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Ensayos sobre Lugones

Incluye reseñas de Una república de las letras, de Miguel Dalmaroni (Beatriz   Viterbo, 2006), y Lugones, entre la aventura y la Cruzada, de María Pía López   (Colihue, 2004)

por Pablo Martínez Gramuglia

 

 

      

 

 

 

 

 

 

…Solamente los necios jáctanse de no enmendar errores, sean ellos literarios o ideológicos. Quien aprende, rectifica; y sin desdeñar, por cierto, las consecuencias de este acto, no habré de creerme inútil mientras conserve tan preciosa facultad.
                                                  L. Lugones, Historia de Sarmiento, 1911

 

Escribir sobre Lugones sigue seduciendo, pese a que, como lo hacía Ángel Rama con Darío, uno podría preguntarle qué motivo lo hace seguir vivo cuando su estética hace mucho que está muerta. Pero Lugones no es Darío (aunque tampoco es el poeta malo al que se lo reduce a veces) y su estética parece bastante más muerta que la de aquél que ayer nomás escribía esos versos cuya musical banalidad permanece insuperada en la lengua castellana (basta pensar en la antología de la antología, “La princesa está triste, qué tendrá la princesa…”: no se puede leer en voz alta sin casi cantar).

¿Qué queda hoy de Lugones que intriga a nuestros intelectuales? Un anecdotario sin dudas frondoso nutre las fáciles ironías de imitadores de Viñas: el hijo comisario, la nieta guerrillera, los bisnietos cineasta y poeta; el joven anarcosocialista y el viejo facho; las cartas infieles encontradas sesenta años después de El libro fiel; las etimologías inventadas, las traducciones absurdas (una Odisea que empieza “Los cantos de la diosa encolerizan a Aquiles”), la escritura expansiva e inagotable; el suicidio final en una isla del Tigre. Y una obra que, leída con la mejor de las voluntades, puede en algunos casos encontrarse interesante y hasta innovadora, pero rara vez genial.

Lo que yo veo curioso es que entre quienes escriben sobre él (y, sobre todo, quienes escriben bien sobre él, es decir, quienes escriben algo bueno sobre él) son más los que no encuentran motivos para admirarlo que los que sí. Jorge Lukács, un crítico  húngaro que luego abrazaría plenamente el marxismo, explicaba por ahí cómo la humildad del ensayista en realidad es una “orgullosa cortesía” (1) que ningunea su objeto al ironizar sobre él. Al mismo tiempo que el ensayista acepta ser menos que su objeto, o, lo que es lo mismo, ser menos fecundo (pues sería vano escribir para que otro escriba sobre mí), busca (y a veces hasta logra) destruirlo con una ligera burla, una sonrisa de costado, de estar por encima, eso que en el siglo XIX se llamaba “titeo”. ¿Por eso se sigue escribiendo sobre Lugones? ¿Porque es fácil burlarse de él?

Algo de eso hay, creo. Decía antes que se trata en parte de la herencia de Viñas: si en Literatura argentina y realidad política inaugura un modo de crítica con los botines de punta (y un estilo crítico del cual esta misma oración es deudora), parece a veces que también su influencia llega a la idea de que la crítica literaria debe juzgar las biografías de los autores a partir de sus textos. Y para contradictorio no hay mejor que Lugones. En parte, esa orgullosa cortesía es el motivo por el que un crítico profesional como Miguel Dalmaroni escribe sobre una literatura que, según aclara en su primera página, “es corta y mala” (aunque en comparación con los otros escritores analizados en el mismo libro Lugones tenga todavía la capacidad de inquietarlo, pues “no termina de disgustarnos o nos perturba o nos concierne”). Y también está detrás de otra crítica profesional, que dice no estar haciendo ni biografía ni crítica literaria, sino tomando a Lugones como una clave posible de lectura para las tragedias argentinas. Y, sobre todo, para una tragedia argentina: “entre los muchos fracasos parciales que se aunaron bajo el nombre de Argentina, está el de sus intelectuales”. Como reconoce María Pía López, en Lugones se agota un modo de ser intelectual, el de aquellos cuya intervención pública podía tener alguna influencia en la vida social y política del país. Casi un último estertor, un manotazo de ahogado del modelo: si Moreno y Belgrano hacen una revolución, si Sarmiento y Mitre llegan a la Presidencia, si aun González es el ministro más progresista de Roca, Lugones debe conformarse con escribir el discurso de Uriburu en la víspera del primer golpe de Estado exitoso de nuestra historia. De ahí en adelante, no hay más que “casos” cargados de patetismo, pues se imaginan una capacidad de intervención que nunca tuvieron: Sol y Luna, Sexto Continente, Contorno, etc. (2)

Pero si esa ironía del ensayo, ese exquisito desdén, está habilitado por (imaginados o reales) saberes intelectuales superiores, hay también un ser menos de estos intelectuales profesionales (profesores universitarios, publican en editoriales medianas pero con mucho peso en el ámbito académico y han establecido muy positivos discipulazgos) respecto de este objeto en particular. Un amigo, cuando me pidió este texto, escribía, entre otras cosas, tratando de caracterizar la diferencia entre ambos trabajos, que la colección “Puñaladas. Ensayos de Punta” de Colihue tenía una “mayor voluntad de intervención”; ¿va a cambiarnos la historia un libro sobre Lugones? Quiero decir, haciendo un esfuerzo por no ser yo ahora el que ejerce la orgullosa cortesía del ensayista, sin desdeñar, sobre todo, dos buenos libros, ¿acaso alguien va a escuchar a estos dos intelectuales a la hora de tomar decisiones que afectan a la sociedad? ¿María Pía López y Miguel Dalmaroni podrían (suponiendo que quisieran), no digo encabezar una revolución o un gobierno, siquiera escribir un discurso para quien lo hiciera?

Si Lugones sigue seduciendo a nuestros intelectuales, se me ocurre, se debe no sólo al placer sádico de acumular ironías sobre alguien que alguna vez fue el “escritor mayor” de nuestro país (y cuya muerte todavía nos regala, cada año, un día del escritor que nadie festeja), sino también a una envidia y un deseo: envidia del lugar que otros intelectuales (para peor, ideológicamente equivocados y sólo parcialmente dotados) lograron ocupar en un momento distinto; deseo de recuperarlo, de que la palabra intelectual llegue a los oídos del poder. Lugones anuló su propia existencia y extinguió así su preciosa facultad de corregirse; pero si Lugones representa todavía el mito del intelectual poderoso, la cadena de correcciones (que es, a su vez, una cadena de utilidades, de utilizaciones, de pequeños actos de fe de no creerlo inútil) que le ha deparado la historiografía cultural y la crítica hasta el día de hoy lo mantiene vivo, pese a que (o tal vez porque) su estética está cada día más muerta.

 

Pablo Martínez Gramuglia

 

 

NOTAS

(1) “El ensayista rechaza sus propias orgullosas esperanzas que sospechan haber llegado alguna vez cerca de lo último; se trata sólo de explicaciones de las poesías de otros, y en el mejor de los casos de explicaciones de sus propios conceptos; eso es todo lo que él puede ofrecer. Pero se sume en esa pequeñez irónicamente, en la eterna pequeñez del más profundo trabajo mental respecto de la vida, y la subraya con modestia irónica”, en una carta a Leo Popper de 1910.

(2) Nota doble: 2.1. No casualmente los ejemplos que se me ocurren son publicaciones: Lugones también representa el paso del intelectual que, frente a los sordos oídos del Estado y aun con el desprecio que siente hacia las masas, encontrará en el respaldo del mercado un argumento válido para exigir que se lo escuche.
2.2. El retorno de la democracia en 1983 habilita, de una manera mucho más clara (y, sobre todo, que ha dejado de percibirse como traición por parte del gremio, a diferencia de lo que ocurrió del 45 en adelante) el paso del intelectual por la función pública en niveles medios (y, obviamente, en niveles más bajos como la misma actividad docente). Sin embargo, para no irnos a La Coordinadora de Alfonsín y el diario La Razón, ni al Instituto Programático de la Alianza y Clarín, hoy, ¿influyen en algo, digamos, José Nun, Julio Bárbaro, el fallido Torcuato Di Tella, en fin, el progresismo oficialista de Página/12 en las decisiones que toma el gobierno?

 

 

 
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Pablo Martínez Gramuglia

pmgram@gmail.com

Ha publicado trabajos sobre la poesía gauchesca, el ensayo argentino en el siglo XX, el cine argentino y la literatura colonial. También da clases de varias cosas y tiene una vida mayormente ordenada. Su libro de poemas Guayaquil city será publicado a comienzos del año que viene. Escribe infrecuente pero irregularmente en http://trompadademogolico.blogspot.com/

Publicaciones en el interpretador:

Número 19: octubre 2005 - En las entrañas del monstruo -Impresiones de viaje- (aguafuertes)

 

   
   
   
   
   
 
 
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Margen inferior: Francisco de Goya, El perro semihundido (detalle).