III-
Uno
y
dos
golpes
sobre el olvido,
despuntando el naufragio
consintiendo el desborde
humedecen los márgenes
resisten en este espacio.
VI-
Hay
en la sombra
un camino
incierto
profundo
poco feliz.
Es
sólo intentar
que arriben olas mansas
al rincón de mi reflejo
hecho de sombra
incierto
profundo
poco feliz.
IX-
Ninguna sombra me ataca
todavía
en este espacio.
Crezco de silencio.
XII-
Tanto poema clausurado
por pasado
por desastre.
Tanta vieja letra del mismo viejo corazón
la misma mano.
Tanta antigua y parecida desgracia
Tanto dejavú
tan poco vértigo.
XVII-
| En la periferia del llanto |
| |
justo
en
el
centro. |
|
Permanezco erguida
rebosante de saudade. |
XXVII-
Reanudó su itinerario de espirales.
Argumentó
-en torpe despedida-
no saber de la certeza.
Hizo del silencio
el exacto espacio
donde comienza la espera.
XXIX-
A este lado del océano
en el destello gris
de siempre tus pupilas
comienza a dormirse la tragedia.
XXX-
Que no te detenga el tiempo
y te suspenda,
entimismada y ondulante
profunda pasajera de tus horas.
Atraviesa este segundo.
Hazte feliz.
Hazme.
XXXIII-
Penetró la mañana y se asomó al silencio.
Siguió cayendo en el mismo desborde
mansedumbre profana
-exacta imprecisión que sabe necesaria-
la capacidad certera
de jugar a la desdicha.
Jorgelina Soulet