Nadie
es poeta a la hora de la multitud
abre una hoja blanca para verse las pupilas
sombras chinas sobre flores de papel
descuelgan muecas del rictus húmedo
la nostalgia pasea cómoda
por la faringe
la saliva
la lengua
saborea el dulce
el almíbar lo disfrutan las hormigas
que le trepan a las uñas de los pies
divertido cosquilleo
va sumergiendo en sepia
las memoriosas gotas
hay
un amor viejo
hay un
amor viejo cubierto de ropa
inmune a la rutinaria radio am
metódico y cabal en su silencio
besos sí,
en la pantalla
pero no roces sugestivos ni trasnoches
sólo un balbuceo entre almohadas
que suplica otra presencia
Visitas
Un circo de ropas
negras se instaló en mi casa,
con malabaristas de clavas rotas
y bailarinas de tules inmóviles.
Dos mujeres equilibristas apenas caminan
hacia el punto quieto.
Suena la música: lento llanto de velas derretidas.
Yo aplaudo y espero
a que se haga la hora
para que todo se vaya por la puerta del invierno.
Alejandra
Aguirre