El
oficio de escribir
1.
1. ¿En qué momento sentiste que ibas a convertirte en
un escritor?
En la secundaria, al escribir composiciones “libres” con
cierto estilo.
2. ¿Qué influencia tuvo tu familia en tu formación
literaria?
Muy curiosa, porque no se trató de la herencia de la “biblioteca
paterna”, sino del descubrimiento que hicimos junto con mi padre
de la literatura moderna (la española del siglo de Oro él
la tenía muy masticada).
3. A partir de tus múltiples oficios –narrador,
poeta, traductor, periodista, crítico- ¿qué diferencias
y qué similitudes formales ves en tu escritura?
Cada una de ellas es distinta, por una cuestión simple de oficio.
Es muy riesgoso (y por lo tanto interesante) cuando las cruzás,
como hice en los textos periodístico/literarios de mi libro Parece
mentira.
4.¿Tenés un plan definido antes de comenzar a
trabajar en un texto literario o te dejás llevar?
Depende de cada caso en particular. Hice un plan prolijo para mi única
novela, Boomerang, para después cumplirlo a medias.
Algunos cuentos me salieron de un saque, otros demoraron más
de un año. A veces tengo sospechas de fallo que no alcanzo a
distinguir, y paso el tiempo en encontrarlos o intuirlos. Dejarse llevar
es estupendo, también salen cosas muy buenas. Pero ahí
es aún más importante un esencial estado de gracia, muy
difícil de alcanzar cuando vivís de tu trabajo.
5.¿Qué tipo de ámbito necesitás
para escribir?
Cualquiera.
6.¿Escribís en papel o directamente en la computadora?
Si tengo computadora a mano, con computadora. Si no, escribo a mano,
aunque después me suele costar entenderme la letra.
7.¿En qué momento sentiste que habías adquirido
“oficio”? ¿Qué cosas te lo indicaron?
El empujón hacia adelante en la espalda lo tuve con la publicación
de poemas en la revista El corno emplumado primero, después
con el nihil obstat de Mario Levrero con “Vivir en la
salina”, y en cuanto a la percepción pública, con
la apertura de una selección del cuento argentino que hacía
Osvaldo Soriano en La Opinión con “Sobre las rocas”.
8.¿Pensás en un tipo específico de lector
al escribir?
No, varía según el cuento. Siempre es imaginario.
9.¿Qué estás escribiendo en este momento?,
¿cuáles son tus proyectos literarios a corto y a mediano
plazo?
En este preciso momento, nada. Tengo tres novelas cortas empezadas,
totalmente distintas, que ojalá pueda terminar: “La silla
voladora” (acción, crimen, frases cortas, balneario, pocas
explicaciones), “La chica del espacio exterior” (falsa ciencia
ficción sexual, en primera persona), “Tiempo atrás”
(c.f. directa, con viaje en el tiempo). Las tres son bastante difíciles
de mantener en el tono. A largo plazo, una obra maestra de más
de l.000 páginas que dejaré inédita al morir, ja
ja.
La obra
10.¿Qué lugar ocupan los géneros literarios
en tu obra?
En la obra, no creo que supere el 15 o 20 por ciento. Supongo que te
referís a la policial y la ciencia ficción, que justamente
suelen ser tomados como géneros NO literarios.
11.Entre La reina de las nieves –1982-, tu primer libro
y Cuando Lidia vivía se quería morir –1998-, tu
último libro, pueden pensarse elementos comunes: la combinación
de cuentos largos y cortos, de cuentos de registros y temáticas
diversas y de épocas distintas, es común que convivan
en un mismo volumen cuentos escritos en los 70 y cuentos escritos en
los 90. ¿Qué podés decir acerca de eso?
Muchas veces los libros se arman de acuerdo a necesidades editoriales,
no personales. El que más me gustó como quedó armado
es Cuando Lidia vivía se quería morir. Nueve
relatos, divididos en tres partes de tres, con tema o clima semejante.
Pero me gusta mucho armar y leer libros inestables, como Espacios
libres de Mario Levrero, o La legión extranjera de Clarice
Lispector. En cuanto a las fechas, a veces vuelvo a valorar, o
lo revalora alguien que lo lee, un cuento que quedó en el candelero,
y lo meto.
12.Varios de tus narradores son hombres que están ensimismados,
paralizados, entumecidos por la rutina, a los que les pasa algo que
viene de afuera de ellos (un encargo, una persona que los busca) que
los hace “despertar”. Este es el caso de Rete Carótida
y la reina de las nieves. ¿Por qué creés que este
patrón se repite?
Porque por intuición adiviné que es una buena manera de
enganchar al lector, que suele ser así de ensimismado, de paralizado,
de entumecido por la rutina, y que quiere que lo “despierten”,
cosa que trato de cumplir con el relato. En parte lo aprendí
en Kafka, en Joyce, y otros de personajes semejantes. Subrayo que hay
muchos relatos que no cumplen con la fórmula. Otra manera casi
infalible es empezar con la frase “Afuera llovía torrencialmente”,
y seguir a partir de ahí.
13.¿Por qué no publicaste ficción en los
últimos 6 años?
Sí publiqué ficción, pero no en libro mío.
Hice varios relatos que me gustan para antologías de textos originales,
y para algunas revistas y libros. Sobre todo en los últimos años
publicar un libro de cuentos se ha vuelto más difícil
que la mierda.
14.¿Qué lugar ocupa la poesía en tu obra?
Muy importante.
El
mercado
15.¿Cuál
es tu relación actual con el mercado editorial?
Casi nula. Me llevo bien con algunos directores de colección
y charlamos. Suelo tratarlos cuando hago traducciones o antologías.
16.¿Ganaste mucho dinero con la venta de tus libros?
Ja ja. La palabra “mucho” indica una inconsciencia grave
sobre los montos que se puede ganar con la literatura, incluso siendo
Osvaldo Soriano en toda su gloria.
17.Salvo
casos puntuales, los autores argentinos no venden muchos libros. ¿Encontrás
alguna explicación al hecho de que la literatura nacional esté
condenada a las mesas de saldos?
En este momento un rollo tremendo es que casi toda la gente de entre
20 y 60 compite con gente de su misma edad y calidad. Algo muy incestuoso
y narcisista. Además está el problema de “tener
la vaca atada”: Cohen o Kohan sacan algo y saben que se lo van
a comentar bien en Los inrockuptibles, Saccomano o Feinmann
cuentan con Página 12, Guillermo Martínez o Pablo
de Santis tendrán recatadas alabanzas en el recatado y soporífero
suplemento de La Nación, y así de seguido. A
su vez mucha de la crítica supuestamente polémica rara
vez pasa de un arranque de malhumor pasajero. No hay grandes palizas
reales. En caso de que se dé se convierte en la Única
Gran Paliza de la Década (aunque no recuerdo ninguna). Así
es difícil que salga una literatura robusta y bien alimentada,
que circule electricidad. Me hace gracia cuando muy de vez en cuando
veo a una escritora amiga y me pregunta con extraordinaria puntería
por cada uno de los nombres que no me interesan en absoluto. En parte
son los que “están de onda”, pero sólo para
esa especie de fenómeno loco que es el periodismo reseñista
o crítico con gran peso de la gente que enseña o estudia
literatura: se va dando una homogeneidad muy embolante. Para mí
que soy muy lector: imaginate para el público en general. Fue
un día en que esta escritora me hizo esa serie de preguntas (en
parte se debía a que por su parte los conoce personalmente),
que se me reveló que en general compiten entre ellos. Casi siempre
es mejor competir con Hemingway, con Arlt cuentista, con Richard Matheson,
con Chejov, con Rubem Fonseca, con Fredric Brown, hasta con Lewis Carroll.
Lo mejor de todo es que no los conocés personalmente y no vas
a ponerte a sacarle defectillos personales, manía tan
acalambrante de los escritores tomados en manada, en casi todo el mundo.
Ojo: yo suelo hacerlo con gran energía y sentido del humor, cuando
hablamos con algún amigo. Y ojo también: en parte hay
un bloqueo meticuloso y laberíntico para que los libros lleguen
a sus lectores predestinados, por parte de las mismas editoriales. Hay
lavada de manos en cadena: el dueño o encargado principal suele
lavarse las manos apuntando con el dedo al encargado de ventas o el
director de colección, éste a su vez descarga responsabilidades
en los lectores (e informadores) de originales, seres fantasmales, muy
mal pagos, que suelen ver con asombro que no se publica casi nunca lo
que recomiendan, y sí en cambio auténticas basuras que
demolieron con energía.
18.¿Qué se te ocurre que podrían hacer
los escritores y los editores para modificar esa situación?
Cambiar, de una manera inimaginable para mí. Los escritores,
seguir escribiendo lo que tengan ganas, y después tratar de publicarlo
en algún lugar, incluso cayendo en la humillación
terrible de los premios mayores y menores (digo por los resultados que
se ven con gran frecuencia).
19.¿Por qué, en el país de Borges y Cortázar,
se editan tan pocos libros de cuentos?
Ja ja.
Los
nuevos
20. ¿Qué autores surgidos en los últimos
años te resultan interesantes?
Claudio Zeiger, Mariana Enríquez cuando escribe género,
de una u otra manera (el último libro me pareció un esfuerzo
sincero para reflejar el caos aryento actual, pero no le alcanzó
para zafar de “el enfoque real”, para mi gusto), Patricia
Suárez, las novelas Lanús y El equipo de
los sueños de Sergio Olguín, Samanta Schweblin (ahí
tienen un caso donde hay que rastrearle los relatos en revistas o Internet).
Mayores: el gran Saer, el gran jugador que es Fogwill (que produce toneladas,
y es un poeta de cuidado) (en lo único que resulta débil
es en las polémicas). En el ojo del pez, Las plantas
carnívoras y El calígrafo de Voltaire de
Pablo de Santis, los cuentos de Hebe Uhart y Gustavo Nielsen, La
crítica de las armas de Feinmann, Hay unos tipos abajo
de Dal Masetto, Coney Island de Tabarovsky, Galimberti
de Larraquy y Caballero (periodismo que es gran literatura). Cualquier
libro de cuentos de Fontanarrosa (es imposible distinguir unos títulos
de otros por su composición homogénea). Y dejo una cantidad
de nombres y libros equivalente afuera, como pasa siempre en estas listas.
Mañana lloraré, titularía Baily. O Mañana
digo basta (Silvina Bullrich). Al releer la pregunta, veo que sobreentendí
que se trataba de autores argentinos.
21. ¿Esos autores se diferencian de los surgidos en los
80 o en los 70 o sólo los continúan?
Ja, ja. Escribí la respuesta anterior sin leer esta pregunta.
Recién ahora veo las fechas: ¡qué cortedad cronológica,
qué creencia impulsiva en la velocidad de los cambios, muchachos!
Me hizo acordar a un maravilloso supuesto canon de la novela rosarina
que hizo la revista Riel (estupendo esfuerzo por otra parte),
que recogía los títulos sólo editados en Rosario
(con la excepción inexplicada de Patricia Suárez) del
período ¡97 al 2003! (con un margen de un año de
diferencia en ambos sentidos: no la tengo a mano en este momento). No
creo que se haya producido un gran quiebre importante de ningún
tipo después de Cortázar, o de Saer. Hay mucho globo inflado
de dos a seis meses de duración. No cuesta imaginar periodistas
culturales mal pagos que corren aterrados: ¡Necesitamos ya
un fenómeno de tapa!
22.En el caso de que se diferencien, ¿cuáles son
los cambios que notás en la literatura argentina producida por
autores nuevos en los últimos diez años?
Ver respuesta anterior.
La
literatura y la vida
23. ¿Qué relación existe entre la obra
de un escritor y su propia vida?
Inevitable, enredada, muy interesante de descular sin caer en excesos.
24.¿Escribís acerca de personas que conociste
o tus personajes son producto de tu imaginación?
Se mezclan los dos grupos.
25.¿En algún momento te autocensuraste por no
lastimar u ofender a alguien?
Por supuesto: todo escritor lo hace. Es la vieja idea de Poe y Baudelaire:
lo único imposible de escribir (y subrayan: totalmente
imposible) es un libro que se llame Mi corazón al
desnudo y que cumpla con su promesa. Previsiblemente, es un proyecto
que suele atraer a los jóvenes cada cierto tiempo.
26.¿Es posible conseguir chicas diciéndoles que
uno es escritor?, ¿cuál es tu experiencia en ese sentido?
Ser escritor tiene el mismo atractivo sexy que ser político,
mozo de un bar de Palermo, poeta rosarino, millonario, metalúrgico,
peronista o del partido ecologista. Los tipos de chicas que se atraen
con cada una de esas profesiones son distintos, por supuesto. Yo me
cuento a mí mismo el cuento de que soy espontáneo en el
presente, en cada presente, pero cuando miro para atrás, veo
que ser escritor (no hacerse el escritor, que es algo totalmente opuesto)
actuó un par de veces, y estuvo muy bien.
27.¿Qué aportaron a tu escritura las distintas
ciudades en las que viviste? ¿Aparte de la literatura, cuál
es el arte que más te interesa? ¿Cómo influye sobre
lo que escribís, tiene alguna relación?
Como la vida de un escritor tiene muchísimo que ver con su obra,
inevitablemente ocurre así con las ciudades. En cada una de ellas
me integré mucho a la parte de su vida cultural que me interesaba,
y creo que hubo un intercambio benéfico por ambas partes. Aparte
de la literatura me interesa sobre todo el cine. Me gusta escuchar música
de todo tipo, pero no tengo el menor conocimiento detallado, como sí
ocurre en cine y literatura. El teatro me interesa poquísimo.
Todas las demás artes, incluso el teatro, influyen sobre lo que
escribís.
28. A tus personajes les va mal en las relaciones amorosas.
El protagonista de “Llano del sol” no consigue que su relación
sentimental salga del letargo; el narrador de “La oscuridad bajo
la mesa” observa fascinado cómo su mujer le es infiel;
el protagonista de “Escamas, piel” no logra descifrar el
misterio de la mujer que lo obsesiona; incluso Ivan, el pibe cheto de
"Boomerang", que es muy distinto a tus otros personajes, intenta
sin éxito deshacerse de la chica uruguaya que se levantó
en plena huida a la otra orilla del Río de la Plata. ¿Qué
relación podés establecer entre esos fracasos amorosos
y tu concepción del amor y la pareja?
En la descripción que hace la pregunta, hay un error: Iván
Garré no sólo se libra de la mujer que empieza a acosarlo
(pasan apenas 3 días juntos), sino que ella misma es quien se
va por sus propios medios, sin ocasionarle la menor angustia. Justamente
un poco antes pasaron una serie de cosas personales que cambiaron el
modo en que veía y escribía sobre las mujeres y el amor.
No tengo concepciones fijas sobre ninguno de los dos temas: se aprende
todo el tiempo, y la experiencia acumulada suele servir de poco en ese
plano. Como en el de la vida y la muerte. O la propia literatura.
29. ¿Qué obras y qué escritores te impresionaron
especialmente en tus años de escritor cachorro?
Lo de “cachorro” me hace poner colorado. Por lo que recuerdo,
Matheson, Macedonio, Borges, Gudiño Kramer, lo poco que se conseguía
de Wernicke, Alfred Bester, y unos 554 nombres más.
Pregunta
final
30. Según tu punto de vista: ¿Cuál es hoy la función
social del escritor?
No sé.
Entrevistadores:
Zulema Lázaro, Daniela Allerbon y Ariel Bermani