Attention!
Attention!
We'll make you one of us.
A loving cup! A loving cup!
We accept you...one of us...
Gooble, gobble...
–Oh,
Tod. ¿Padeces alguna enfermedad, amigo? No debemos rodar esta
escena. No. No tiene sentido. ¿Por qué debemos rodarla,
Tod? Esos bastardos de los directivos nos van a cortar la cabeza, es
un gasto que no le podremos pasar al estudio. Explicame por qué
vamos a utilizar el último rollo de celuloide en esto, demonios.
Maldito seas, qué hacemos nosotros solos en este apestoso galpón
con estos… seres. ¡Oh, rayos!
–Cálmate,
amigo. Olvídate de esos malditos hijos de perra y ve a llamar
a mis muchachos.
Freaks.
Última escena. Primera y única toma.
The
Human Worm se negó a quitarse los trapos que cubrían su
cuerpo, su torso. La auténtica vergüenza que le imponían
sus cuatro muñones obligó a hacer un pequeño agujero
en el culo y otro, bastante más grande, que permitiera la salida
de su ancho y arrugado pene. Pidió que lo apoyaran contra la
pared del fondo porque se le hacía imposible arrastrarse como
una oruga rozando su miembro contra el piso de cemento.
Quedó
equilibrando fuerzas contra el decorado que se trazaba a lo largo del
plano de la cámara como imitación de un típico
american home. Estaba hecho de cartón pintado. Sobre él
había dibujado una cama, una mesa, dos sillas, un portarretrato
(sin retrato) y una ventana que dejaba ver parte de la Torre Eiffel
para darle un aire de cabaret parisino. Todo eso desnaturalizado en
una perspectiva de lejanía, estirado desde los trazos inferiores
hasta los superiores y matizado de grises. Fuera de las dos dimensiones,
dejando lo icónico, existía en la escenografía
restante un objeto duplicado por cada figura trazada. Proyectaban una
línea recta, punto por punto, esos objetos extraños y
sus imágenes.
Half
Boy se colocó encima de la mesa cubierta por un mantel negro,
provocando la ilusión de estar embutido en ella. En realidad,
Half Boy, no tenía nada más allá del obligo. Usaba
un traje con tiradores que le daba un aspecto a gangster de Chicago,
mucho más cuando completaba su pose con un revólver en
su mano derecha y mostraba los dientes mordiendo un habano.
El
vestuario lo habían elegido ellos, fue una concesión que
otorgó Tod y que supieron aprovechar muy bien. Algunos, escogieron
atuendos que les permitieran interpretar a personas y personajes de
otras vidas. Otros, como The Siamese Twin, pelearon largo rato por el
vestido que usarían. Una de las hermanas quería un vestidito
a lunares amarillos que dejara ver, desde los dos escotes, los cuatro
pezones rozados y pizpiretas. La otra, directamente no quería
usarlo, le parecía demasiado vulgar. Jugaron desnudas con el
marco de un espejo, sin espejo; atravesaban el marco entre sus caras,
una lo sostenía por el mango y ambas gesticulaban, exactamente
al mismo tiempo, gestos idénticos. Era evidente la conexión
que había entre ellas: eran hermosas, eran iguales, eran el componente
perfecto para un ménage à trois monogámico.
La unión se daba en un lugar ideal; una nalga izquierda se pegaba
a una derecha y hasta un poquito arriba de las caderas.
Sentada
sobre la cama, The Living Venus de Milo, miraba fijamente a las siamesas
mientras se clavaba con fuerza las paletas en el labio inferior. Una
gota de sangre cayó de golpe y se estrello contra su tobillo.
Como si nada levantó su pie, pasó la lengua por los restos
esparcidos y pitó rápido el cigarrillo sin manchar la
colilla.
Hubo
una charla entre ellos antes de comenzar a rodar, discutieron por qué
habían aceptado hacer la película. ¿Por dinero o por algo
más? Nadie resultó muy interesado en la discusión,
aunque uno dijo que irían al infierno y otro le contesto que
por lo menos al infierno sólo viajan las almas. Pero todo quedo
en nada porque, realmente, se sentían parte de algo. Se habían
quedado en el bar de la esquina tomando unas malteadas y habían
brindado por el fin del rodaje. Cheers. La charla se extendió
en otros temas más interesantes haciendo que Hans, Frida, Human
Skeleton y Half Man-Half Woman llegaran tarde.
Saludaron
al asistente y a Tod de manera fugaz (ocultaban la pena que le tenían;
probablemente fueran los últimos metros de celuloide que expondría
a la luz) y se colocaron rápidamente en escena. Se desnudaron
tal como se lo había dicho su director. Hans y Frida se ayudaron
mutuamente dejando al descubierto sus cuerpos infantiles desmentidos
por sendos y rubios vellos púbicos. Half Boy bromeaba sobre la
clara posibilidad de contar la totalidad de los huesos de The Human
Skeleton y señalaba cada uno de ellos mientras los nombraba en
acto taxonómico. La intriga que recaía sobre Half Man-Half
Woman se develó cuando su ropa interior se fue deslizando por
sus piernas; algunas miradas reposaron ahí queriendo averiguar
más sobre su ambigüedad. Aunque no pretendieron ser groseros,
sus atisbos captaron ¿un pene atrofiado? ¿un clítoris exacerbado?
Cada
uno de los actores se congeló en su postura esperando el grito.
Acción.
Los
cuerpos comenzaron a moverse, se desenredaron de su primitiva situación
y comenzaron una búsqueda. El correr de la cinta expandía
el ruido de los engranajes de la cámara alrededor de todo el
galpón. Tod tenía puesto el ojo en la lente y los vigilaba
a través de él pretendiendo hacerse invisible. No procuraba
la representación de un acto, sino la acción impuesta
por un vacío que obligara a la creación.
The
Human Worm trató de deslizarse usando el costado de su cuerpo,
meneaba y sacudía su torso tratando de alcanzar a The Siamese
Twin que se hallaban a unos dos metros de él. Tras rendirse del
intento de trasladarse sobre esa posición, no tuvo más
opción que apoyar su pecho contra el piso y arrastrase como una
oruga restregando su pene contra el cemento. Cuando las alcanzó,
acercó su boca y les mordió suavemente un talón.
Ambas suspiraron un gritito y se agacharon junto a él. Lo giraron
con delicadeza. Al ver su pito humectado de sangre pasaron todas sus
manos sobre él limpiándolo poco a poco y secándose
sobre sus muslos. Al ver su erección se rieron como dos nenas
de kindergarten y continuaron con el acto curativo. Get well,
get well, little frog tail.
En
el otro extremo del plano Half Man-Half Woman yacía en el piso,
de a poco iba abriendo las piernas. Se arrimaron Human Skeleton y The
Living Venus de Milo a observarla, su contemplación era adánica
pero despojada de asombro. Sus caras mostraban el deleite de la exclusividad
que les ofrecía su exotismo. Human Skeleton aproximó lentamente
su dedo índice a los ambiguos genitales y apoyó su mano
huesuda haciendo notar su dureza. The Living Venus de Milo pisó
fuerte el pecho liso y jugueteó con el pequeño pezón
moviendo ágilmente los dedos de su pie. El cuerpo se estremeció,
se irguió de golpe y descansó su frente contra la pelvis
de Human Skeleton sintiendo sus huesos clavándose contra su rostro.
Él sentía extasiado en su pubis el rozar del vello extraño
de su cara. The Living Venus de Milo se arrodilló y con su lengua
entrenada demostró la destreza adquirida por la falta de brazos.
Lamió, chupó y mamó cuellos, genitales, culos y
espaldas.
Hans
y Frida estaban, ajenos a todo lo demás, se besaron con fruición
en el centro de la escena. La cámara captaba el choque de lenguas
al comienzo de cada beso y el hilo de saliva que mantenía la
unión de ambos luego del final y hasta la reincidencia. Se tocaban,
se apretaban. Cada uno era la versión inversa en género
del otro.
Un
poco mas atrás, apoyado sobre una mesa, se oían los gemidos
de Half Boy, eran como cuchicheos entrecortados o quejiditos. Se había
recostado, permanecía vestido, una mano entraba por el frente
y otra por la parte trasera del pantalón. El ojo abierto de Tod
observaba los golpeteos rítmicos que hacían elevar y descender
la bragueta.
De
pronto, el brazo que se retorcía para llegar a su culo, se escapó
rápidamente del pantalón. En esa mano empuñaba
el arma, apuntó hacia arriba y disparó al aire tres veces.
Los estallidos no asustaron al resto, que al oírlos, dejaron
sus actividades para acercarse hasta la mesa de Half Boy. Despacio,
sin ningún tipo de apuro, empezaron a llegar y se pararon formando
un semicírculo que tenía su abertura apuntando hacia la
cámara. Half Boy bajó con gran destreza de la mesa: apoyó
una mano, se balanceó, cayó sobre la silla y de ahí
rápidamente al piso. Tomó su lugar dándole la forma
final a la figura.
Al
rollo de celuloide le quedaban unos pocos segundo por girar cuando los
fotogramas se imprimieron en un negro casi total. Lentamente los frames
se fueron aclarando, la luz entraba de a poco. No se había roto.
Ahora se podían ver bien, era la espalda de Tod y su sobretodo
negro que se alejaban veinticuatro veces por segundo adentrándose
en el semicírculo que ya no sería tal.
Los actores comenzaron a tararear una canción. Primero despacito,
luego al grito.
Tod
la tarareaba imperceptiblemente mientras seguía caminando. Cuando
el círculo se cerró, una mano extendida le ofreció
un cuchillo, unos pies desabrocharon su pantalón, una boca estiro
su verga como un elástico y él mismo la arrancó
de raíz.
Martín
Stefanelli