz en alguno de sus próximos discos. De ese modo, Anthony pasó a esgrimir algunos coros en los últimos discos de Lou Reed, y hace una versión de “Perfect Day” en The Raven, el disco doble de homenaje a Edgar Allan Poe. Con el tiempo, Anthony fue formando su banda, y ya sacó dos rarísimos discos, que están a mitad de camino entre la opera y la balada austera.

       Quien haya escuchado a Anthony no le costará imaginar el momento epifánico en el que Lou Reed se lo cruzó. Sucede que la voz de Anthony es un arma de largo alcance, de una profundidad acústica vastísima, que lo pone al nivel de los grandes cantores de la historia. Cuando Anthony canta es como si las copas de cristal fueran a quebrarse, pero por una doble razón: por la fuerza de su voz y también por su fragilidad, como si la voz fuera un fantasma siempre a punto de desaparecer. Dicen quienes lo vieron en vivo que su imagen también impresiona: un tipo grandote que recuerda al personaje de un loco que cree ser Michael Jackson en uno de los capítulos primeros de Los simpsons. A veces usa peluca y a veces deja relucir su pelada. Uno de los momentos altos de sus conciertos suelen ser aquellos en los que interpreta canciones de su descubridor, Lou Reed. Pero sea por los recitales o sea por los discos, la experiencia de Anthony and the Johnsons no le puede ser negada a nadie que se precie de revisar bateas a la búsqueda de buena música.

 

Una letra de Anthony

“River of sorrow”, Anthony and the johnsons

 

There is a black river
It passes by my window
And late at night
All dolled up like Christ
I walk the water
Between the piers

Singing
Oh
River of sorrow
River of time, river
River of sorrow
Don't swallow this time

For we all know the baby has expired
Long ago she was pulled from the mire
And no precious liar or well-wisher
Can return the love that was stolen

Oh
River of sorrow
River of time, river
River of sorrow
Don't swallow this time

Can you see the light
At the end of the dark passageway
Take me wit you towads this light
Into the darkness passing over the faces in the river
Hear me!
I'm whispering in your ear!

Oh
River of sorrow
Oh, river of time
River of sorrow
Don't swallow this time

Oh
River of sorrow
Oh, river of time
River of sorrow
Don't swallow this time

Hay un río negro

Que pasa frente a mi ventana

Y tarde en la noche

Todo engalanado como Cristo

Yo camino el agua

Entre los muelles

 

Cantando

Oh

Río de Pena

Río de tiempo, río

Río de pena

No te tragués este tiempo

 

Porque todos sabemos que el bebé ha expirado

Tiempo atrás ella tiró

Del barro

Y ningún mentiroso precioso y un bien deseante

Puede devolver el amor que fue robado

 

Oh

Río de Pena

Río de tiempo, río

Río de pena

No te tragués este tiempo

 

Podés ver la luz

Al final de el negro pasaje

Llevame con vos a través de esta luz

Dentro de la oscuridad pasando a través

De las caras en el río

Escuchame!

Estoy susurrando en tu oído!

 

Oh

Río de Pena

Río de tiempo, río

Río de pena

No te tragués este tiempo

 

Oh

Río de Pena

Río de tiempo, río

Río de pena

No te tragués este tiempo

 

 

 

 

 
el interpretador acerca del autor
 

 

               

Valeria Meiller

Nació en Azul, provincia de Buenos Aires en 1985. 

Mauro Libertella

Nació en Ciudad de México en 1983. Estudia Letras en la Universidad de Buenos Aires. Colabora regularmente en publicaciones como Radar y Radarlibros del diario Página/12, Brando y Los inrockuptibles.

   
   
   
   
   
 
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Imágenes de ilustración:

Margen inferior: Basia Konczarek, Obra ( detalle).