Entrevista a Marina Marchesotti
por Juliana Fraile
Tus obras se nutren de imágenes que nos recuerdan a los tiempos de la infancia. ¿De dónde provienen esas imágenes?
Esas imágenes provienen del inconsciente, de mi interior. Y si son infantiles tienen que ver con una forma de sintetizar a las personas o a las imágenes que es propia de los niños, y que yo trato de lograr porque me parece que es interesante plásticamente.
¿Y cómo es entonces el pasaje entre la imagen inconsciente y el proceso de construcción plástica?
Viene directo, es como que la imagen se manifiesta directamente de esa forma. No se trata de encontrar una persona y traducirla a un lenguaje infantil. Los personajes desde el inicio tienen una connotación infantil, ya son sintéticos de por sí.
Yo plasmo la imagen inconsciente en el cuadro, y después sobre la marcha la voy reformando, y aparecen otras imágenes a su lado...
¿Cuál es el origen de tu visión plástica del humor?
El humor me parece lo más importante. En lo plástico y en la vida también. Me parece que es la forma de inteligencia del ser humano. Por eso me interesa trabajar con imágenes que remitan al humor. Eso es lo que me interesa lograr: humor, risa, alegría, recuerdos, etc.
¿Y en cuanto al elemento trágico que aparece en tu obra, qué nos podés decir?
Algunas personas perciben mis obras como dramáticas, oscuras. Quizá está en la sutileza de cada uno poder observar en lo oscuro algo que pueda ser gracioso.
Hablaste recién de las personas que perciben tus obras. ¿Qué pasa desde la producción, trabajás en la construcción de un lenguaje trágico?
Yo no puedo observar esto desde mi lugar. Sólo lo puedo ver a través de la mirada de quienes perciben este tragicismo en mis obras. En la producción de las obras prima mi intención de hacer algo con sentido del humor y no tanto el resultado.
¿Y cuándo vos construís esas imágenes también construís conscientemente ese relato trágico?
Yo no lo construyo previamente. Debe ser algo que sale del inconsciente y lo ve el de afuera. Yo lo puedo ver solamente a partir de los comentarios de los observadores.
¿Considerás que tus obras pertenecen a algún ismo?
Yo creo que todas las obras pertenecen a algún neo. Me interesa el movimiento expresionista e informalista, pero creo que lo que yo hago es una combinación; estamos en épocas posmodernas en las que no existe algo puro.
¿Con qué corriente contemporánea o artista te reconocés?
Con la neofiguración argentina y el informalismo europeo. Te puedo nombrar a Noé, Deira, Rómulo Macció; y del exterior a Dubuffet, el neoexpresionismo de los ochenta como Vaschiat. Estas son mis influencias.
¿Podrías señalar etapas dentro de tus obras?
Yo creo que la temática que trabajo siempre es más o menos la misma. Aparecen los mismos personajes, que pueden ser humanos, animales, monstruitos o como se los quiera llamar. Lo que fue cambiando fue la forma de representación de esas imágenes. Al principio, durante el ’97 o ’98 (cuando no estudiaba) eran dibujos de línea, muy sencillos e infantiles. Después, mientras fui estudiando distintas técnicas plásticas, se abrieron las formas y los personajes se volvieron más pictóricos, abiertos y matéricos. Ahora me encuentro transitando otra etapa, en las que las mismas figuras se complementan con un tratamiento espacial más intenso, e incorporo la escritura.
Por último te voy a proponer que elijas alguna de las obras y que nos invites a recorrerla.
Recetario: la empecé por el personaje que se ve en la parte superior derecha de la obra. Se trata de un personaje conocido, pero la intención fue hacerlo partir desde otro lado: en vez de la cara blanca hacerla en negativo. Después aparecieron los personajes de abajo que son como una foto en negativo. Por último introduje a la tipografía a partir de un juego de palabras, en donde me permití desorientar las palabras con respecto a los personajes. También me interesó trabajar esta paleta con colores más saturados, porque yo venía trabajando con colores más tierra y esto era distinto.