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La
cocina queda cerca del mostrador del negocio, a 4mts, ropero escondedor
de por medio. La mamá no es tan exigente, sólo ruega que
la dejen atender el local en paz. Talante nunca se decide a levantar
un corlok ni esas maderas livianas que venden tan barato en Easy, cualquier
cosita por lo menos. Lo único que se dignó a instalar
hace un año fue una cortina beige inservible: se volaba, se veía
toda la cocina, nadie podía prender la tele mientras estaba abierto
el negocio. Siempre es preferible algo duro. Ahora quedó la cortina
con el placard adelante: un asco amontonado, todo desprolijo.
La
tía Vale entra diciendo ´bueno, nos pusimos ricoteros´
y pega fotos de un recital en las puertas del mueble. La mamá
piensa que queda feo, pero Talante la acusa; que se deje de joder que
a los pibes les gusta el póster.
La
mamá pide con frecuencia a José que cuando vienen las
clientas se pase a las sillas del fondo si quiere seguir viendo la tele.
Y lo sabe: la ternera está prohibida los días de semana.
Ya le advirtió a la abuela que no le cocine a José lo
que se le antoja, después queda flor de baranda en todo el local
y la ropita de nena se impregna, los muñecos, las polleras, los
gorritos, todo.
La
mamá le dice a Talante (aunque en el fondo le guste quedarse
sola para que no haya tanta familia dando vueltas en el mostrador) le
dice, se le queja que todos los fines de semana lo mismo, dale que dale
con los tambores en el Lezama, no es capaz ni de compartir un café
en familia. Y José se ríe porque lo retan al papá.
La
mamá le separa los palos y enfila las lonjas con botellas de
agua. Que se vayan rápido con todo el traste antes que empiece
a caer nadie a comprar.
Talante
se pone como un nene, como que se le escapan las ideas y se le llena
de alegría, y toca y toca y se olvida por más que se le
rompan los dedos o las rodillas le pidan feriado, por eso José
piensa que su papá no lo prefiere y entonces él va a ser
jugador de fútbol y no va a tocar nunca.
Talante
antes de ser líder del candombe, jugó en las inferiores
de Peñarol. Es bueno en todo, pero vago. José piensa si
mamá se dará cuenta que la gente no entiende, se creen
que es un genio.
José
agarra la pelota, y se para al lado de un repique. Le llega justo a
la frente, son como los dos hijos de Talante: el de madera y el mulato.
Ah! Ahí llega la alumna de Talante que le gusta a José,
que le tira penales. La mira medio enojado porque tiene pelos abajo
del brazo, pero tiene un culo de grande y es tan buena, le da bola,
le llenó las bombuchas en el bebedero para altos una vez. La
peluda le toca la cabeza como caricia, hola José. Qué
almorzó le pregunta y José dice que ternera porque es
sábado. La chica mucho no entiende.
Llega
el resto, agarran los tambores y entran al parque por la feria de locos.
La
gente se compenetra con que va a vender todo sólo porque lo distribuyen
tirado arriba de una sábana, es un laberinto del barrio venido
a menos. Todas las doñas y sus niñas tomando mate y exponiendo
productos inútiles, muy hermosos algunos. Es para gente que no
sea careta, cosas usadas y sucias en su mayoría. Hay que mirarlas
por dentro o imaginarlas con agua, hay que tener ojo. La creatividad
es lo que sobra (piensa una turista) es genial y espontáneo,
en Italia no se ve. Piensa que los ciudadanos se están apropiando
de su espacio público, y una vieja come un sánguche.
Talante
va a la lonita de los playmóvil. Tienen He-man, tortugas ninjas,
frascos de perfume ni le interesan, dos tazas como con oro, camperita
de rayas, discos antiguos, ceniceros, tijeras de goma, pelucas de lana,
percheros de cama, consejos de nada, libritos de la biblia en 12 centímetros
increíbles y uno que dice Tarzán que siempre agarra, pero
él muy largo no lee. La peluda se prueba una pollera colorada.
Que parece re fea piensa José, en mi casa no busca nada para
ponerse, y patea la pelota de fútbol desacomodando los muñecos
en venta. Rajá pibe, le dice un adulto. La peluda lo defiende
un poco del vendedor y dice al oído del niño que tenga
cuidado, José le saca el hombro con qué me importa.
Todos
los sábados la misma guachada. José se abusa y no se comporta,
patea la pelota sobre todos los puestos y sobre todo porque su papá
es un moreno fornido y viene en banda, le provoca bailar a la gente.
Talante
enciende el primero de veinte en el banco de cemento abajo del árbol
en que prenden fuego para templar los parches, fuma y mira las chispas
ausente, tranquilo, saca panza de birra y le dice a José que
se vaya más allá si va a jugar, que no joda. José
cada vez que mete un gol viene y le festeja a los que tocan, se saca
la remera y se ensucia marrano, aprovecha cualquier charco para tropezarse
despistado y junta botellas vacías y tetras para levantar los
arcos.
La
peluda lo ve solito y le patea siete u ocho veces, después se
suma al resto para tocar. Al final todos lo cuelgan. Se sienta en la
escalera con una paloma. Quisiera ser sordito para que se callen los
tambores. Ahí llegan unas viejas que se arrinconan, entusiasmadas
de repente por la juventud, bailan sus hombros como agitando sachet
de leche. José agarra un palo, le emboca a la paloma, se acerca
a la ronda: empuja un piano, mete mano a un chico, escupe con poca saliva
un repique pero nadie le dice nada. Talante sigue y sigue, dando ordenes
a los nuevos porque tienen que sentirlo en el cuerpo, estos porteños
parecen soldaditos de plomo, tocan mirando para abajo, sin cielo, esto
no es música, es un desastre uruguayo.
Llega
una nena de cuatro con un vestido moderno de rosa, es de otro barrio
con plata se nota, se queda quietita y José medio que le acerca
la pelota pero ya sabe que las nenas no.
Gorda,
le dice.
2
José
baja la escalera porque hay unos de la escuela por el lado de las hamacas;
Uh... el bostero que le dice Negro y el gallina chupamedia. ¡Gallina
chupamedia! le grita y se ponen a patear contra las rejas de la plaza
verdes en una manifestación inconsciente, hacen quilombo tranquilos
como quien no quiere la cosa. Si le tiran la leche a una madre con la
hija encima, se alejan un poco o sacan la lengua para solucionarlo.
Las madres en general son buenas. José mira para arriba a los
tambores y mueve las cejas, siguen como unos boludos.
Aparece
racing con un carro de ruedas y el bostero maldito se hace el jefe que
corre primero, todos al trote como si regalaran amigos. José
agarra la cuerda y empuja el peso valiente, le gusta ser el más
fuerte porque Talante le festeja cuando levanta las cajas pesadas en
ayudar a mamá o cuando baja la persiana para cerrar el negocio.
Enfilan
los chicos para el lado de Paseo Colón, en cinco minutos suben
para el lado más alto y apuntan a la bajada para dar vértigo
al carro.
-Subíte,
Negro- racing le dice a José que se suba porque él todavía
nunca se tiró y lo intuye flojo al móvil. No puede: José
no tiene tiempo de concentrarse, pues es miedo. Mira el camino empinado,
es un asfalto mal puesto: un clavito, vidrios dando vuelta, cartones,
lo que mamá llamaría Te vas a Infectar. -Dale Negro- le
grita bostero y racing y gallina corean esclavos: -¡Dále,
dále! ¡Negro, dále!- José piensa con las
rodillas que es un cagón.
-¡Negro
botón! ¡maricón!- insisten los colegas. José
se sienta sobre las maderas del carro, medio se tambalea y medio se
envalentona porque le toca el primero. En el fondo le da bronca, le
parece un experimento, un honor sospechoso.
Antes
de decidirse a la rampa, mientras se sube firme las medias de las zapatillas,
bostero lo empuja desde el centro de la espalda. Allá va.
Cae
un minuto doce segundos por la bajada Lezama destino Patricios, adentro
suyo en un tiempo sin hora, le parece larguísimo cuando el viento
en la cara. Pero llegando al cordón de la vereda ya sabe que
quiere, quiere, quiere más. Siente una certeza de enamorado,
pasión de la velocidad, alegría que lo extrae de la familia
como si hasta entonces no hubiera tenido un sí mismo. ¨Qué
personalidad¨, piensa.
Sube
corriendo ni que cayeran dólares, carrito a cuestas empuja a
los tres pibes, se tira de nuevo esta vez gritando Ehhhhhhhhhhh! Vuelta
a subir la vuelta y empiezan los cuatro pibes a manotearse las piñas
-¡Eh loco, pará que le toca a racing que es de él!-
dice gallina.
-Bueno
-dice racing- si vos querés el carrito... yo me quedo con tu
pelota.
Uhhhhhhh,
piensan los muchachos. Peli no vuelve. José elige el carro porque
aunque la pelota es más plata es más vil metal, así
dice siempre el padre. Qué le importa… y se queda rebotando
en bajada hasta las nueve de la noche solito como dios lo trajo al mundo,
en bolas de gracia José, que encontró su destino propio.
Se tira más de veinticinco veces. Sube y baja desconcertado como
para acabar con la alegría.
Descansa
en un arbolito, apoya el carro boca abajo y no los vé a racing
y a bostero que aparecen por detrás y le afanan lo trocado.
José
los vé salir corriendo en un chiflido de pies y se queda mudo:
me cagaron.
Agarra
un cascote, se venga en el aire, pero nada.... los chicos cada vez vienen
más chorros.
Le
parece ver que al costado de la feria dejaron tirada una plancha verde
de plástico con animales, para nenas, para jugar a la casita.
Tiene el cablecito y el enchufe descosido. Qué extraño
mensaje... Se para dudosamente entusiasmado, la agarra.
Le
va a pedir a Talante que le construya un carro con rueditas mañana,
seguro se queja pero va y lo hace en media hora.
3
Mientras
esa velocidad, Talante terminó de hacer música y se vuelve
para el negocio con los muchachos que le colaboran en la carga de tambores.
Van pateando piedras, mirando birras. Uno que trajo una camarita digital
está como loco con las tomas contrapicadas desde arriba de una
rama: ésta va a quedar genial con los pibes moviendo la mano
como bestias a un perro.
Talante
llega al mostrador bien sudado: saluda levantando una mano y bajando
la frente, como los boxeadores. -¿Dónde está José?-
pregunta la mamá que sabe que con la pelota termina en cualquier
barrio. Uy. Talante le echa la culpa al pibe, este pendejo de mierda
se cree que tiene 18, y sale a la vereda a echar una ojeada. Ni idea.
Enfila
nervioso al parque.
Hay
tantos nenes que a Talante le parece que el asunto va terminar con una
denuncia policial porque rápido las hormonas le agitan el cerebro
::: hormonas ::: cerebro ::: aplastado por un camión ::: enojadito
::: hormonas :::: a ver si lo secuestraron ::: no tengo un peso::: cerebro
::: si no tengo guita :: o le sacan los órganos nuevitos :::
o algún degenerado de alguna red::: seguro ya vuelve ::: pero
no está:
-¡¡Negra,
José no está!!- le grita a mamá de telenovela asomándose
por la puerta, agitado del trotre, y lo vé a José sentadito
al lado de la abuela, despatarrado de cansancio, con una plancha de
juguete en la mano y una pelota robada en la cara de culo.
-¡La
puta que te parió José, casi llamo a los bomberos!
-Hacé
la tuya - dice José que ya decidió no acompañar
más a su padre con los tambores.
-No
seas maleducado- dice Talante. Se va a la cocina, mejor se va, sí,
se va para no pegarle un bife, apoya una pava en la hornalla, no sabe
si su hijo se está haciendo maricón o qué, se limpia
la frente con el antebrazo, come una galletita de salvado, para qué
carajo querrá una planchita.
Paula
Peyseré