
Jardín de las delicias. El eco
Por Violeta Percia
“ese temblor, esa caída: a arrastrarse, a gruñir & balbucir: también sentí miedo, más de una vez, de quedar así, de cavarme una cueva en la tierra, todo ganado & todo perdido: la identidad & la lengua policiada, & el cuerpo, o el cuerpo como innumerables elementos ya mezclados a la tierra & las ramas & piedras & árboles, pero de a poco refinando una comunicación con los elementos & con entidades, con una potencia y una fuerza primitiva, atroz!
oh mono atroz, madariaga!
cavernícola bruce lee haciendo un bruto tai chi & espantando a tai chi-viejas!”
XU
I. Días de espera
Un día de sol hablo con DiP en la puerta mientras esperamos a C.F. y a Papo:
¿qué es el crimen?, ¿qué es la cárcel?, ¿hasta cuánto soportamos? ¿Qué es la detención?, si ¿es que tendrían que existir lugares como ésta cárcel?, un edificado ¿así, como Devo?, ¿qué es estar privado de libertad?, ¿ahí?
Me pregunta por el delito. “Hasta” qué tipo de crimen aceptarías en tu marcha.
Él sabe mucho de eso, de discutir, de pensar.
DiP dice que la causa es el deseo. Deseo de poder, de propiedades, de zapatillas, DINERO. De AUTOS, de propiedades.
Yo pienso que es maniqueo, y que exime a la voluntad de todo; plantear el bien y el mal en el sentido del primitivismo del hombre, de una naturaleza instintivamente y por naturaleza mala y violenta que haría cualquier cosa para satisfacer sus deseos. Conseguir cualquier cosa a cualquier precio; conseguir cualquier cosa a causa del dinero; idea del primitismo discursivo que incluye que: “el hombre tiene un instinto animal que está inhibido gracias a la cultura, pero cuyo impulso vital es la satisfacción del deseo”. Mal entendido, ‘Estado de naturaleza’. Yo creo más bien, que el deseo está inhibido, le digo, pero ya inhibido completamente, por la idea de miedo en la necesidad y en el vínculo (idea de miedo unida a la de necesidad; y a la de colonia). ¿Y es ése el problema?: el hombre teniendo miedo aquí al hombre. El hombre recordando la violencia y la fuerza, el terror y la muerte, siendo ejercida y en manos de otro hombre. Hacia sus amigos, hacia sus padres, sus hermanos; es el hombre teniendo miedo a la muerte, al tiempo, y a sí mismo.
Sin lengua,
el es la inhibición.
II. Le escribo a Jena-Luc y me escribe:
¿Estás en Bs. As.?
Tenemos nuevamente internet en casa.V,
Wow.
Leí todo de un tirón.
En términos generales (me disculpo por la expresión) es conmovedor (para bien y para mal, aunque suene cursi).
En particular: verdad es que me complicó la primer parte (la del espacio) y supongo que sabrás por qué (en todo caso, si querés, lo hablamos más detenidamente –no es una broma- luego).
Creo que el punto está en que te ves cara a cara con intensidades demasiado concretas (¿frías?) es decir, es del todo comprensible… pero me parece que no habría que olvidar que también se tratan de intensidades codificadas… en otras palabras (y como vos misma expresaste en las charlas) hay distanciamiento (pero regreso luego sobre esto).
El resto es maravilloso en su inevitable desajuste
(a mí me encanta indagar las fuentes de literatura real, no podría decir otra cosa).No sé si es un real delirio, pero me parece que sí podría ser de gran utilidad o al menos un ejercicio interesante. Es una posibilidad que creo encontrar en el mismo texto, en tu propia carta… ¿cómo entrar o sacar (traficar) palabras de ahí adentro? La carta bien puede ser ese vehículo, ese componente de paso o tráfico…
Pero vamos a un punto: no sé cual es el requerimiento formal. No sé si te reclaman un informe o qué. Pero si tenés tanta libertad –no es otra broma- en lo formal (o tal vez porque te pueda ser de utilidad ese trabajo) me tomo el atrevimiento de sugerirte que contemples la posibilidad de llevar todo esto a formato cartas.
Y de alguna manera me parece que se puede indagar ahí otro distanciamiento posible.Luego y más allá… no sé si algo de lo que escribí arriba es atendible y no pura pifia del todo impertinente…
Me dice la siguiente frase de Mailer:Tal vez todo lo que debería expresar es lo que escribo a continuación.
No se si sabés pero estoy investigando “superhéroes”, y al leer este trabajo llegó una frase de Norman Mailer que encontré en Un arte espectral y con la que estoy ahora trabajando:
“… si aceptamos estas suposiciones, entonces, la conciencia tenía que ser más intensa para el primitivo. Siempre era un protagonista. Su día era heroico y horrendo. Porque ¿qué significa ser un héroe? Exige que estés preparado para tratar con fuerzas más grande que tú mismo. Aterrado y heroico, no es de asombrarse que el lapso de vida del hombre primitivo fuera más corto que el nuestro.”Seguimos
BesoLuc
III. No fue la ira del hombre, sí su impericia.
Un día a la tarde.
Un el espacio: Unidad de Módulos, pero el Pabellón 9.
Primer encuentro. Miércoles 10. Septiembre –llegamos a las 9 a la puerta de Devo, Unidad de Detención Nº2, no es un penal, es un panal de la asfixia, el encierro de lo que no se encierra porque es voluble, entramos 9:45 al Pabellón, 9, nos vamos a las 12hs– 2008, en Devo.
Primer día – Ocupación en el alto:
Jorge, el delegado del pabellón en la máquina, nos ayuda a ubicarnos: en el módulo en una mesa de ping-pong grande…………………, estamos en un espacio de 1,7 x 1,3 donde hay un pequeño taller de carpintería todo lo cual se divide, por una pequeña puerta plegadiza, de una modesta biblioteca llena de mesas y un pizarrón –a un lado–, y donde se ubican los de periodismo, todo esto en un altillo que da a la cocina comunitaria del pabellón. Nosotros, del otro lado, estamos en el cuartito estrecho, chico, de 1,7 x 1,3, hay una computadora en un rincón junto a la puerta corrediza que comunica hacia la biblioteca y la escalera que baja del altillo a la cocina. Hay otra pequeña puerta más interna que da a una especie de oficina, la oficina del delegado en jefe, según pienso. Hay más atrás un tablero con las herramientas de carpintería, muchas veces estará allí el señor carpintero pelado trabajando. Hay también una pequeña televisión, que pasa las películas del cable. Más atrás, casi atrás del tablero, una puerta de reja con candado que da a una escalera que comunica todo el módulo, por la que ocasionalmente vemos pisar a algún guardia y por la que escucharemos a una determinada hora en muchos de los encuentros un ruido tremendo de escombros que caen o pasan, en lo que parece que significa refacciones.
1. Segundo encuentro: Repetición. Día viernes 12 de septiembre, 9 am.
Todavía no empezamos, pese a que todo se da con prontitud no veo cómo sucede. Recambio. Nos sentamos en la misma mesa de ping-pong. Pero hay nuevos asistentes, Anton hoy falta, sólo uno de los que vino al primer encuentro, Daniel, son setenta visibles, somos ocho.
2. Antes. Espero en la esquina. Llueve un poco. Hay poca gente que vino a traer mercaderías a los de adentro. Entramos 9.15 am. No esperamos mucho. Nos vienen a buscar a la puerta. Nos llevan hacia el pabellón –yo siempre pienso en pabellón, SPF lo llama antes que nada módulo. En rigor hasta llegar al pabellón hay tres controles, puertas de rejas a un lado y a otro del corredor, un portero para cada puerta y una frontera intermedia en la que esperamos hasta que el paso se habilita, o nos habilitan el paso. Y luego la reja propiamente del 9, en el módulo 3, al que entramos. El control que menos soporto, aunque con el tiempo me acostumbre, es el de la segunda frontera, el que SPF hace –luego de pasar las tres primeras rejas que están en la primera fase, de lo que sería la entrada, y luego de unas escaleras cruzando un patio que llevan a una galería de casa antigua, internal, donde se abren por los laterales pasillos que conectan oficinas de oficiales de rango y vestuarios que se abren perimetralmente; se cruza por debajo de la frase de von Goethe, Si juzgamos a los hombres por lo que son, los haremos peores, en cambio si los juzgamos por lo que deben ser, los conduciremos allí donde deben ir; y, todo esto es antes de poder saber bien qué significa: en el control el Hambre. Se llega así a la segunda fase del embudo, allí varias veces me hacen dejar las llaves, y además, estos SPfes del segundo dominio se quedan la “contraseña”, una tarjeta de color naranja que obtenemos en la entrada a cambio del número ciudadano policial. Últimamente no dicen nada de las llaves. Y algunas veces mentí, digo que las dejé en el auto, igual que el celular y el número. No tengo auto. Pero sobre todo, las guardias que alternan en esta instancia, las dos puertas a los costados del escritorio; la cantidad de gente que hay ahí: dos para abrir las puertas, uno en el escritorio, otro más parado junto; el póster de Jesús.
Entramos. Al pasar este intermedio-frontera hacia tierra-pabellón, hay un largo, largo corredor donde habrán unas tres puertas de un lado que esconden quien sabe qué habitación de qué, qué camillas y biombos, y agujeros pequeños siempre enrejados que dan a patio; y del otro lado, paredes, más celestes, y en una, de las dos puertas de este lateral, el cartel de la ‘Requisa’: básicamente allí se alcanza a ver un cuarto de lo que imagino; azulejos con una mesa que parece una camilla de metal con millones de paquetes de tomates y bolsas de mercado, de compras, en el piso, en la mesa y en el piso fideos, yerba, harina, más cosas que no sé individuar, porque el paso es rápido y porque son siempre distintas: papas, perejil, carne, paquetes de huevos; los paquetes de origen en el piso, junto a los restos del traspaso de mercancías a bolsas transparentes. Disección. Extracto. Y luego, al final, tercera frontera, tercer instancia de control (en rigor es la quinta-sexta reja) donde termina el pasillo; coronado con una sirena roja que casi siempre vi prendida y una virgen en un altar y una tele de una pulgada blanco y negro que pasa el programa de la mañana al que regula desde el escritorio, que se planta como una directriz, de este solaz del registro fase tres. Más allá, por uno de los lados, el C.U.D. –al que se accede por una capilla con la forma de una roca en la pared, de una grieta-caverna, se trata de otro altar al que nunca alcanzo a ver de frente pues para eso hace falta ir al sector profundo, corazón de Devo; el C.U.D. y más rejas hacia pabellones, y nosotros doblamos por otro pasillo que huele a pan caliente, pero es un olor extraño que no es exactamente de pan. Todas las veces que hice este camino, y sucede que no hablo, no pienso cosas (los colores del lavado: mitades-blanco-paredes manchadas-al piso-ventanas a altura casi del techo hueco-humedad-rejas y alguna salida hacia patio interno-huecos en la pared-presos contra la pared: control de pasos), conozco el recorrido. No pienso en nada. Ocasionalmente saludamos, ocasionalmente bajamos la vista, en filas. En filas; no siempre en filas.
3. Entonces, un día nos hablan acerca de “adentro”: “aunque le parezca mentira nosotros a veces, hay días, que no nos vemos, aunque vivamos juntos, pasan días que ni nos vemos”.
Y alguien, a raíz de las ventanas (que es una de las palabras de una lista con la que especulamos). Dice: “alguna vez escuchamos ladrar perros pero no los oímos; alguna vez vemos una paloma cuando nos viene a visitar y se digna a venir del cielo. Vemos las copas de los árboles, pero no vemos el cielo”.
Otro día, cuando terminamos la reunión, William y el camarada se van pronto porque los vienen a buscar, les llegaron cosas de afuera, supongo que alguna bolsa a cuadros para ellos. Después escuché que Amaral le contaba a DiP, mi compañero, cómo son las visitas de rigor al médico de la cárcel: nos sacan, nos visitan, nos sacan a las 7. Hasta las 9 estamos en… (sitio que no escucho, inaudible) esperando. Para ir al médico forense: nos pregunta, ¿usás drogas?, –¿tu padre está loco?,
–¿tu madre es loca?,
–¿tenés alguna enfermedad, algún símbolo de crisis?, ¿alguna de las enfermedades, venéreas?, volvemos no sé a qué hora… nos tienen, nos hacen esperar, nos llevan, nos trasladan.
Hoy, después, a la salida, lo volví a ver a William, uno de los presos que viene al sesionar de la espiral en el escritural del conjuro, lo vi, llegar hasta allá, hasta el intermedio: la frontera beige donde esperamos con Jesús, y aparentemente hay un cuartito donde los presos entran para alguna especie del intercambio. Todo esto antes de su traslado a Chaco.
4. Desayunar en el hambre.
Otra mesa más cómoda que la de ping-pong.
Cuando llegamos traen sillas, cuadernos, banquetas, gafas, se acomodan, nos acomodamos. Éste es el rito.
5. En noviembre, al final de la charla. Subimos al segundo piso del módulo, donde está el pabellón con el número diez, porque Taller de periodismo –esto es, CF y DiP– va a dejarle un material a los que hacen la revista de laborterapia.
Veo una rata despierta. Destripada. Ya todos saben lo que es un pasillo interno, de esos, o no, poco importa, rejas y cuanto más arriba, más lejos. Me impresiona ese edificio que es Devo. Lo, siniestro. Se ven las ventanas internas de Devo, y de las que cuelgan medias y otras telas. Esa perspectiva me hace pensar en toda la gente que está allí, permanece, –que allí se habita–, y cuánto más arriba, más perdida en el módulo; sin saber cuándo, cuánto tiempo, ahí, nunca nadie sabe con certeza, acerca del tiempo, del permanecerá ahí, detenido. Siento en el pie como si hubiera pisado esa rata, viva. Y no puedo deshacerme de esa sensación hasta bastante después de haberme ido del pánico.
6. Un día esperamos cuarenta minutos y no podemos entrar porque están haciendo ‘movimientos’ en el módulo.
7. Horror por la raza
Antes. Desde la entrada, hacia la “Tierra violencia”
Tras la tierra de caudillos, violencia, el último día, antes del receso por fiestas, decidimos hacer un brindis. Imprimimos una publicación con algunos trabajos de cada uno y de varios, además nos entregan unos certificados. De Asistencia – simbólicos.
Del todo antes: La cola hacia el depósito; donde los afectos se convierten en depósitos, y depositantes; y están los que pueden y los que atraviesan la cola. Veo esta vez, como no había visto hasta ahora depositantes de mercaderías: la circulación del juego del nombre y el oficio. El disfraz, en lo más pobre, en lo más pobre; el disfraz imposible.
En la calle, mientras espero escucho: “Mami, esto no es un cabaret, así vestida no vengas; con esa pollerita corta, con esa re-merita, no se entra”, “Mami, esto a vos no te queda, así vestida no entrás, no vengas”, es un grito y es los gritos de la gloria que alquila ropa y vende bolsas de plástico, transparentes; para guardar la mercadería y otras cosas de, lo que se entra.
La circulación entre este afuera y adentro es una línea de espera que cada vez revisa-avisa reglas siempre reformuladas, nunca claras, nunca tan claras, nunca precisas, muchas veces inverosímiles: no se puede entrar, la mercadería en una bolsa tal de compras con cierre, entrar con camisa, o ropa negra, ni musculosa, ni tampoco en una bolsa de compras con el cierre roto. O comprar enfrente la bolsa que venden. Y un adentro de formas, que siempre reformula reglas nunca formuladas, nunca avisadas, nunca revisadas. La circulación está obstruida, se obstruye.
Todo lo que es el medio. Es nada.
La puerta de entrada de hierro a la unidad de detención no es ni naranja, ni beige, ni marrón, es un indeterminado que se imagina, repintado mil veces de sí y nunca reconocible, tal vez de un color cercano al filtro de la máquina.
Los trajes, los del SPF no son azules, ni grises, ni son celestes, ni lavanda. Tienen un cartel distintivo con la camisa, que no tiene nombre sino apellidos, en el rango: R. Rodriguez; A. Gimenez; R. Pérez; y Ariel Zorrilla.
Los uniformes de los presos que hacen trabajos en la unidad ni marrones, ni beige, mis uniformes son una camisa o un buzo y un pantalón azul, y unos zapatos.
¿Monocromático, según secciones, según lo que distinga, según lo que regule, lo que organice? Pero lo que distingue es en apariencia un indeterminado, nada, que se inserta ahí, necesariamente dentro de un conjunto; una generalidad; un bando; un Encierro.
Unos y otros son uniformes –anotrabajo, burocracias, distintivos de una división, de clase en la supervivencia, pero almas y colores en el caso.
Los pasillos, y esta es una idea que me acongoja y me aqueja, no son ni de un verdecito agua, ni aturquesados, imagino remiten menos al agua que a manchas alguna vez salidas, extraídas o brotadas, y lavo-baldeadas con productos por algún alma que hizo la fagina; luego de algún suceso oculto, silenciado por otra u varias almas. En esos ‘pasillos’ recuerdo haber visto cómo ‘requisaban’ a un chico de 20, rodeado por una cantidad grande de azules, SPfes rodeando al totalmente desnudo, a parte; con los pantalones en los tobillos, en el medio de uno de los pasillos centrales, en la arteria de la comunicación, para que todos los vasos se enteren. Totalmente desnudo, aturquesado, humillado, con la cabeza abajo, con un gesto corporal como si lo estuvieran tocando con algo, con en las partes donde el cuerpo duele; donde el cuerpo se pliega, miradas con qué poder metiéndose en los pliegues del cuerpo, acostumbradas a esa regla. Cuerpos con goce anulando un cuerpo anulado de toda acción, todo goce, ¿de todo deseo? Los SPfes, esa vez ni se inmutaron cuando pasamos por al lado. Tuvimos que pasar como si nada, siguiendo a nuestro guardia, el que nos lleva al 9 del módulo. Pasamos al lado y nadie pareció vernos, y el muchacho supongo, no querría pensar que había un mundo testigo pasando alrededor de eso; un paso, pasaje, tránsito, que haría tal vez más del real el todo, la escena, ¿Qué significaría eso?, ¿trasladaríamos?, ¿haríamos testigos a más gente con el tráfico?, ¿o simplemente traficamos?, ¿Qué es lo que me quiso decir Jena?, ¿no es lo que me sugiere Luc? ¿Haría más real la vejación, tal vez, o diferente? Haría más real, tal vez.
Recuerdo también en uno de esos módulos, este no tan céntrico, sino en el camino al pabellón 10, ya en el ‘3’, al que vamos siempre; allí vi una rata. Muerta; con las tripas afuera, el rosa del abdomen contrastaba con el negro-gris del lomo.
Todas esas imágenes perduran en mi cuerpo. Igual que los olores, que algunos gestos.
Violencia penal, cárcel. De pronto en el pabellón vuelven algunos ‘tonos’: de los que están encerrados, deprimidos; no remiten el exacto del color; vivos, del no tienen gran campo; más bien formas, sillas de plástico, objetos sin definición en algún uso, y piyamas del hospicio, de la desfuerza, de la destierra, la callada desesperación, desesperanza; en cada pabellón pese a que los privados varias veces dicen cosas como, “aunque vivimos todos acá: somos setenta; y no hay adónde irse; y muchas veces no nos vemos”, parecería poder decirse allí de cualquiera siempre, <sé dónde se escondió, dónde se ocupa, dónde se esconde>. Dónde está, donde no puede dejar de estar, donde lo asignamos.
IV. El taller.
¿Qué es la literatur?
1. William Willson de E. A. Poe:
¿Para quién o a quién se escribe? ¿Quién es el que lee, ¿el efecto?, –el que remite al texto?, ¿quién escucha?, ¿el tercero a quién le habla el yo? Un yo que habla implicado o desdoblado, multiplicado, ¿o el yo y su conciencia?
Entrada 3:
Anton dice: Es una buena pregunta, ¿se puede escribir sobre lo que no se conoce?
L.F., remitiéndose a algo que yo dije, dice: “Me interesa lo que dice, que cuando uno mismo lee lo que escribe ya no es quien escribió”.
Entrada 4:
La mirada: el punto de vista, la voz de quien narra, del narrante.
Elegimos contar unas cosas y otras no (dice Alejandra que vino con nosotros esta entrada, luego de una lectura de textos que algunos de los presentes escribieron).
El camarada dijo: “Si no hablamos, si no dialogamos no somos nada, no existimos”.
Entrada 5:
La risa de Felisberto Hernández acera de las pequeñas obsesiones y supersticiones cotidianas: en “Historia de un cigarrillo”:
Daniel dice: ¡Muy bueno…! Nos pasan muchas de estas cosas.
Entrada 7:
Miguel dice: “Te pueden quitar la movilidad, la posibilidad de moverte libremente, pero tenemos pensamiento, libertad de pensamiento, libertad de expresión”.
2. Luego de la lectura propongo escribir un diálogo o una conversación entre un personaje y su doble o su conciencia, su lengua y la de los otros, el idioma. O, también propongo escribir acerca de las supersticiones.
Anton escribe el siguiente texto –que más tarde continuará en el relato hacia atrás novelado de un crimen, lo narrado a continuación y en el que sigue trabajando(1) (Daniel escribe sobre la superstición y la voluntad, un diálogo): durante la lectura de Anton todos se emocionan, veo eso en las caras, a mí se me eriza la piel; en el momento, no comparto ese llanto contenido, pero si la impresión del diálogo.
3. Pasa la semana sin vernos. Otra ‘clase’, ‘otras actividades’. Y luego, comentarios-lecturas de textos que escribieron a partir de lo hablado la vez antes, que ahora no detallo. El texto que llevo hoy de Macedonio, si bien es un poco complejo, es un texto que yo había leído(2) y asocié inmediatamente a cosas que se dijeron y se vienen diciendo en cada encuentro (se origina la asociación en mí en y a partir de frases o palabras como éstas: el amor es como una plantita que hay que regarla, no sé cómo, o a raíz de qué, es que Anton o el camarada R dicen semejante cosa; y otra en un texto del camarada que concluye: ¿pero, es que la nada existe?, el camarada tiene la edad de la guerra civil más unos diecisiete o veinte años).
“Alguien nos dice, El amor es algo así como construir un edificio, hay que cimentarlo y desde sus cimientos, ladrillo por ladrillo, con los mejores materiales y poniendo lo mejor de uno, logramos un edificio sólido y bien construido. O nos dicen: –¡No! El amor es tal y cual, una ‘plantita’, que hay que regarla todos los días y cuidarla con esmero, porque si no se seca, se pone mustia y se agosta. (…) Entonces yo pregunto (yo, Miguel), ¿no nos estaremos equivocando en el ‘concepto’ del ladrillo o de la regación vegetal?”
4. Otro día. La reunión pasada les dejé una listas de frases en una de palabras para que escribieran todo lo que viniera a la mente, pequeños textos, o micro relatos, es decir micro visiones o micro-lúdicas de masa lingual, o simplemente sensaciones o pensamientos sueltos.
Vestimenta/ vestidos:
“a las mujeres les encanta.”, L.F; “Ocultan el cuerpo y protegen del frío y el clima, pero son la apariencia por las que nos juzgan bien o mal a la vista los otros”,William; “Sirven para tapar las vergüenzas, pero hay algunos que las pierden y se acaloran”, <hay desvergonzados, desfachatados-payasos-se creen que están en un circo>, aclara y oscurece el camarada, frente a lo cual despierta polémica y lo tildan de prejuicioso.
No recuerdo si es a raíz de ventana, pero el camarada también escribe: “Los ajusticiados cumplen su pena y recobran la libertad, ¿pero los custodios en qué momento moran?”.
Anhelar la libertad. ¿Custodio se es para siempre? Custodios hay muchos –pienso.
7. Leemos los textos que quedaron. Son tres, buenos, muy distinto el punto en que posa la mirada cada uno; lo que cuenta en la mirada; la sutileza de la descripción, y así de lo descrito; la impresión de la imagen. Son textos tímidos y mezquinos porque son los primeros; y porque se dan en la forma.
Cómo hablar de ciertas cosas sin nombrarlas directamente y el efecto que provoca.
8. Anton toma la hoja y lee. Primero lee el camarada. El resto dice que no pudo escribir, se disculpan. Digo que no tiene importancia. Empezamos.
L.F. me dice que no tuvo ganas de escribir; que está desganado, bajoneado, que se siente ansioso y que tiene muchas cosas en la cabeza. Entonces me mira y me dice, me falta un año, poco.
9. Lectura:
Esperaba que alguien eligiera la posibilidad de hablar sobre alguna superstición o pequeña obsesión de la vida cotidiana, donde los objetos cobran un lugar privilegiado rigiendo el actuar, propuesta que seguía y emulaba un texto de Felisberto. Y no, la propuesta uno, un diálogo entre un personaje y su doble (tomando como referencia el cuento de EAP). Ricardo y Antonio la uno, Daniel la dos, una creencia personal sobre los colores que hay que vestir según los días. Texto muy bueno del cual no tengo a mano la carta.
Esta actividad nos lleva la mitad del sueño (apreciaciones personales, textos fragmentarios).
Pienso que pueden escucharse, a pesar de que por momentos hay mucho ruido. Esto es una instancia importante. No opinan para discutir, ni para querer ‘corregir’, ‘acotar’, censurar algo. Opinan sólo para decir, ‘muy bueno’, o aplaudir, o cosas como muy preciso, muy bien la descripción, muy ajustado cómo lo dice, cómo lo describe, lo que cuenta no estoy de acuerdo, dijiste como aquel algo que no me parece. Es decir, algo de la identificación, de la influencia.
No sé muy bien qué decir. En términos narrativos, no hay mucho que agregar, los textos tienen una autonomía formidable y no piden objeciones. Acoto alguna cosa puntual sobre algún pasaje en especial que me gustó o me impresiona, o me emocionó o me emociona. No sé si eso les molesta o les parecen comentarios idiotas, es decir, si esperarían algún comentario más ‘especializado’ de mi parte, pero la verdad es que no hay cosas señalables en términos formales de la escritura. Por eso acoto alguna cuestión del carácter del narrador, o de lo narrado, de las cosas que escuché en cuanto a lo dicho.
10. Roberto Arlt. De lo escrito.
Comento un poco sobre el estilo de Arlt, su trabajo en la columna diaria que escribía para el diario El mundo, los temas que toca, el carácter de los ‘tipos’ sociales que retrata, la idea del aguafuerte… etc.
Leo el aguafuerte “El origen del léxico popular”. Bromean con que traje el texto sobre la fiaca para los que no escriben en la semana. Anton pregunta: ¿es lo mismo la fiaca que la ciclotimia?
Hablamos sobre la voluntad, las ‘ganas’… Las enfermedades. Las enfermedades más psicológicas que reales. Se dicen varios términos similares en el argot de España, de Italia, ‘modorra’… Fiaca en Uruguay se usa para decir que tenés hambre. Hablamos de esto, de recuerdos, de cosas que vienen a la mente, o a la memoria, etc.
Propongo para la próxima, si tienen ganas de escribir, sí tenemos dicen, que escribamos sobre el origen y uso de alguna palabra de nuestro argot, o “lunfardo” o sobre un ‘prototipo’, un retrato o algo retratable, contemplando la posibilidad del observador vagante, retratista, me interesa que les resalte la idea de ‘tipo’–y topos–, que especialmente con eso se trabaje: ‘el que siempre cae bien’, dice uno en el grupo; cuestiones de ‘piel’, se reformula; el ‘petitero’, y otros, dice L.F; el chanta, digo yo. Como dice Luc, no aprendo del todo las cosas que pienso.
Nos despedimos. Comentan, ‘se me pasó muy rápido’, sí, nos despejó el día.
11. Leemos los textos de la vez pasada. El camarada no está porque tuvo que ir a comparendo.
Llevo micro relatos. De distintos autores, y no autores, fábulas. Quiero que vean esta forma súper breve de escritura en la que en dos, tres líneas, se cuenta una historia. Creo que están un poco desconcentrados, desconcertados. Les interesan, les gustan los textos que llevo, celebran el ingenio, y también las historias, el modo en que se narra y el modo en que se ríe o enseñan ciertas cosas, experienciables, de lo próximo. Pero parece, pienso ahora, que hay algo más inmediato para todos, algo que preocupa o sucede que no se encuentra en éstos textos.
Al final de la reunión hablamos sobre los intereses. Me dice Anton que debe ser difícil para mí imaginar actividades que les gusten a ellos, las preocupaciones de la tercera y cuarta edad, bromea. Propongo entonces escribir para la próxima un texto que hable de eso, de la tercera y cuarta edad, bromeo. De las experiencias de la tercera y cuarta edad, queda dicho.
Copio el texto de Daniel:
Los abuelos de la nada
Es importante llegar a los cincuenta y cinco años con buena salud, veo a la mayoría de las personas, que se ocupan de sus nietos, en llevarlos al colegio o jardín. Son la mayoría de los casos una gran ayuda, para los jóvenes matrimonios, porque los abuelos disfrutan de los nietos, las hijas o hijos pueden ir a trabajar en algunos casos sin contratar nanas.
También ayudaría más a las mujeres que en su mayoría antes eran esclavas de sus casas y maridos, e hijos varones que hoy en día nunca terminan de destetar, las mujeres son más independientes, en cambio los varones son más mameros. Cuando uno pasa los cincuenta piensa que ésta es una nueva etapa y el ritmo es más lento, uno trata obviamente, pero no puede. Recuerdo la rapidez que tenía a los veinte, iba al baile y del baile al trabajo como si nada fuera. Yo tengo muchas ganas de vivir cada vez más gracias a Dios. Por esos motivos trato de estar en estado movilizándome todo el tiempo posible, o ocupar el día al máximo con una actividad manual. Aquí veo que la mayoría se vive quejando de enfermedades a diario sicológicas en su mayoría. Mucho sedentarismo y poca actividad, mucha comida y cuantos remedios por doquier, será que cuando uno pasa los cincuenta empieza con las mañas y como estoy cansado dejo de escribir estos pensamientos.
Muguruza, Daniel, octubre, buenos aires, año 2008.
12. En el principio: resistencias
Escucho frases como “no se puede hablar con tantos contras”; “pasamos 14 a 16 horas por día discutiendo con estos gerontes”; o, “ya sé que no van a estar de acuerdo con lo que diga”. Y veo gestos de hartazgo anticipados a veces, cuando alguno en particular toma la palabra, o gestos de impaciencia, o miradas bajas buscando la complicidad en la desaprobación de algo dicho por alguien.
Anton se enoja un poco con Rubén porque habla mucho de sí mi mismo y de su historia (que estuvo preso en España, que estuvo preso en Montevideo, que le enseñó a su hermano lo malo que era delinquir y lo salvó de ese camino, etc.). No quiere saber nada con la posibilidad de que los encuentros se conviertan en una discusión por la serie. Lo manifiesta un poco, otro poco lo veo en su cara. Daniel también se pone un poco molesto. Marcelo Curri, “comprensivo”, bromea con que Rubén está preso por charlatán.
Manuel Roveda vuelve a insistir con que debo encontrar textos que los atrapen y los motiven a todos, y agrega que me va a ser difícil.
Retomo el hilo y digo que dada la duración de nuestros encuentros habrá tiempo como para que armemos un cronograma de lecturas en el que podamos incluir los intereses de todos, y que será necesario también un poco de tolerancia.
Me preocupa un poco la continuidad, ya que algunos quieren hacer otros talleres (movimiento); o hacen el de pintura como labor alternativa (los viernes); y también porque en varios sentidos, no creo que pueda encontrar textos que les interesen.
13. Deserciones. Rubén, en los momentos que ve que no puede hablar de su experiencia personal se levanta y se ausenta, me dice que va al baño. A partir de allí va y vuelve. Marcelo Curri, también se levanta y se va hasta el final de todo. Cuando lo veo, me dice que estuvo todo ese tiempo en el taller de periodismo, que va a ver un poco de qué se trata y que se queda allá.
Los próximos encuentros pregunto por qué no volvió a venir Rubén, si saben algo de él y me dicen que Rubén está mal porque tienen que rever su pena, ver al Abogado. Tal vez salga pronto, eso es bueno; no sé qué, nos sé qué, y no quiere, “está re bajoneado, está loco…”, dicen.
14. Otro día, más adelante. Se acomodan casi sin espera. Algunos manifiestan un estado engripados, un poco enfermos: es un estado de permanencia. Es L.F, y otros en el piso, y parece que se contagió Anton.
Ésta será un poco la excusa que pone, Anton, para la lectura. Por eso al principio le da su hoja a Dani para que lea por él, pero Daniel por partes no entiende la letra y además no es la voz de Anton. Entonces, Anton toma el papel y lee. Primero lee también el camarada. Los otros dicen que no pudieron escribir, se disculpan. Digo que no tienen que disculparse. Empezamos.
15. LPP
En la reunión del LPP leo una bitácora. Me comentan acerca de los contenidos del curso, no de la escritura, no de la experiencia. Me dicen que doy cosas muy difíciles, que Pessoa es muy difícil, y creo que con ello viene la idea de que toco temas harto ásperos. Bien, reconozco que la palabra desasosiego suena fuerte, en el contexto, pero es Fernando o Ricardo, alguien hablando de eso, abriendo caminos en eso. El texto es un fragmento, es prosa, ¿no es poesía? Pienso, ¿es que no hay que tocar qué temas?, ¿si es que hay temas que están tocados y podrían eludirse? No saco los temas, los escucho hablar a ellos y trato de retomar el hilo cuando veo malestar porque alguna cuestión se extiende o rebasa lo que nos convoca, la literatura, lo literal-lo literario. Siempre hay textos y actividades mejores. Me interesan estas preguntas. Lo alto y lo bajo, los prejuicios, subestimar, no subestimar, ser paternal-paternalista, opreso, no ser, en-contra, encontrar, ser ciudadano, empédocles, el exilio y enfrentar límites.
Un día discutimos con Papo y Alejandra, los “coordinadotes pedagógicos”, y más precisamente los que mantienen el puente formal con las sistémicas de la cúpula. Acerca de alguna idea de la subjetividad en el encierro y de expectativas de futuro.
Me quedo con palabras y me pregunto cuando vuelvo, si los presos son sujetos; qué significa esa palabra, subjet, estar sujetos, ser sujetos de algo; si sujetos a un espacio-tiempo designado-designable, asignado inextricable, imposible de franquear, duro, si alguien me dejara ahí adentro cuerpo e individuo, cuerpos cosificados por el mapa, organizados bajo la imprecación del número, del expediente, culpables pero entumecidos por escasa escasísima movilidad del hélice, setenta hombres viviendo juntos, personas amenazadas por la inspección, por la culpa. Discutiendo día y noche sobre nada, en nada, con nada. ¿Un sujeto puede andar libre por la calle, debería poder incluso por el barrio y por la avenida? ¿Acaso eso le pasa a un sujeto entre objetos? Personas, libertades, movimientos libres. O Sujetos cosificados por las diversas entidades, autoridades, de la entidad especialistas, jueces, psicólogos, médicos, curas, institucionales.
Sujetos de derecho, dice Papo, y eso hay que refrendarlo, desde afuera hacia adentro y desde adentro hacia fuera, por un Estado que lo refrende. Un estado de libertad. Porque la circulación controlada por los caudillos se alimenta de la indistinción, de la indiferenciación, de las dicotomías maniqueas, y de la sujeción; de los sujetos cosificados en causas, prontuarios, y aislamientos.
El día de despedida antes del receso por las fiestas, cuando ya nos estamos yendo, saludamos a los guardias, Rodríguez, el jefe del módulo, dice que en Devo hay muchos ‘testaferros’, “caudillos”; y que cada uno pone reglas, pide una boleta, un papel, para dejar pasar ciertas cosas, y si lo piden hay que dárselo, hay que jugar ese juego, (queda implícito). En la tierra de Devo, se sabe, cualquiera que tenga más fuerza, que traicione a otro cawboy, que le tienda su trampa, o le proponga más ventajas a otros mercenarios para que se pasen a su bando, controla la circulación, se queda con los caminos, se queda con el tránsito, impone peajes, reglas, reestructura, controla el movimiento. En un lugar donde la lógica del control del tránsito y los flujos regula la vida, hace vivir y no deja.
V. Pabellón 9. El Módulo
Último encuentro antes del receso
Llegamos con un bolso de colores, colores vivos, del rojo, azul, verde, amarillo, que trajo Vale, con pandulces. Le cuento al taller que hay un brindis. Entonces se organizan en la organización, hay movimiento, eligen el espacio, disponen mesas y sillas y banquetas, buscan la guitarra, platos, traen vasos para cargar, cuchillos.
Apartados: En la llegada Anton me da unas hojas; son la continuación de un texto que viene escribiendo, Can Cervero, (o fantasías de un delincuente), es la crónica novelada hacia atrás de la detención detallada. Me pregunta si puede usar ‘Palabras fuertes’, dice que él no es de usar ‘malas palabras’, pero que allí –en lo que relata– se dijeron, cosas duras, irrepensables, que no las puede decir de otra forma; aunque irrepetibles en la entidad. Le digo que sí, que por mí no se oponga, que yo no le puedo decir que censure el texto; que yo no censuraría el texto, al menos no en esta etapa, que, ¿por qué hacerlo?, en todo caso si luego, de la lectura grupal surgen comentarios en ese sentido se puede rever luego. Le digo además que edulcorar el texto no tiene objeto; que a veces puede buscarse el efecto del impacto, de la violencia o el malestar en el lector como un modo de trasladar el malestar o la violencia narrada. Me dice, edulcorar, qué buena palabra. Hablamos de la entidad.
1. El brindis y la entrega de la entidad
El brindis es un momento emotivo, me emociona la disposición, el flujo. Las influencias. Visto comparativamente algo muy visible ha cambiado de aquellas primeras veces en que llegamos. Aunque a alguno de los que están reunidos no los conozco, porque van a periodismo, o porque son nuevos en el número, puedo verlos, no sólo yo puedo mirar, sino que ellos se presentan, se dejan ver, aparecen, sólo como un gesto de comunidad, que propiciamos. Me pasó eso ya hace dos miércoles atrás, cuando Di P pasó una película, El juego de arcival, en la planta baja de la cápsula, y yo compartí el final porque eran ya las 12:30, y ya habíamos terminado de nuestra parte la reunión.
El brindis, imagino una pulpería en la que no está el negro Cruz, o son todos el negro, Cruz y Fierro, al unísono. Anton canta unas canciones de amor que se sabe, o no sé si todas las compuso. También unos, en la voz, anteojos y pelado, y la compañía de la guitarra, otras gafas, unos tangos. No sé si es Batracius, o alguno de los que trabajan con CF y Di P, que ahora no me acuerdo. Interpretan. Está ahí, tienen, el Libro de Letras, sobre la mesa. En cada entrega del brindis, periodismo recibe y casi todos dicen palabras. Curri es el poeta. Todos hablan, Amaral, Pelota, Batracius, Palumbo, en general discursos de agradecimiento profundo y discursos de ese grupo. “Es muy importante para nosotros, y les agradecemos que vengan hasta acá y se preocupen”, dicen recurrentemente todos.
Cuando entrego los diplomas, al grupo de los cuatro, ellos no dicen sus palabras, las propias. Voy pensando a veces que la literatura deja más expuestos, tal vez, porque no se trata de comunicar, “siempre crear fue algo distinto de comunicar” –dijera Gálico-, los cadáveres comunican, dice la criminalística; y los literatos, presos, mucho que menos son tontos, no quieren ser cadáver. Y la unidad penal es el círculo de la regulación, de la confitura, la comunicación ‘sucia’ –mediatizada– entre vasos. En los tubos.
Ése es el riesgo frente a los custodios, lengua policiada, que conviertan una frase, una palabra, un cuerpo en un suplicio: comunicante; el loquito, el ‘borracho’, el subversivo, el Izquierdo, el Muguruza, el blandito, El Cándido, etc… Me deja atónita esto, siempre sensible, esto, no quiero exponerlos, porque son ellos quienes quedan ahí, quienes se paran o deben agacharse. Me pregunto siempre si quedan expuestos y hasta qué punto con las cosas que hacemos en la cúpula, con los textos que les dejo. Una vez imaginé que los originales que escriben queman para ellos; una vez Anton me dijo que los había roto, destruido, y clases después llegó con las hojas y me las dio para que las pase a-máquina. La letra de la machine es menos comprometida, no es el puño de la letra. Esa copia se la quedaron todos, porque además ya no es un original, hay varias copias que el grupo guarda, salvaguarda. Y los originales los guarda Anton. Este miércoles cuando Anton me entrega la tercer entrega de aquél texto que dijo había destruido, le pregunto si quiere que destruyamos originales, que yo ya pasé, y me contesta que no, no hace falta, hace un gesto, y pienso ‘no es necesario, no hace falta.’.
Después unas palabras de Vale frente a las que me siento incómoda; algo así como: “va a venir una profesora de movimiento, a ver si la presencia femenina los engancha y motiva un poco más, y se ponen un poco las pilas con el taller de movimiento”.
Después el camarada, me agradece, en el brindis, es el último que recibe el diploma de acción literal, y dice: “Quiero agradecer a la profesora que a pesar de su juventud nos soporta”, dice. Ahora pienso estas palabras en un sentido profundo, soportar.
<Qué hable unas palabras la profesora>, dice Anton después, después de las payadas.
¿Yo tengo que hablar?, pregunto, no escuché con nitidez real. <Bueno quiero decir una cosa, algo que discutimos en las clases>, digo, <discutimos y hablamos sobre muchos temas siempre>, continúo (¿pensamos?, ¿dialogamos?, al principio varias veces pensé que estaría bien grabar las conversaciones, eso antes de que se fueran William y Vera –trasladados a Marcos Paz y a Chaco–, y Rubén, cuando éramos varios). Y digo: “Alguien dijo en una vez, o lo soñé –bromeo porque se me vienen dos cosas a la cabeza, eso y lo que dijo Anton el otro día, y además porque muchas veces siento que no puedo decir nada cuando estoy ahí adentro, entonces retengo lo otro y digo esto– los presos algún día se van en libertad, pero ¿los custodios, cuándo descansan?”, digo y miro un poco al auditorio azorado, un poco inquietos tal vez algunos, tal vez algunos se inquietan con las palabras, custodios, libertad; tengo al grupo de los cuatro, los autores, de espaldas a mí en ese momento.
–Claro los guardias están presos también –escucho que dice alguien–. Entonces digo que “entiendo que es también metafórico, un custodio también puede ser alguien que juzga, que controla y no necesariamente tiene uniforme o trabaja en la unidad carcelaria, o sí pero de un modo metafórico, no necesariamente exacto”.
Pero dudo, y no puedo hablar porque los tengo a todos muy pendientes, y no veo a los cuatro, que ya son ocho, quienes podrían corregirme, o no, entonces arremeto con la segunda idea que me surgió al principio, esa otra frase que alguien también dijo.
“Estar preso es estar inmovilizado, pueden quitarte la estancia de movilizarte pero no la de pensar, la palabra, el pensamiento”, explico que otro de los integrantes del lúpulo en otro encuentro, pensó y dijo lo ahora por mí dicho, y con lo que yo acuerdo, y brindo. El arte, el crear diálogo –la posibilidad de pensar y desplazarse.
Papo, fiel a su curso, dice que está contento porque para él lo más importante es que ellos consiguen un espacio donde conocerse, hablar y discutir de cosas que en lo cotidiano no tienen lugar. Generan lazos importantes. Venimos acá para defender la idea de Sujetos de Derecho, dice Papo.
Cuando nos estamos por ir me junto con el grupo, ellos cuatro y yo, somos cinco. Les digo que ellos no comentaron nada del trabajo durante la entrega de elipsis, que yo espero que lo hayan disfrutado y que les haya servido. Entonces Anton me dice: “Para que se dé una idea, al principio veníamos como un paliativo, para matar el tiempo. Ahora, se convirtió en una necesidad escribir. Y los días que falta, porque no pudo entrar al penal, se nota su ausencia”.
Nos despedimos y acordamos continuar trabajando con poesía.
29 de enero de 2009, 21:11, Di P me escribe: asunto, “Documentación”. Enviado (2 días antes).
Hola, V. Releí los textos de la cúpula con detenimiento. Con la atención que se merece, digamos.
Es muy claro. Y las palabras fluyen como una catarata, a pesar del encierro. Sí, se me viene a la mente la imagen de un torrente que embiste contra un dique.
Cada oración genera varias imágenes. Cada párrafo abre un montón de preguntas. Siento que lo que tienen los escritos es, lisa y llanamente, potencia.
La verdad, me gustó leerlos. Además, fueron muy precisos en la distinción/ descripción /abordaje del control, el desarrollo del curso y la tercera parte de tu documentación narrativa.
Lo único que señalaría es que noto que desconfiás de vos misma en algunos pasajes o pecás de humildad. La apuesta fue muy valiente, y así lo entendieron quienes participaron del curso.
Del mismo modo que vos no subestimás a otros deberías dejar de subestimarte a vos misma. Para que te des una idea, yo desconocía la manera en que encarabas las charlas y me fascinó lo que contaste y cómo lo contaste.
Si yo estuviera preso, estaría ansioso por escuchar las palabras que llevás para los textos. Necesitaron de voz para escribir: fuiste el espejo que les devolvió el gustito por saborear el lenguaje, me parece.
Bah, esa es mi sensación al leer los textos.
¡Te felicito!
No sé qué parte vas a sacar para reducir la extensión. Y bueh, veremos.
Besos.
(El más, vertiente.)
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1 Can Cervero
(O, fantasías de un delincuente)
A.: ¡Miguel… Miguel!
M.: ¿Qué, Andrés?
A.: Estamos viajando, ¿hacia dónde?
M.: No lo sé.
A.: Parece un camino sinuoso y lleno de baches, estoy incómodo, ¿y vos?
M.: No tengo ganas de hablar, estoy pensando, y además tengo frío, no veo nada, ¿y vos?
A.: Tampoco, y hace tanto frío. ¡Qué silencio!
Miguel, nos detenemos, ¿y ahora?
M.: No sé, no oigo nada.
A.: Percibo silencio, soledad, angustia, temor, y vos Miguel, ¿qué sentís?
M.: Aún no lo puedo definir, imagino que debo estar algo bloqueado. Pero sí, veo la oscuridad total, y en derredor mío puedo palpar a tientas las paredes frías y húmedas, y esto me produce aún más frío.
A.: ¿Tenés miedo?
M.: ¿Miedo? No sé, no, miedo a la soledad, a la oscuridad, al dolor, o a la tortura, sí, quizá miedo a que me traicionen mis pensamientos, miedo a flaquear…
A.: Los hombros no los siento, Miguel, el dolor es tan intenso que no podría describirlo, las manos las tengo dormidas, y el hedor maloliente que surge de este lugar es irrespirable, llevamos horas en esta posición, no sé cómo ponerme, parece que se van a desprender los hombros. Hace tiempo que no escucho ruidos, hay un silencio total, sólo roto por el drip-drop de alguna gotera.
M.: Por favor, tranquilizate Andrés, no te desesperes y respira hondo, aún la cosa no ha empezado.
2 Cuando saco el texto anticipo unas cosas respecto de la historia, narro un poco los sucesos primordiales, y los nudos que me interesa destacar. Luego de leer el texto y al terminar la jornada pregunto, y digo que pensaba que tal vez el texto les iba a resultar difícil y pesado y largo, pero que he decido correr el riesgo de llevarlo porque creo que es bueno para pensar algunas cuestiones formales: separación en fragmentos diferenciados con subtítulos, pequeños capítulos, de la acción: momento primero, etc. Después, que me parece un ejemplo interesante de lo que puede ser una literatura que se arma por fragmentos. Y de disertación filosófica en la literatura. Señalo que siento que es algo que le gusta al grupo.