el interpretador narrativa

 

Retumbe en modulado

Inés de Mendonça

 

 

 

 

Al Jefe.

 

Y entonces dejé de leer, dejé de leer y me puse a escuchar.

Los violines esos que me sacudían las orejas, que llenas de polvo hacía tanto que no usaba. El movimiento superficial de la canción, ese ir y venir, ese vaivén, bamboleo, baba, mucha baba sobre todo. Y esas piernas que, detrás de mi libro, habiendo cerrado de una vez el libro, pasaban a la altura de mis rodillas y seguían el camino de algo que no conocía muy bien y sin embargo intuía. Seguido del cerrar, me veía en el sonido y de pronto la voz me dijo qué hora era, me habló de la ciudad, de lo alumbrado, del digerir, de la longitud y del comienzo; qué se yo cuáles son las cosas que sumás y qué decís cuando hablás de 2 x 4. De vuelta me estás trayendo esas miradas, esas frases, la cuestión esa de la realidad. Regresame a la canción, por favor te pido, que ya cerré el libro. Acompañame un rato más, sacame esa milonga infernal que es todo valsecito; arrastrame un rato más en tus cuerdas largas, sacale ese tambor, pero che qué ganas qué tenés de decirme cómo si nada la hora. Otra vez la hora. Otra veces el minutero, el segundero, la temperatura, los llamados interrumpiendo, la otra voz. Esa cadencia. ¿Qué te pasa?. ¿Te olvidaste el rechinar, el caminando, el ir y venir, el vaivén, el bamboleo?. ¿Para qué estás trepando?. Te pedí que te callaras, te lo pedí de mil maneras, no paro de pedírtelo y ahora traes esa otra cosa, ese sonido, esas palabras. Desdobladas y repitiendo las horas, las condiciones térmicas, la importancia de ese festival. Y yo, qué fiestita que me haría con los ruidos, pero ahora no, ahora no puedo, ¿no ves la tristeza impresionante que me carcome la cabeza?, ¿no ves el realismo que acabo de cerrar?. Escribiéndote no logro nada, los mensajes quedan ahí como en camino de rapto a cruce. Y no sé quién te crees que soy, me estás dejando acá en el pozo, me estás viendo, estás sintiéndome caer. Ves el cambio, oís el cambio, estás relamiéndote en mi pendular. La forma que tenés de saludarme, de decirme buenas tardes y otra vez la hora. Creés que compañía es arrumbar a los oídos en el cofre y llenarlo de arena, creés que tratando de soplarme vas a escupir un tema entero, una unión, un modo nuevo de estar juntos (es todo a lo que llegás, aunque rompiendo la pena pueda verse la cara-pez: la luz profunda densa anhídrica en tus ojos). Todo el mundo está cambiando y sé que trato de entenderlo por estar sentada en el nombre mismo del intento. Lo más importante es que seguís hablando, claro, tu tirada es pensar que no pasa nada más que estar ausente. Yo te digo: quiero sacarme de encima esta morriña, quiero sacarme tu influencia, quiero callar de una vez esa sonata. Rasparme la piel y hacerme daño. Sino parece que solamente vos pudieses agredirme, y sin darte cuenta, seguís. Sin darte cuenta, sin tomar consciencia de estas nuevas. No creas más nada, no saludes más che. Esto es cualquier cosa. Dame violines, dame violas, dame un poco bandoneón. Dame espacio para dejar de replantearme, espacio de acreditarme un descansito. Espacio de valer hojas, de no esperar trompetas, de seguir a No, no te digo nada, no te digo hola, no te necesito, vos no me necesitás. No me des tu número, no insistas con el teléfono, no digas ahí sí, ahí estoy, ahí quedo. Compuesto de nada, esto no tiene ningún componente, no tiene sustancia, rompe todas las fórmulas de física que conocés. No hay osmosis, no hay difusión, no hay transmisiones, dejate de hinchar con la insistencia en eso, en las ondas, fibras frenéticas, patriotismo, desempeño gigante, designaciones, observaciones de líneas que trascienden el aire constituido, el dios que lo genera, los niñitos adentro de la caja. De un modo más que lamentable cerraste, uy, que ruido, qué miedo, qué silencio. Ahh ahora sí, ahora te entretuviste con algo, realmente es la cisterna lo que oigo, qué bien me funcionan las orejas, son como carriles aceitados por los que corre una zorra. Van y vienen, arriba y abajo. No, no quiero esperar más, en la ruta estamos. Ahora sí, la cosa completa se deshace, sobre mis rodillas el libro todavía, no sabe, está cerrado, cerrado y de tapas rosas. Es un cuaderno en realidad pero adentro está lo que escribiste, esas canciones, ese tufillo de verdad. Sabés, no te quedes. En silencio mejor andate. Volveme a la cadencia, volveme al estridente, al tenso, a la cuerda de cerdo esa que tiraba antes de mi nariz hacia delante. Zapatos guillermina punta redonda, por encima de baldosas rayaditas, beige, naranjas y amarillas. Porque las dejaron así después de un quiebre de gas en la zona y un arreglo de acción contenidista, en noche de semana y en las bandejas la selección. Uhhh no, otra vez no, otra vez la hora no, no abras más encías por favor. No edites nada, no aclares que es vuelta, que es viernes, que es tarde, que es sol que se cae, que es buenos aires, que es asesinato, que es sistema, que es un gorila al fin y al cabo. No me hables de la programación de las promesas que había antes de haber cerrado el papeleo.

Muy bien, me entierro, busco no atenderte: voy a llevarlo yo solita. Desde luego que el sacudeo de las letras no me estaba haciendo bien, pero peor me hacía tu soliloquio interminable. Ahora al menos imagino cerrazones de agudos, rasponeándome la nuca, cediendo al peso de tuntunes redondos y emparchados, de bajezas audiomórficas que se me meten hasta el caracú.


©Inés de Mendonça

 

 
 
el interpretador acerca del autor
 
               

Inés de Mendonça

Nació en Buenos Aires en 1978. Estudia Letras en la UBA.
(Hace mucho!) Intenta con la poesía y la narrativa mientras flota en los
pasillos de diversas oficinas, robando horas de computadora y tinta
gratuitas.

Fueron publicados algunos de sus poemas en ARDE FILO, revista de
estudiantes de la Facultad de Filosofía y Letras en 1998, y "Miro una serie de patos" en la antología de poesías ganadoras del concurso "Poesía en el Subte" editado por La Nación.

Publicaciones en el interpretador:

Número 5: agosto 2004 - Tres poemas

Número 7: octubre 2004 - Poemas

Número 7: octubre 2004 - Vientres abiertos y las entrañas colgando Excusas para hablar de la lectura en “La Caverna de las ideas” de José Carlos Somoza. (ensayo)

Número 11: febrero 2005 - Peso (poesía)

Número 12: marzo 2005 - Primera vez (poesía)

Número 14: mayo 2005 - Mi gusto argentino (imagen)

Número 14: mayo 2005 - Totalidad Tonalidad (poesía)

 
   
   
 
 
 
Dirección y diseño: Juan Diego Incardona
Consejo editorial: Inés de Mendonça, Marina Kogan, Juan Pablo Lafosse
Control de calidad: Sebastián Hernaiz
 
 
 
 

Imágenes de ilustración:

Margen inferior: Rodger Roundy, Search (detalle).