En
esta nueva columna intentaré ayudar al hombre en uno de los más
conflictivos y usuales trastornos de su sexualidad. Hay muy buenas razones
científicas que permiten esperar que muchos afectados de eyaculación
precoz serán capaces de mejorar su control sobre la eyaculación
siguiendo los consejos e instrucciones que brindaré en sucesivas
entregas. Pero es necesario hacer una advertencia. Si usted sigue escrupulosamente
las reglas sugeridas en esta columna y no consigue mejorar su control
sobre la eyaculación, no se desespere. Ello no significa que
ud. sea incurable. Así pues, intente en primer lugar ayudarse
a sí mismo por todos los medios posibles. No tiene nada que perder,
excepto su problema sexual. Pero si esto no le diera resultado, no se
considere un caso perdido, por favor. Aún quedan muchas posibilidades
para que un terapeuta sexual competente pueda ayudarle. En esta primer
entrega les traigo el caso Bob, porque es importante comenzar a socializar
el trauma, que cada hombre afectado se dé cuenta que no es el
único. En las próximas trabajaremos sobre consejos útiles
para que ud. pueda comenzar a superar el problema y a disfrutar de su
sexualidad.
Caso
Bob
Algunos
eyaculadores precoces no tienen ninguna relación romántica
en absoluto. Su temor a ser demasiado ineptos sexualmente como para
atraer o satisfacer a una mujer deseable les impide llevar una vida
social normal y encontrar relaciones románticas. A menudo se
sienten tan avergonzados de su problema que rechazan invitaciones y
citas.
El
caso más triste de este tipo que he visto es el de un profesor
de 29 años, Bob, que fue hospitalizado tras haber intentado suicidarse
inyectándose insulina. Bob había sido un chico tímido,
algo torpe. La primera vez que había intentado tener una relación
sexual con una compañera de clase durante el último curso
del instituto, había eyaculado casi inmediatamente. Aunque su
pareja, que no parecía haberse dado cuenta de lo ocurrido, no
le reprochó nada, Bob se disgustó y se sintió humillado.
Nunca habló con nadie del incidente. No volvió a hablar
con la chica y rehuyó citarse con ninguna mujer en los siguientes
diez años.
Se
sentía inepto y solo, y se fue desalentando cada vez más
conforme sus amigos, uno a uno, iban encontrando pareja o se casaban.
Tres
semanas antes de su intento de suicidio se había armado de valor
y había ido a ver a una prostituta para intentar superar el problema.
Eyaculó incluso antes de haberla penetrado completamente, y la
mujer rió de él. Esa fue la gota que colmó el vaso.
Bob estaba mortificado y no tenía ninguna esperanza de llegar
a tener una vida normal alguna vez, y quería morirse.
Qué
precio tan terrible, considerando que, con toda probabilidad, se podría
haber curado con éxito la eyaculación precoz de este joven
mucho antes, cuando aún no había causado este desastre.
©Helen
Kaplan