> Nro. 35

El interpretador / 5 años

 

Acta sumarial

Policía: institución social, entre otras, como la literatura.

El hombre que está solo y espera se puede detener en la misma esquina –de hormigón, de papel– que recuerdan las Memorias de un vigilante de Fray Mocho. Podríamos postular “si hay ciudad, hay policía”. Y si hay literatura sobre ciudad o sobre policía, hay redirecciones, dobleces, negaciones y cruces.

Digamos: la policía de las esquinas de Fray Mocho se sobreimprime en las de Scalabrini Ortiz, pero la policía está también afuera. Como para no saberlo. Las imágenes no son sólo literarias. Y aun así, ambas instituciones atraviesan el mapa retórico de la ciudad.

El retrato como género literario organiza formas de la codificación, de la tipología y de la paranoia y, tal vez, podría leerse como colaborador en la fundación de la “portación de cara” con que discrimina la represión hasta nuestros días. Quiénes miran, quiénes esperan, cómo caminan y cómo hablan… En la esquina una corrida se inicia en la mirada educada en el arquetipo.

Del control vigilante a la investigación sospechosa y sospechada, de la exhibición de los límites de la ley hacia el traspaso explícito de esos límites, como figura que atraviesa la ciudad con su presencia simbólica y material, la policía organiza escenas centrales de la literatura. Un género literario retoma, de hecho, su etimología, aunque no siempre la represente del mismo modo: hay policial de policías lúcidos, de policías idiotas, hasta lo hay sin policías.

Lo policial adjetiva también una sección de la escritura periódica; acaso practicando con la literatura una inefable competencia de eficacias por la construcción de imágenes, retoma el mismo nombre: policiales. Sección de diarios donde varios escritores, allá en los tiempos de la profesionalización del oficio, pero también hoy día –digamos: de Fray Mocho a Osvaldo Aguirre–, ensayaron sus primeras y no tan primeras armas. Todavía hoy los cruces son fáciles de seguir en tiempos de reformulación del género crónica, donde los canales de comunicación entre realidad y ficción y los modos de la exposición –ficcionalizada– de la intimidad parecen estar renovándose continuamente al ritmo de las novedades tecnológicas.

Mucha literatura –y cine, música, fotografía– se ha focalizado en la denuncia de la policía como agente de la represión. Y sin dudas la historia aparece como un sobredeterminante para esta tendencia. Sin embargo: se puede seguir pensando. No quedarse ahí. Yuta puta. Sí. Pero además: ¿qué pasa? Pensamos en Pasolini y su crítica a la pequeña burguesía insurgente que se enfrenta a las clases bajas que buscan salida laboral en las fuerzas represoras del sistema: ahí una punta. Pero además, de nuevo: Yuta puta. Y más: la policía y sus contradicciones. Y la policía en la sociedad: al servicio de la comunidad, insisten. Es una institución que se autorrepresenta y busca legitimarse: sus museos, sus editoriales, sus revistas, sus poetas. La policía y sus aspiraciones: ciencia, literatura y represión de la tangente de la ley parecen ser banderas que enarbolan. La policía como un modo de mirar la ciudad. Informantes, noticias, delito y ley destartalados en una misma institución. La policía como un otro –enemigo– que la literatura o el cine intentan representar: un caudal de historias.

Algunas funciones explícitas y supuestas de lo policial nos interpelan. Además de la acción concreta de la policía en las calles, en las cárceles, en los juzgados… La investigación, la sospecha y la vigilancia como problemas que exceden la institución. Teoría y procedimiento que no tienen que ver con la representación estricta de la policía. E incluso, en este orden: sospecha, vigilancia, paranoia e investigación. Como problemas concretos, acción y teoría literaria. Hermenéutica de la sospecha y policías científicos, exégetas bíblicos y detectives literarios, astrofísicos y cazadores: la sospecha es el motor de la búsqueda constante de sentido y la interpretación que viene luego de la constatación de que hay un enigma. Una ontología más que un método, una práctica constante e ineludible en el mundo de los signos sociales. La tarea es sospechar que en todos lados se entretejen sentidos, a veces ocultos, otras veces tan evidentes que se terminan escapando, pero que siempre requieren ser interpretados. Y es lo que intentamos hacer también ahora.

A partir de estas pistas, el número se organizó en las secciones de Averiguación de antecedentes, La Fuerza, El móvil y Declaraciones: todas ellas indagan distintas modalidades de la representación de lo policial, como problema, como institución, como sombra que recorre la ciudad, como una voz que se autolegitima en sus propias expresiones culturales, como un espacio-otro al que ingresar, sobre el que cantar, negociar o distinguir. Algunos textos se preguntan, también, por el funcionamiento de la producción cultural y represiva de la fuerza policial.

Averiguación de antecedentes propone un recorrido fotográfico por el Museo de la Policía Federal de la Ciudad de Buenos Aires y se interna en la experiencia de una investigadora en los archivos de la Policía.

La fuerza se divide en dos. Modus operandi indaga en una serie de hechos que van desde la publicación de las Memorias de un vigilante y la Galería de ladrones de Fray Mocho hasta el uso de los más famosos policías de la literatura con el fin de instruir a los investigadores locales, pasando por un comisario anarquista y otro que recorre los prostíbulos de la ciudad, hasta llegar a la confrontación más directa con el orden: el atentado contra Ramón Falcón a manos de Simón Radowitkzy en 1909. Allanamientos rastrea las incursiones de la policía en el terreno cultural –poesía escrita por policías– y lee algunas representaciones que en el teatro, la historieta, la literatura y el rock se hacen de “la fuerza” y de algunos modos policíacos: vigilancia y persecución.

El móvil propone un camino por las encrucijadas de la ficción literaria. Desde la mirada paranoica como sostén de la sospecha hasta la concisa enumeración de las características del género policial en estas latitudes. Repasa el inicio del relato policial en la Argentina, sus vertientes, posibilidades, y el vínculo narrado entre policía y género, policía y ciudad, policía e investigación, policía y enigma.

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